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Exponen en Nueva York retrospectiva de cineasta chicana discriminada

Jorge Ricardo / Agencia Reforma

 

Ciudad de México

 

Esta, su retrospectiva del 22 al 30 de junio en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), podría ser para la cineasta Lourdes Portillo (Chihuahua, 1944) un ajuste de cuentas con la historia. Podría ser, porque su familia se fue de México a Los Ángeles cuando ella tenía 13 años y comenzó a sentir ahí que no era nada, nadie. Dice: “Yo creía que ser mexicana era lo más grande, y aquí me dicen que era nada, ni yo ni mi mamá ni mis hermanos ni mi padre: nadie”.

En 1957 su padre, el administrador de un periódico, se fue de México cansado de la corrupción. Los 60 y 70 fueron décadas explosivas para el movimiento chicano, pero, incluso así, Portillo, disléxica, pobre, inmigrante, padeció la discriminación. “Yo me sumé al movimiento chicano, pero era muy cerrado, muy machista, tenías que haber nacido en Estados Unidos y ser hombre, y yo me di cuenta de que había otros latinos”.

Aprendió inglés viendo El Show de Mickey Mouse, y cuando tenía 21 años le ayudó a una amiga a hacer un video educativo. Entonces le ocurrió algo como una “rebelión” (el español de Lourdes Portillo pone a la par rebelión y revelación): “Yo siempre he sido muy rebelde y me preguntaba ‘¿qué puedo hacer para cambiar esto?’, y entonces me ocurrió como una rebelión: vi que el cine documental sería la manera de defenderme y de poder cambiar las cosas”.

Lourdes Portillo: La cineasta inquisitiva es el título de la retrospectiva en el MoMA. Con él se busca englobar películas como Después del terremoto (1979), un cortometraje sobre la vida de una mujer refugiada que huyó de la Nicaragua de Somoza; Las Madres: The Mothers of the Plaza de Mayo (1986), un documental sobre la resistencia de las madres de desaparecidos políticos en Argentina, y que le valió una nominación al Oscar, y Señorita extraviada (2001), considerada la primera denuncia sobre el asesinato en serie de mujeres en Ciudad Juárez.

“Creo que la curadora del MoMA lo llamó así porque me gusta buscar la verdad y mis películas tienen que ver con eso, pero no son simplemente eso, también tiene humor, tienen belleza artística”, dice vía telefónica desde San Francisco, California.

Antes de Señorita extraviada, que ella llama “El canario en la mina” por esa práctica en la que se introducía un ave en la tierra para comprobar si había gases mortales (y a veces no volvía), Lourdes Portillo tuvo un reencuentro, llamémosle así, con la corrupción. Fue en 1994. Ella regresó a Chihuahua a investigar el sospechoso suicidio de su tío Óscar Portillo y el resultado fue El Diablo nunca duerme, el primer largometraje filmado por una mujer chicana que evidenciaba las mentiras y la corrupción arraigadas en el sistema mexicano.

“La corrupción es parte del problema de México –dice ahora–, una parte muy corrosiva de nuestra cultura”. Apenas la terminó, comenzó a filmar Señorita extraviada, que se estrenó en México en 2002 de forma muy cautelosa. Para entonces el número de asesinatos de mujeres rebasaba los 300. ¿Qué hacían las muertas de Juárez en la calle?, se preguntaban las autoridades. “No iban precisamente a misa”, se burlaba el gobernador panista Francisco Barrios que no sabía de los horarios nocturnos de las maquiladoras.

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