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Jesús Mendoza Zaragoza

O votas o te abstienes, o anulas o bloqueas la elección

*Tenemos que ser creativos para encontrar caminos civilizados y pacíficos de participación. Tenemos que visualizar una estrategia de transformación desde abajo, desde los ciudadnos y desde las localidades. Caminos nuevos para el avance democrático.

No recuerdo que haya habido en las últimas décadas un proceso electoral tan cuestionado y controvertido como el que empezamos en estos días. Por una parte, hay cuestionamientos serios al Instituto Nacional Electoral (INE), que ha sustituido al Instituto Federal Electoral (IFE). Y por otra parte, la legislación electoral está hecha a modo para favorecer a los partidos políticos y no tanto a los ciudadanos. Las amenazas que algunos sectores de la sociedad han hecho en el sentido de que, de una manera abierta, bloquearán la elección son lo nuevo entre las opciones que los ciudadanos tenemos para comportarnos ante el proceso electoral y ante la elección misma.
Cuatro opciones se prevén para los ciudadanos en esta ocasión, y están descritas en el encabezado de este artículo. Pero ninguna de ellas es satisfactoria, y generan inconvenientes para dar un salto adelante en nuestro itinerario democrático. El resultado es un mal sabor de muchos ciudadanos que no vemos alternativas que valgan para participar en este proceso electoral. Yo sigo pensando que hay que participar, de alguna forma, pero hay que participar. La participación ciudadana es un principio fundamental para la democracia. El caso es que ahora no parece haber un cauce de participación que abone a la democracia.
En este proceso electoral tenemos que hacer una valoración sobre la manera de participar. Se puede participar mediante el voto, la abstención, el voto nulo e, incluso, la obstaculización de la elección, como ya se está insistiendo en algunos círculos sociales. Cada forma merece una valoración ética, jurídica y política para ser justificada. El caso es que se ha vuelto complicada esta valoración y no se puede descartar que se presente un escenario de crisis con ocasión de este proceso electoral.

La opción por el voto

Ya tenemos una historia relacionada con el voto “libre, secreto y razonado” que en los últimos procesos ha dejado tantas inconformidades y desatinos. Tenemos el caso de la compra masiva del voto como una práctica promovida por los partidos políticos y tolerada por las autoridades electorales, que oscurece esta opción. Votar no garantiza el respeto al voto ni la voluntad ciudadana. Y por otra parte, la penetración del crimen organizado en los procesos electorales nos deja la idea de que, en muchos casos, nosotros votamos y los criminales eligen a las autoridades. En este sentido, votar, se ha vuelto una opción que está acompañada de desconfianza y de impotencia, porque la elección se convierte en una simulación cuyo resultado es el fraude. Aunque es la opción más legal, no ofrece buenas perspectivas. A final de cuentas, el sistema electoral como parte del sistema político está viciado y no ofrece garantías de respeto al voto de los ciudadanos y a sus decisiones. Muchos por quienes hemos votado no nos representan ya porque están apadrinando intereses extraños e ilegales.

La opción por la abstención

A mi juicio, es una forma de participación totalmente pasiva e ineficaz. Tiene efectos políticos dañinos y no abre horizontes para el cambio que se desea. Esta abstención es promovida por la clase política a través de los escándalos, de la corrupción y de su estilo grotesco de hacer política, que desalientan e inhiben la participación de los electores. Los beneficiados son los partidos más fuertes. Aquí están los desencantados, los desahuciados, los frustrados de la política que se han dado por vencidos.

La opción por la anulación del voto

Es una forma de participación que no tiene efectos políticos porque no está prevista por la ley. Las leyes electorales han evitado contabilizar los votos anulados para no poner en riesgo al mismo sistema político ni a sus beneficiados, los partidos. Los ciudadanos necesitamos expresarnos mediante el voto cuando ninguno de los contendientes satisface nuestras expectativas y lo queremos hacer mediante su anulación, con una validación del mismo para que cuente en el resultado de la elección. Estoy seguro de que si la ley le diera una validación sería un magnífico instrumento para los ciudadanos. Hay que dar este paso y, mientras tanto, el voto nulo sigue siendo un cartucho quemado.

La opción por impedir la elección

Esta propuesta, que ha estado haciéndose desde distintos espacios sociales, seguro que se va a expresar en el día de la elección. Javier Sicilia habla del boicot electoral, mientras que los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa y algunas organizaciones sociales como la CETEG hablan de impedir la elección. Hay un rechazo al sistema electoral que no garantiza la no injerencia del crimen organizado en la trama electoral. Al decir de estos actores sociales, votar viene a ser una complicidad con un sistema corrupto y podrido. Creo que tienen razón en parte. Sin embargo, lo que está en el aire es qué alternativa está lista para sustituir las elecciones y desarrollar una gobernabilidad que signifique un avance democrático. Y, por otra parte, los electores que sí quieren votar, tienen derecho a hacerlo y no hay derecho a coartar esa libertad.
Así las cosas, el panorama electoral es desalentador. Ninguna de estas cuatro opciones abre caminos para que los ciudadanos tengamos la certidumbre de que nuestra participación ayuda a abrir un futuro mejor. Sin embargo, no podemos quedarnos con los brazos cruzados esperando que, como por arte de magia se recomponga el escenario electoral. Los ciudadanos tenemos que arreglarlo. Tenemos que ser creativos para encontrar caminos civilizados y pacíficos de participación. Tenemos que visualizar una estrategia de transformación, de cambios estructurales y desde abajo, desde los ciudadanos y desde las localidades, en muchas de las cuales persisten genuinas experiencias democráticas.
En medio de esta crisis política y electoral tenemos, sin embargo, una oportunidad. Buscar caminos nuevos para la participación ciudadana y para el avance democrático.

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