Hacen un homenaje al escritor y periodista Federico Campbell a un año de su muerte
*Margo Glantz, Juan Villoro y el neurocientífico Ranulfo Romo recuerdan al autor de Tijuanenses y Transpeninsular, entre otras obras, en Bellas Artes
Lourdes Zambrano / Agencia Reforma
Ciudad de México
Federico Campbell partió hace un año, el 15 de febrero, pero su legado, generosidad, sabiduría y personalidad congregó ayer a amigos y seguidores quienes lo celebraron en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
El periodista, ensayista y escritor falleció a los 72 años.
En un video con imágenes y entrevistas con Campbell, el cual se transmitió al inicio del homenaje, se escuchó de su propia voz su idolatría por Jean Paul Sartre, así como su agradecimiento y reconocimiento a Julio Scherer, y su relación con la fronteriza Tijuana, ciudad donde nació.
Margo Glantz, una de las oradoras invitadas, leyó fragmentos de algunos de sus libros, como Clave Morse, una especie de autobiografía.
Ranulfo Romo, neurocientífico, dijo a su vez que lo unió a Campbell la curiosidad y afinidad que sentía el escritor por la ciencia, específicamente la relacionada con el cerebro.
Llegó a tal nivel su interés, que el propio Romo le hizo una entrevista a Campbell, a quien se refirió también como neurocientífico.
Juan Villoro destacó cómo la investigación de la memoria fue vital para Campbell.
“Federico, gran aficionado de la novela negra, consideraba a Ranulfo Romo un investigador privado del cerebro”, comentó.
El también cronista recordó cómo Campbell le ayudó a él y a otros jóvenes escritores a ser publicados.
Federico Campbell se debatió entre el periodismo y la literatura: Elmer Mendoza
El narrador Elmer Mendoza, considerado “hijo literario” por el propio Federico Campbell lo recuerda así: “El literato tijuanense desarrolla la literatura autobiográfica muy bien, era como el autor más notable en ese terreno y creo que fue un hombre que contó muchísimas cosas que tienen que ver con el norte, sobre todo ese norte brillante, ese norte de espejismos que es el desierto de Sonora, de Baja California, los alrededores de Tijuana y también la recuperación de Tijuana como un ente literario. Me parece muy interesante en su obra”.
El escritor sinaloense recomienda La clave morse (Alfaguara, 2001), de Campbell, y argumenta que le gusta muchísimo, y sobre Tijuanenses (Joaquín Mortiz, 1989) expresa “que es lo primigenio de todos los textos que tiene que ver con pandillas y los aspectos de la niñez, los brothers, son textos que siento como si yo hubiera sido el personaje, me gusta también mucho”.
Luego se refiere a Transpeninsular (Joaquín Mortiz, 2000, Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2000): “Siempre he pensado que en este libro el protagonista es Federico, aunque se lo pregunté y me dio una respuesta muy rara: que Transpeninsular era como un libro que le había venido de sus charlas con Rulfo, sobre todo por el personaje, por Fernando Jordán y que era un personaje que Rulfo también lo tenía en su cabeza”.
Para el propio Campbell, destaca Mendoza, Transpeninsular fue su libro menos autobiográfico “aunque reconoció que tradujo mucho su indecisión entre el periodismo y la literatura”. El personaje, sigue, es un periodista, un escritor de viajes que se debate entre la imaginación de la literatura y la información del periodismo.
En tanto, para Javier Aranda Luna, periodista cultural especializado en literatura, comentó que la importancia de Campbell radica en que “nos propuso nuevas formas para leer la frontera”, ya que en sus textos presentaba paisajes muy poco conocidos del norte de México, pero además “comenzó a poner algunos elementos que tienen que ver con el mundo criminal, concretamente con el narcotráfico”.
Opina con seguridad: “Si se quiere hacer una radiografía digamos de los orígenes del narco, de esa forma criminal, tendría uno que remitirse sobre todo a estos escritores, novelistas, cuentistas, que a partir de la observación directa, de la sensibilidad, de su capacidad crítica para atrapar atmósferas, situaciones, documentaron como muy pocos habían documentado, ese mundo que se nos vino encima.”
La escritora Carmen Boullosa recuerda así al creador de La invención del poder (Aguilar, 1995): “Un escritor generoso, es una perla difícil de encontrar y uno de ellos fue Federico Campbell quien, en 1977 fundó la editorial La Máquina de Escribir, la cual apoyó a muchos de los nóveles escritores de la época. Él descubrió y abrió la puerta a mi generación. De Juan Villoro, a Antonio del Toro, a Coral Bracho, a Fabio Morábito: fue nuestra primera casa editorial, con La Máquina de Escribir. Campbell también se posicionó como figura en Barcelona”. (Agencia Proceso / Ciudad de México).




