Charles Dickens fue durante toda su vida un enamorado del teatro: especialista
Erika P. Bucio / Agencia Reforma
Ciudad de México
Charles Dickens (1812-1970), célebre por novelas como Oliver Twist y Grandes esperanzas, era un enamorado del teatro. Desde niño, en Chatham, a donde se mudó su familia, acompañaba a su padre John a los pubs para cantar o recitar un poema.
A los siete años escribió la primera de sus obras, que actuaba y dirigía para entretenimiento de su familia; sus aspiraciones como actor eran serias, quiso entrar al teatro del Covent Garden en Londres pero enfermó el día de la audición, luego recibió una oferta para trabajar como reportero en el Parlamento.
“Se hizo escritor pero jamás se olvidó del teatro”, dice el actor británico Simon Callow.
Dickens, añade, escribió obras para el teatro comercial, de gran éxito, y fue un fantástico director y empresario teatral; era tan buen actor que llegó a participar en obras de Shakespeare y en piezas escritas para él por sus amigos.
Callow presenta hoy Un encuentro con Charles Dickens, cuya base es la biografía de Charles Dickens y el gran teatro del mundo, que escribió sobre el gran autor en lengua inglesa, publicada en ocasión del bicentenario de su nacimiento, que lo ha llevado de gira por el Reino Unido, y del que ofrecerá una única función a las 19:30 horas en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario.
“Es una charla muy personal sobre Dickens, mi relación con él, lo conozco íntimamente, puedo hablar de él y por él, es casi mi hermano”, dice el actor, celebrado por sus papeles de Shakespeare y Dickens, quien también ha escrito biografías de los cineastas Orson Welles y Charles Laughton.
“No es un libro de crítica literaria, ni siquiera es un recuento total de Dickens, hay libros mucho más extensos escritos sobre él, es acerca de un hombre, del tipo que era y su presencia en el mundo”, acota.
El novelista gozaba del amor del público que acudía por miles a sus lecturas públicas –que ofreció durante los últimos diez años de su vida– y era tratado como una celebridad en el Reino Unido y Estados Unidos.
Era un hombre carismático, con una fantástica presencia y una voz maravillosa que nada más subir al escenario era aclamado por la audiencia.
“Él adoraba eso, lo necesitaba, era su droga, su heroína, su crack”, dice. “Ningún otro escritor ha tenido esa relación con el público jamás, necesitaba el amor del público, y lo tuvo, casi desde el principio cuando publicó Sketches by Boz (a los 24 años)”.
Un amor que temió perder cuando se separó de su esposa, con la que tuvo 10 hijos. “Le horrorizaba pensar que le dieran la espalda, algo que nunca sucedió”.
En las calles de Londres fue donde Dickens encontró a los personajes de sus novelas, desde muy joven lo observaba todo, tenía una prodigiosa memoria para el detalle y un buen oído; sabía taquigrafía y podía escribir muy rápido.
“Sobre todo en su juventud hacía paseos nocturnos, quería ver cómo vivía la gente, iba a los burdeles, a los lugares donde los criminales se reunían para contar historias, ahí estaba él”.
De inmediato, el público supo que Dickens era un autor que lo entendía, celebraba y le daba voz; sabía cómo dirigirse a sus lectores en sus novelas y sus revistas como All the Year Round, que llegó a tener una circulación de 300 mil ejemplares.
Dickens siempre dijo que sus personajes lo escogían a él, que su escritura era un “dictado”. Callow les ha dado vida en la escena, una tarea que, dice, le ha permitido entender mejor a su biografiado.
Callow cerrará su primera visita a México con la OFUNAM, invitado por su director artístico Jan Latham-Koenig, a participar como narrador en el programa 8 de la temporada que incluye la obertura El corsario de Berlioz, La balada del calabozo de Reading de Ibert, Selecciones de Hamlet y Selecciones de Enrique V de Walton.




