Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Margarita Warnholtz

La discriminación: cuestión de políticas públicas

 

El 21 de marzo se celebró el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial. Otro día de esos que sirven, si acaso, para recordar que existe un problema, pero no aportan nada para solucionarlo.
Sabemos que en México no solamente existe la discriminación racial, sino de distintos tipos, pero entre ellos destaca la  discriminación a las personas indígenas. Ésta se da en muchas partes en la vida cotidiana, como sucedió hace poco a la poeta tzotzil Enriqueta Lunez, que por vestir su traje tradicional fue maltratada en el aeropuerto internacional de Tuxtla Gutiérrez.
Para, supuestamente, combatir o solucionar el problema se creó el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, y se promulgó la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, que lograron cosas como que ahora en cada establecimiento público haya un letrero que dice “aquí no se discrimina a nadie…”, junto al cual vemos actos de discriminación todos los días. Más allá de eso, poco se ha hecho.
El problema de la discriminación a las personas indígenas va mucho más allá de que se les trate mal por su apariencia, es un problema de políticas públicas, un problema que tiene más que ver con la desigualdad económica y social que impera en nuestro país, que con prejuicios raciales.
Discriminación es que no haya suficientes traductores para atender a los indígenas cuando enfrentan un proceso legal, a pesar de que los códigos penales (federal y estatales) estipulan el derecho a un intérprete para ellos y ellas. Discriminación es que en las leyes se considere a los indígenas como personas vulnerables (casi como si fueran menores de edad), en lugar de reconocerles sus derechos, discriminación es que funcionarios expresen frases como aquella de que “los indígenas no saben trabajar”, dicha nada menos que por Nuvia Mayorga, directora de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, hace unos meses.
Discriminación es que no haya servicios de salud en las zonas indígenas, que la gente deba recorrer horas a pie para acceder a un hospital en el que no hay infraestructura adecuada para atenderla. Discriminatorias son las políticas asistencialistas que reparten unos cuantos pesos en lugar de generar empleos, discriminatorios son los raquíticos presupuestos de las universidades interculturales.
Más discriminatorio es el despojo del que están siendo víctimas los pueblos indígenas, despojo de sus territorios y sus recursos naturales. En pocas palabras, la peor discriminación a los indígenas es que se les nieguen sus derechos y que las políticas públicas sigan fomentando la desigualdad. Mientras ésta no se combata, la discriminación continuará.
Finalmente, es discriminatorio que se subestime la inteligencia de los indígenas y de los sectores marginados en general. Por ejemplo, ahora que vienen las elecciones suceden cosas como ésta: el que fuera subsecretario de Desarrollo Comunitario y Participación Social de la Secretaría de Desarrollo Social, Javier Guerrero García, es ahora delegado general del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en el estado de Guerrero. Siendo subsecretario, coordinó la Cruzada Nacional Contra el Hambre (discriminatoria por cierto) y las obras de reconstrucción después del paso de la tormenta tropical Manuel en 2013 en dicha entidad y, desde octubre de 2014, fue nombrado representante permanente del gobierno federal en el estado. Es decir, fue por dos años el encargado de distribuir los recursos públicos destinados básicamente a las comunidades indígenas marginadas, y ahora aparece haciendo campaña por el PRI. Pero dice que no hay conflicto de interés y que no hará uso electoral de los programas sociales para la campaña. ¿Acaso suponen que los indígenas de Guerrero se la van a creer? Yo lo dudo. El hecho de que muchos indígenas tuvieran una buena impresión de él como funcionario, no quiere decir que vayan a votar por el PRI.

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