José Gómez Sandoval
POZOLE VERDE
*Lograr gol
Un palindromario temático intensivo
Durante el Campeonato Mundial de futbol que se realizaba en España, José Trinidad Memije Alarcón empezó a juntar palindromas que tuvieran que ver con el deporte de las patadas, y antes de que terminara el torneo ya había “encontrado” más de cien. Su colección creció aún más y “se me ocurrió escribir un libro –cuenta– sobre futbol, exclusivamente con palindromas”. Aspira a que resulte una novedad, “sobre todo porque, probablemente, es el primer libro palindrómico, extenso, que toca, básicamente un solo tema, en este caso el futbol”. Así fue como nació Lograr gol.
El libro fue publicado dos años después (1986) por Promociones Universitarias. Tiene casi 180 páginas y “más de tres mil palindromas. Todo el libro –explica Trini en la presentación del mismo– abunda en referencias diversas a la cultura universal, ligando, a través del humorismo, estos tópicos, con el tema central: el Campeonato Mundial de Futbol”, que ese año se realizaría en México. “Este acontecimiento histórico, que de muchas maneras tendrá una gran trascendencia tanto en nuestro país como fuera de él –añade, optimista–, se ve reflejado anticipadamente en el libro, con la intención de difundir, a través del futbol, entre todos los hombres, el amor a la paz”.
Un juego clavado y divertido
Tras recordar que el palindroma o palíndromo “es aquella frase, verso o línea escrita que puede leerse y expresa lo mismo de izquierda a derecha o de derecha a izquierda” y el más conocido de todos: “dábale arroz a la zorra el abad” (con el que seguramente compite “Anita lava la tina”), al que califica de palindroma perfecto, Memije plantea una minipreceptiva del divertido y clavadísimo juego de palabras.
Como ejemplo de palindroma imperfecto propone el de “¡asómese moza!… en donde se puede ver que en la lectura de izquierda a derecha hay dos faltas de ortografía, pues se lee: ‘azómese mosa’…” Afirma que las licencias literarias autorizan al palindromista a formular palíndromas así, siempre y cuando se respete la ortografía (que encontramos) en la lectura de izquierda a derecha. Quizá la condición ortográfica resulte muy severa o injusta, si tomamos en cuenta que, por más velada o arrastrada que venga, la z equivale, en este caso, a s.
También suele haber problemas con los signos “qu”, “gu” y “chu”. Es un caso ortográfico más complicado que el anterior, ya que aquí se tergiversan letras, pero Trini los da por buenos. “Como sabemos –apunta–, cada uno de estos pares de letras en realidad indican un solo sonido. Por esta razón, basta imaginárselos al revés (un, ug, uch), para que la lectura de derecha a izquierda no destruya al palindroma. Y funcionan muy bien”. ¿Ejemplos de esto?, “¿Así guisa?”, “¿A Camacho, Bora robó chamaca?”.
Conociendo las reglas –dice Memije– se puede disfrutar mejor la lectura del palindroma, al que a veces ayudan, en forma increíble, “la casualidad o la fatalidad”, característica que apasiona a los escritores de palíndromas, a los que Trini llama género literario y pequeñas obras de arte. Casi enseguida reconocerá que, “en realidad, en lo general, todo el libro es un juego: una especie de juego vital en el que participamos todos”. Ya advirtió que “en estas pequeñas piezas literarias hay el afán de rescatar en el palindroma el habla popular de México, con sus ‘calacas’, sus ‘ñeros’, sus ‘ratones’, su relajo”.
Un libro de ida y vuelta
En la presentación del libro, Memije Alarcón trata de comunicar a los lectores posibles el gusto de encontrar un palindroma perfecto y el sorpresivo placer de escribirlos. Recomienda leer su libro “con calma, para disfrutarlo intensamente”. Sin temor a asustar a los lectores, recalca que “la lectura es doble y que sólo quienes tengan la paciencia de hacer también la lectura de derecha a izquierda podrán encontrar el goce de su sabor especial”. Si esto nos hace recordar la capicúa de casi doscientos páginas (Palindromía) que publicó el ex secretario de Educación Pública Miguel González Avelar y nos dan ganas de salir corriendo, Trinidad Memije nos reconviene que, al leer los “dos libros”, la sonoridad, las paradojas, el intercambio de letras y sentido dará al lector sorpresas “cada vez más regocijantes que se perdería en el caso de leerlo a la manera tradicional”.
El maestro confía en que su esfuerzo creativo aportará “un poco de diversión y cultura”: “Si el pueblo –dice– se viera reflejado en estas expresiones (en las que campea la risa, la alegría, el optimismo, la buena voluntad), esa sería para mí la más grande recompensa”.
