Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
*Más que un candidato, un proyecto
Para documentar el pesimismo ciudadano (como si faltaran documentos al respecto), basta revisar los temas principales de la agenda pública preelectoral en las últimas semanas, sin orden ni jerarquía: uno, la amenaza proactiva del cetegismo beligerante (aún con respaldo de una parte del movimiento normalista), de impedir el proceso electoral de 2015; dos, la renuncia a sus aspiraciones como candidato del PRD a la gubernatura del senador Armando Ríos Piter, especialmente las razones y motivos esgrimidos por él; tres, la reaparición pública del gobernador con licencia Ángel Aguirre Rivero y sus encuentros fotográficos con los licenciados de la Alcaldía de Acapulco, Luis Walton, y del Senado, Sofío Ramírez, entre otros notables líderes de la izquierda guerrerense; y cuatro, la negociación hermética y callada de los aspirantes a la candidatura priista a la gubernatura con la dirigencia nacional tricolor.
Cada uno, documentos propios y distintos para el pesimismo.
Porque ¿cómo sustentar confianza y respaldo, si el cetegismo reproduce y replica en su movimiento las prácticas y vicios de la cultura política que dice combatir? ¿Cómo, si se montan en la causa legítima de los padres y compañeros de los normalistas desaparecidos sólo para aprovechar la impunidad que les ofrece la coyuntura con agenda y objetivos particulares? ¿Cómo, si pretenden anular un derecho político inalienable, sin consultar ni considerar la opinión de la mayoría ciudadana?
Porque ¿cómo sustentar confianza y respaldo, si la renuncia de Ríos Piter confirma el deterioro ideológico y la descomposición ética del principal partido político de la izquierda mexicana? ¿Cómo, si el senador decide inconformarse hasta que el PRD le cerró la puerta a sus aspiraciones, a pesar de que las razones y motivos que esgrimió eran evidentes desde hace tiempo?
Porque ¿cómo sustentar confianza y respaldo, si con su reaparición el gobernador con licencia desacata una de las mejores costumbres de la buena política mexicana, la que obliga sana distancia y prudente silencio a ex presidentes y ex gobernadores, al menos durante las administraciones de sus sucesores, principalmente durante una tan compleja y grave como la del gobernador interino Rogelio Ortega?
Porque ¿cómo sustentar confianza y respaldo si el hermetismo callado de la negociación priista confirma la prevalencia y vitalidad del PRI que todos conocíamos?
Todos, documentos propios pero similares para el pesimismo.
Porque ¿cómo sustentar confianza y respaldo, si con sus dichos y acciones parecen más preocupados y ocupados en sus aspiraciones personales y de grupo, y muchos menos en proponer y argumentar ideas y proyectos para resolver la inédita crisis que vivimos todos los guerrerenses, y redimir y dignificar a los políticos y la política? ¿Cómo, si ninguno parece interesado en coadyuvar y acompañar, sin abandonar crítica ni vigilancia, los esfuerzos del gobierno interino?
En palabras llanas, si están viendo semejante procesión, ¿por qué ninguno parece decidido a hincarse?
Por lo pronto, por todo lo anterior, me quedo con lo dicho por el diputado priista Héctor Astudillo: “Más que un candidato, Guerrero necesita un proyecto para la paz y el trabajo”.




