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El añorvismo se queda en el PRI o cómo abandonar la plaza sin morir en el intento

Aurelio Peláez

Acto de reivindicación que sabe a desagravio, de unidad que huele a demostración de músculo; un mensaje hacia fuera, hacia el PRI y su candidato Héctor Astudillo, de que no va la desbandada tras que al cuarto para las doce al jefe Manuel Añorve se le sacó feamente de la lista de candidatos a diputados locales plurinominales, que encabezaba; mensaje hacia dentro, de que no pasa nada.
La escenografía: variados líderes del PRI y las bases que reconocen la gestión legislativa de Añorve. Hace presencia la estructura electoral de la que no puede prescindir Héctor Astudillo si es que no quiere quedarse por segunda vez en la antesala a la gubernatura, como en el 2005, cuando el candidato del PRD-PT, Convergencia, Zeferino Torreblanca se lo llevó por mucho, 13 puntos de ventaja nomás.
Ese PRI de Astudillo que un día da el mensaje de que quiere ganar por carro completo la elección en el estado, tras salir más o menos intacto de su proceso de elección interna, y al otro parece hacerse el harakiri, mandando como candidato a la alcaldía de Acapulco a un aparente peso paja, el médico Marco Antonio Terán, ante rivales ya muy pesados ante la opinión pública, como el perredista Evodio Velázquez y –otra vez en el camino de Astudillo- el ex alcalde y ex gobernador Zeferino Torreblanca, ahora filopanista.
Ese PRI de Astudillo que excluyó con frialdad a su precandidato a la alcaldía porteña más activo, Rubén Figueroa Smutny, el heredero de la dinastía caciquil, y en donde está por verse si se despojó de un lastre o de una parte de su voto duro. Que en un cálculo temerario cede ante los amagos de los hermanos Moreno (el alcalde Chilpancingo Mario y su hermano Ricardo), que amenazaban irse al PRD –que los esperaba con la alfombra desplegada– de no dárseles la candidatura a la diputación al segundo, y saca a Añorve de la lista de pluris.
En el entorno político se antojaba que venía el afilar de las hachas de guerra. Más, porque la mañana del sábado 11 Añorve, dos días después de registrada la lista ante el IEPC, había convocado una conferencia de prensa en Acapulco que olía a pólvora. El encuentro con los medios no se dio y éste regresó el lunes a la Cámara de Diputados, en donde reasumió como vice coordinador de la fracción del PRI, tras haber pedido licencia a lo que parecía ya un cargo seguro.
–No, no. Héctor es mi amigo, está haciendo una campaña de propuestas. Las cosas no se dieron. Yo soy un hombre maduro, no estoy obsesionado –dice a los reporteros al terminar el evento.
Acto del priismo añorvista sin banderas del PRI ni consignas abiertamente tricolores, salvo el grito de guerra de “a la triqui tri tri qui”, aunque sin matracas. Pequeño fue el Salón Puerto Marqués del hotel Crowne, al que temprano llegaron añorvistas de la primera línea: el presidente del PRI municipal, Luis Miguel Terrazas; Oscar Rangel, ex delegado del Registro Agrario y ahora uno de los operadores de la campaña de Astudillo; los diputados locales Margarita Nava y Rodolfo Escobar; la directora de la Casa de la Cultura, Eloína López Cano; el delegado del IMSS, José Luis Ávila –“estoy en mi día de descanso, hermano”–, el ex alcalde de San Marcos, Arturo Heredia, y la lideresa Magda Adame. Llegan también los aliados, el alcalde de Coyuca de Benítez, Ramiro Ávila, y de Zihuatanejo, Luis Fernando Vergara. Luego irrumpe en los hechos como enviado de la campaña Astudillista, Ernesto Rodríguez Escalona, uno de los dos coordinadores operativos de la campaña. El integrante del equipo del ex gobernador René Juárez, delegado del CEN del PRI, es reacio a dar una lectura de lo que se ve: ¿Reconciliación tras un riesgo de ruptura?. “No tengo ninguna opinión, ninguna”, dice. Pero luego se suelta con un “vine a un acto de mi amigo, soy amigo de su familia y tenemos mucha convivencia”. Nada pues, como si no fuera cantado que de haber alguien sacado el hacha ni desde la esquina se asomaba.
Reunión de reconocimiento a la gestión legislativa que llega oportuno, a frenar rumores. “Decían que me querían hacer un reconocimiento. Yo me negaba y me negaba”, explica Añorve en su intervención, tras que diversos participantes, productores, el líder de colonos Abimael Guzmán, una activista cultural, le reconocieron la gestión legislativa para diversos proyectos. Antes, el micrófono enmudece.
-Boicó… o como se diga –dice una militante de la estructura entre el gentío. Una sospechosita entre la base, esa que quizá quisieran hacer campaña a la alcaldía con alguien conocido, y no como un médico que nunca pisó El Partido. ¿Quiere ganar el PRI Acapulco? A decir del que Astudillo haya tomado el municipio como su plaza principal de mítines, parece que sí. Pero su abanderado a la alcaldía, esta ver si hace clinch con esta militancia de hueso colorado, que tiene candidato a regañadientes, a modo dicen de nuevo los sospechosistas, para el regreso de Zeferino a los espacios de poder, jalando el voto antipriista. Al fin que, lo saben los jerarcas priistas, Zeferino es capaz de llegar a acuerdos con la cúpula. Lo hizo en 2005 con René Juárez cuando mandó al archivo muerto las denuncias de corrupción en el último gobierno priista; lo hizo con el propio Añorve, cuando restableció una relación llevada a la rivalidad, en pos de llevar la fiesta en paz (Zeferino gobernador, Añorve alcalde), y hasta terminaron siendo amigos. Tuvo a Rodríguez Escalona, de raigambre priista, como su secretario de Turismo. En fin, pacto cubre espaldas garantizado.
Añorve en su breve discurso pondera, adelanta que regresa a la política del Centro y presume lo que su círculo ya sabe, su cercanía con el poderoso político sonorense Manlio Fabio Beltrones, coordinador del grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, y a quien se maneja como el próximo presidente nacional del PRI o algo así en cuanto termine su periodo legislativo.
Añorve habla de ese regreso al trabajo al lado de Beltrones, de las reformas que falta por sacar del presidente Peña Nieto y enumera entre las aprobadas y como una de su rancho la de Telecomunicaciones, que eliminó el roamin’ en las llamadas de larga distancia entre teléfonos celulares. “Sí, sí”, dice la militante sospechosista.
Ya se reacomoda en otro espacio, preservando su gente acá, tras la decisión unilateral de Astudillo que se decidió por los Moreno para no tener desbandada en Chilpancingo, en la lógica quizá que el poder no se comparte y va pues el tache y el plumazo a la lista.
Parece una desmesura citar para nuestra política tropical y en el cierre de esta nota a Michel Foucoult, pero el politólogo y gobernador –aún– Rogelio Ortega pone el ejemplo acomodando aquí y allá citas de pensadores en sus artículos, como para recordarnos que estudió un doctorado en Madrid y no feneció en el intento: “El poder no ocupa un poder en el espacio”, sentenciaba el filósofo francés.
A su manera, la infaltable y veterana militante priista Macaria, ajonjolí de todos los moles, estaría interpretando al historiador de las ideas cuando se abre espacio para acercarse a Añorve, tras el encuentro, abriéndose camino, adelante su afilada lengua:.
-Háganse a un lado cabrones, nada más le quieren andar arrimando la riata a una.
Y le despejaron el camino.

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