Silvestre Pacheco León
RE-CUENTOS
¿Cómo que perdieron el registro?
Los dirigentes del PRT en el estado, reunidos en esa sesión histórica de disolución del partido, tomaron la decisión de informar a sus bases en medio de la consternación colectiva.
De acuerdo con los últimos resultados electorales, los votos obtenidos por el PRT eran insuficientes para refrendar su registro. Por lo tanto, su disolución como organización política era un paso consensado entre los miembros de su buró político.
La medida, aunque dolorosa, era inminente.
La determinación de disolverse fue tomada tras largas deliberaciones en las que ganó la idea de que en el espectro partidista nacional ya no había opción para la corriente trotskista y que, mientras en otros partidos se conservara vigente la corriente revolucionaria de izquierda, valía más fortalecerla llevando a ellos cada quien como militante el aporte del concepto de la revolución mundial de la que ellos eran portadores.
En adelante, cada quien tomaría sus propias decisiones para incorporarse de manera individual a otro partido, porque con la pérdida del registro se terminaban las prerrogativas y el pago a los funcionarios.
En Guerrero, el núcleo dirigente del PRT tenía la amarga responsabilidad de informar a sus bases de lo acontecido a nivel nacional, y para cumplir con esa ingrata tarea, formaron las comisiones que se trasladarían a cada una de las cabeceras municipales donde con años de esfuerzo habían alcanzado cierto nivel organizativo.
En la región de la Costa Chica, uno de los bastiones del PRT, era el municipio de Cuautepec donde el dirigente local hablaba la lengua oficial que es el amuzgo, y el español.
Cuando la comisión llegó a la cabecera, la plaza municipal lucía pletórica de banderas rojas que sus militantes ondeaban sin cesar como muestra de bienvenida a sus dirigentes estatales, a quienes una comitiva los había recibido en la entrada del pueblo con los llamativos collares de cempasúchil que colgaban de sus cuellos.
La emoción del momento invadió a los dirigentes estatales, quienes en emotivos discursos recordaron la trascendencia de sus luchas, los logros alcanzados y el futuro promisorio que les esperaba si lograban mantenerse unidos.
Sin embargo, el deber de informarles de la pérdida de su registro como partido era irrenunciable, y así lo entendía el dirigente estatal que en ése momento hacía uso del micrófono.
“¡Compañeros!, ante la necesidad de hablar siempre con la verdad porque ella es revolucionaria, hemos venido a decirles, con el dolor de nuestro corazón, que el PRT ha llegado a su fin, que la noticia que nos trajo la última elección es que hemos perdido el registro de nuestro partido, compañeros.
“Sin el registro, no podremos participar más en ninguna elección, y en adelante dejaremos de ver en las boletas electorales nuestro emblema, cuyo símbolo de lucha tan querido se encuentra en el centro de nuestra bandera”.
En un principio, la noticia que salió de la boca del dirigente estatal no causó ningún revuelo entre el público, y eso desconcertó un poco a los integrantes de la comisión.
En contraparte, la reacción del público se fue notando poco a poco, primero con cierta ambigüedad en su comportamiento, como cuando uno duda si la propia actitud es la correcta frente a un hecho cuyo sentido no nos queda muy claro.
Después, fue cierta exclamación pronunciada en amuzgo, que los visitantes escucharon e interpretaron como el llamado a un cónclave al que se invitaba a los presentes, con el fin de que pusieran atención y guardaran silencio.
Se formó luego un círculo entre los participantes en medio de la plaza, donde los de la primera fila se identificaban, por su avanzada edad, como los principales del pueblo, y porque en la deliberación que se hacía, ellos eran los que mostraban más autoridad.
Los visitantes no tardaron mucho esperando la traducción de lo que el pueblo había deliberado en su lengua originaria, porque en seguida el líder local bilingüe tomó el micrófono y habló: “Compañeros, todos los que estamos aquí reunidos hemos escuchado lo que ustedes nos han venido a decir, y queremos responderles que nos parece muy grande su descuido de perder el registro del partido PRT.
“Nosotros somos pobres y sin escuela, pero todos sabemos que en nuestras casas los papeles importantes deben estar siempre alzados.
“Los registros nosotros siempre los guardamos en un folder para que ni se maltraten ni se pierdan”.
–En cierto sentid” –dijo después una de las dirigentes–, tienen razón los compañeros, no cuidamos el registro lo suficiente, por eso lo perdimos.
¡Hijos, están rete gordísimos!
Don Nicolás comenzó a perder la vista muy joven. Sus hijos eran menores de edad cuando le diagnosticaron cataratas en los dos ojos.
Pasaron los años y poco a poco se fue acostumbrando a vivir con la sombra que se proyectaba en sus ojos.
Por fortuna, los hijos pudieron abrirse camino cuando crecieron y muy pronto sacaron ventaja de su viaje a Estados Unidos.
Siguiendo los principios de su padre, los muchachos se esforzaron trabajando y ahorrando.
Cuando estuvieron de regreso en el pueblo, lo primero que hicieron fue cumplirle a don Nicolás con la operación de sus ojos.
Para ver el mundo de nuevo, a don Nicolás le hicieron una fiesta familiar que reunió a toda la parentela.
La ceremonia se desarrollaba sin tropiezos hasta que llegaron al punto central del programa. A don Nicolás le retirarían la venda de sus ojos en cuanto sus hijos y parientes estuvieran acomodados en su derredor para que los reconociera.
Ya sin la venda en sus ojos don Nicolás recorrió la fila con su mirada, y a medida que avanzaba escrutando a la gente, su cara iba adquiriendo una impresión de sorpresa, hasta que exclamó.
-¡Hijos, están todos rete gordísimos!
Como lo dicho por don Nicolás era la prueba más clara de que había recobrado la vista, todos se abstuvieron de responder, menos el hijo mayor quien en tono de reclamo le dijo: –Mire, apá, si nos sigue criticando nos vamos a arrepentir todos de haber pagado su operación.




