Carlos Pérez Aguirre
Elección de vida o muerte
Héctor Astudillo aplaude y elogia en actos de acarreados a Jorge Salgado, hijo y sobrino de dos siniestros personajes ligados a la corrupción de diversos sexenios, y en especial del aguirrista. Incorpora en puestos de elección popular a miembros de su séquito sin mayor capacitación, carrera o siquiera idea de la actividad legislativa; entre varios casos se significa el de una secretaria, trabajadora de uno de sus negocios de escuelas particulares, que compite por una diputación local.
Otro candidato a diputado por el PRI es hermano del actual alcalde de la capital, lo que ya sería suficiente motivo para descalificarlo por las lamentables condiciones en que se encuentra la ciudad capital –nulos servicios públicos, delincuencia desatada e impune, anarquía integral, etcétera– y además señalado por supuestas ligas con la delincuencia, como varios personajes de ese partido, hoy activos promotores de Astudillo.
Más aún, si analizamos varios perfiles del equipo de entorno astudillista, se levantan los pelillos capilares del temor que provocan al pensar que pudiesen de nueva cuenta alcanzar la gubernatura estatal, pues todo indica que lo identifican como un lucrativo negocio, un botín, en vez de un servicio público.
En otra esfera y en otro partido, Luis Walton integró en las propuestas del partido Movimiento Ciudadano a varios de sus cuates, algunos frívolos hijos de papá, otros empresarios sin sensibilidad, y para no quedar atrás también a uno que otro señalado con problemas de corrupción, como el zeferinista, sumamente cuestionado, Carlos Álvarez. El dirigente de ese partido, de apellido Wences, fue gran instigador del movimiento por el esclarecimiento de los asesinatos y las desapariciones forzadas derivadas de los trágicos sucesos de Iguala, en concordancia con un diputado de ese partido, conocido timador de campesinos, que se atrevió a pedir en la tribuna del Congreso estatal la desaparición de la Normal Rural de Ayotzinapa, en lugar de pugnar, como era su deber, por justicia y castigo a los responsables. Y como colofón, recientemente han señalado a candidatos de ese partido con nexos delincuenciales.
Del panismo, por su parte, la sola inclusión de Zeferino Torreblanca, señalado él y su equipo cercano –algunos, ahora flamantes candidatos a puestos de elección popular– con la corrupción desmedida e incluso con acciones criminales, y ya no se diga la insensibilidad e ineficiencia en el manejo administrativo. Todas estas virtudes son elementos que descalifican y que resalta la desesperación del panismo por aferrarse al clavo ardiente del desprestigio, con el único objetivo de no desaparecer.
El PRD, evidentemente presenta matices también sumamente negativos, el hecho de haber designado una candidata, Beatriz Mojica, ligada totalmente a los llamados Chuchos y directamente relacionada con el equipo gobernante de Ángel Aguirre, la vuelven sumamente vulnerable; su entorno cercano, empezando por el líder de ese partido, Celestino, marcan su desempeño como convenenciero y corrompido que incubaron por su complacencia los acontecimientos como el de Iguala. El pragmatismo que marcó a este partido en los últimos 12 años incubó no sólo alejamiento de principios, genero abyección y corrupción sin límite.
Los demás partidos, sobre todo los comparsa, Verde, Nueva alianza, etcétera, presentan similares escenarios de pudrición. Como en todo, las excepciones hacen la regla y existen algunos candidatos honestos dentro de ese mar de intereses, y habrá que analizar el entorno del partido Morena, que posiblemente podría ser la excepción. Pero, en tanto y con base en las acciones de ahora y antes de los actores políticos que están moviéndose en el entorno, o bien que son candidatos, podemos señalar sin temor a equivocarnos que los partidos políticos con mayor presencia en la entidad guerrerense no han aprendido a respetar a los ciudadanos, nos creen sin capacidad de análisis y con propensión a votar por charlatanes, delincuentes y corruptos. Pero, evidentemente se equivocan. Por ello, un importante sector de la sociedad está pensando en no participar, otros en anular su voto, no por falta de civismo o cultura política, sino todo lo contrario, pues si los partidos están controlados por mafias, la sociedad tendrá que darles una lección contundente de selección de la mejor estrategia de voto. Pensamos y pensemos, puesto que como sociedad no podemos otorgar el voto a aquellos que están coludidos con la delincuencia que asesina a nuestra familia, con aquellos que nos extorsionan, asaltan y nos hacen sentir inseguros, ni por aquellos que, por la corrupción o la ineficiencia, no aplican los recursos para generar empleos y servicios públicos.
La política, recordemos, es un ejercicio ciudadano para mejorar la sociedad, el entorno. Por ello, hoy la participación es vital, es literalmente cuestión de vida o muerte.




