El jazz nació para todos; no se necesita ser educado para escucharlo: Wynton Marsalis
*El desafío es llevarlo a más gente afirma el trompetista estadunidense que se presentó en la ciudad de México
Erika P. Bucio / Agencia Reforma
Ciudad de México
“El jazz nació para todos”, dice Wynton Marsalis.
Apenas hace unas semanas terminó de planchar su traje y a las 5 de la mañana se sentó a escribir. Estaba aún fresca la visita que hizo a Bethesda, en Maryland, donde la orquesta del conservatorio tocó su música. Marsalis, emocionado, no pudo dormir.
“El jazz no está en el mainstream, pero es para todos”, responde en entrevista. “El desafío es llevarlo a más gente y educar para que tengan acceso a la música”.
Como Louis Armstrong, Wynton nació en Nueva Orleans. Consiguió su primera trompeta a los seis años. La historia es que su padre, Ellis, pianista, estaba reunido en un club con Miles Davis, Clark Terry y Al Hirt. Y al verse rodeado de puros trompetistas, bromeó: “Más vale que le compre a Wynton una trompeta”. Davis, renuente, contestó: “No se la des. Aprender la trompeta será demasiado difícil para él”.
La ironía es que 15 años después, la revista DownBeat lo elegía Músico de Jazz del Año, por encima de Miles Davis, relata Joachim E. Berendt en El jazz. Era 1982. No tardaría en aparecer en la revista Time como representante de una prometedora generación de jóvenes jazzistas.
Ahora, con 53 años, Marsalis es quien inspira a los jóvenes. Y en ellos, dice, está depositado el futuro del jazz. ¿Hablar de un renacimiento? No se atreve a tanto. Pero si de algo está cierto es que siempre habrá buena música y músicos gravitando hacia allá por su calidad y cualidades.
Marsalis regresa por tercera vez a México, embarcado en la gira Jazz Across the Americas.
Con la Jazz at Lincoln Center Orchestra (JLCO), se presentó ayer en el Palacio de Bellas Artes. Antes, por la mañana, impartió una clase magistral.
Marsalis pudo haber sido un trompetista de clásico, formado en la prestigiosa Juilliard, pero eligió el jazz. Lleva, de hecho, 20 años sin interpretar el repertorio clásico. En su carrera ha recorrido prácticamente toda la herencia del jazz. Para él no hay distinciones entre géneros y generaciones. Y ha contribuido a ensanchar el repertorio.
Es un líder natural. Aprendió del baterista de bop Art Blakey cuanto sabe sobre dirigir una banda. “Ensayar y dejar a los músicos en paz, dejarlos inventar. No tienes que estar encima de ellos todo el tiempo”.
Ni neurótico ni perfeccionista. Si un adjetivo lo describe es: “Consistente”.
Hace tiempo, Marsalis escribió en The New York Times sobre qué es el jazz y qué no.
La apreciación de cualquier forma de arte, ataja, requiere un cierto grado de educación. “No significa que deba ser educado para escuchar, pero sí significa un mayor disfrute, y eso aplica para otras cosas, como el futbol”.