Algunos ejemplos
El mismo Memije explica que su libro está compuesto por seis partes. Éstas se dedican a la FIFA, al fut en general, al Campeonato Mundial que se realizaría en México, al futbol de América, Europa, Asia y África. Los nombres futboleros conocidos son el eje de un tema que se puede desarrollar en una página o, dialogada como en una obra teatral, en más de diez. Sale el portero Larios (“¿Acaso Larios oirá? ¿Lo saca?”), La Tota Carbajal (“¡Así La Tota la bala totaliza!”), Bora Milutinovic (“¡Temí robo raro! ¿Bora robó Rimet? / ¿Te mira poco Bora? ¡Robó copa Rimet!…”), Manuel Negrete, Diego Maradona y el Chicharito:
“¡Ora, Chícharo!
¡Logra colocar gol!
¿Osó
lograr balón y no labrar gol?”
Varios equipos, como el Atlas, las Chivas o el Cruz Azul. “Zacatepec, ahí, hace petacas”, y, por fin, “la UNAM usará su manual”. En las últimas páginas, las referencias sociopolíticofutboleras (“¡Techo ni pan a Pinochet!”) se concentran al último en los países árabes. “Si Libano dona bilis… ¡Tú ríe, Beirut!…”. Entre estas páginas viene un conjunto palindromático en forma de pirámide que por instantes nos deja vislumbrar, más que el palindroma ideal, el que consigue traspasar la inevitable sintaxis telegráfica y, aunque sea a base de repeticiones, transmitir con coherencia “tradicional” (dijera Trini) la emoción de un poema. El Palindroma Imposible. El lector que sospeche que aquí nomás pongo fragmentos, puede comprobarlo en la página 150 de Lograr gol:
¡Zulema, dame luz!
¡Aromame, gema mora!
¡Emáname
amor a ese aroma!
¡Arómame gozo, gema mora!
¡Amé luz! ¡sereno don eres, Zulema!
¡Luz azul! ¡Sereno don eres, luz azul!
¡Arómame gozo! ¡Gimo mi gozo, gema mora!
Tres de Trini
En mayo de 1985, el poeta guatemalteco Otto Raúl González escribió en Excélsior: “Memije Alarcón es toda una revelación en el mundo de la palindromología. Nos muestra tres volúmenes de palíndromas ya terminados. Uno, Saldañadlas, dedicado a Jorge Saldaña. Otro, ¡Eloy! ¡Ole!, inspirado en el torero Eloy Cavazos, y uno más, Lograr gol, que se refiere al próximo mundial de futbol… Obviamente, el maestro Memije Alarcón tiene ya asegurado su ingreso a la Pluralidad Mexicana de Palindromistas”, que se había fundado dos años antes en la ciudad de México.
En 1988 me tocó coordinar, con Memije Alarcón, en Chilpancingo, el Primer Encuentro Nacional de Palindromistas, al que asistió buen número de estos obsesivos y gozosos arquitectos del lenguaje, entre ellos el ajedrecista Willy de Winter y varios sudamericanos que repartieron sus libros palindromáticos. En el cartel alusivo destacaban las manos que se dibujan a sí mismas, de Escher.
Un soneto de Memije Alarcón
Desde que los descubrió, José Trinidad Memije vislumbró en los palíndromas cierto nirvana de la lengua y decidió echar en ellos la mayor parte de su talento creativo. En otro pozole medio platiqué el relato que publicó en El Cuento, la singular revista que imaginó Edmundo Valadez, y di a entender que en su juventud se dedicó a la poesía. Poco después, en la carpeta que lleva su nombre encontré dos breves ensayos de Trini y, escrito a máquina con cinta rojinegra, un poema.
Trini lo escribió cuando estudiaba en el Colegio del Estado, al que vio transformarse en Universidad Autónoma de Guerrero. En él aparece un mirón, y la pareja amorosa a la que éste mira o espía. La situación es muy parecida a la de Siluetas, la melodía que en México cantaron Los Rebeldes del RocCC. Quizá por lo ceñido del soneto, a Trini le faltó el sujeto que descubre y confronta al espía (queee viieeene a moleeestaaaaarr?…, cantaba Johnny Laboriel), que así se da cuenta de que se equivocó de casa. Interpretada por The Rays, Silhouettes fue un éxito en Estados Unidos en 1957. Como a la mitad de la letra original, el extasiado mirón se pregunta: ¿por qué yo no soy él? Al final del soneto de José Trinidad Memije, el espía termina espiando su propia aspiración sensual. Pura suposición, ya que el principio Trini ubica a su mirón sentimental en otra circunstancia. Leámoslo ya.




