Estaba dispueso a correr riesgos por las futuras generaciones, dice la viuda de un comunitario muerto
Lourdes Chávez
La Haciendita / Chilpancingo
La viuda de Juan Barrientos Santos, uno de los cinco policías asesinados a tiros en el crucero de San Juan del Reparo, Claudia Juárez de la Cruz, reconoció que su esposo era consciente de los riesgos de su servicio, pero estaba dispuesto a correrlos por las futuras generaciones.
En el patio de su domicilio, en la comunidad la Haciendita, la mujer indicó que su esposo, de 46 años, era campesino, y sus padres le pidieron que dejara de participar en el Frente Unido para la Seguridad y el Desarrollo del Estado de Guerrero (FUSDEG), porque sabían que habría enfrentamientos con grupos delictivos.
Sin embargo, quiso quedarse “se iba a Tierra Colorada, ya ve, llegaron hasta Petaquillas (en Chilpancingo). Tenía que echarle ganas para cuidar a los hijos”.
Dijo que su esposo se integró a la Policía Comunitaria en noviembre de 2013 en esta comunidad, “porque un grupo (delictivo) llegó a decir que quería quedarse (a operar) ahí, por la fuerza”.
Los vecinos se organizaron, los expulsaron y se integraron al movimiento de autodefensa, entonces promovido por la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), en Tierra Colorada y El Ocotito.
Aclaró que confiaban en el gobierno, pero “desgraciadamente los mismos policías hacían estas cosas, por eso ellos (los vecinos), aquí en el pueblo tuvieron ese valor, por eso él se animó” y se integró al movimiento por la seguridad.
Consideró que ahora viven tranquilos, y el lunes se despidió de ella a las 3 de la tarde, les dijo que iba a apoyar a sus compañeros y regresó muerto de una emboscada que les tendieron presuntos miembros de la UPOEG, luego de que la organización fue desplazada por el FUSDEG en muchas localidades del municipio de Juan R. Escudero, el Valle de Ocotito en Chilpancingo, y comunidades de Acapulco Rural.
Cuando se le preguntó su demanda a las autoridades, la mujer sencilla dijo que le dejaba a Dios la justicia, y que no sabía que harían sus compañeros.
Su hijo dijo: “hizo su trabajo con gusto, se sentía contento de estar ahí, como familia no nos quedaba más que apoyarlo con su decisión, con lo que él quería para él. Estoy muy orgulloso de mi papá por haber andado ahí”.
Por otro lado, de Salomé Pérez Catalán, otro policía comunitario asesinado de El Ocotito, se reservó de hacer la denuncia pública del asesinato, pues uno de sus familiares consideró que era una burla para su esposa y sus hijos, porque el gobierno es responsable y conoce de antemano la situación de los pueblos. Si hubieran hecho lo que le corresponde en materia de seguridad, los policías comunitarios no se habrían organizado para defender a sus familias y a los pueblos.




