Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jorge Castañeda

¿Cuál oposición?

Hay algo desconcertante en esta campaña electoral, detectado y denunciado por varios colegas, ante todo Germán Martínez en Reforma. Los dos principales partidos de oposición –pero Morena también– se han abstenido de atacar directa y personalmente al líder del partido de gobierno: Enrique Peña Nieto. Con la efímera excepción de la gira presidencial a Londres, ni el PRD ni el PAN han vilipendiado los incontables escándalos de corrupción y abuso –ciertos o no– atribuidos al gobierno por la prensa … de oposición.
Ni las casas, ni los lapsus, ni los contratos, ni los amigos, ni la censura o la cerrazón aparecen sistemáticamente en los spots, discursos, espectaculares o entrevistas de los candidatos panistas y perredistas. Con algunas excepciones, como los golpes a Claudia Pavlovich, en Sonora, o a Jaime Rodríguez, El Bronco, en Nuevo León, y en menor medida a Ricardo Monreal en la Delegación Cuauhtémoc, la campaña se ha caracterizado por su timidez y por la ausencia de las guerras sucias que adornan a todas las campañas del mundo.
Pareciera imperar un acuerdo siciliano, por no decir mafioso, de omertá: un pacto, tácito o sigiloso, de no pegarse, de no investigar, de no exigir respuestas específicas a acusaciones específicas. En una palabra, hoy en México vivimos una contienda electoral… sin contendientes, y una batalla democrática por el poder entre un gobierno puro y duro… y una oposición inexistente. Digamos: la pelea entre Pacquaio y Maywether –aburrida, sin golpes, por puntos y sin sangre.
Abundan las explicaciones. La más tonta es que las campañas negativas no redituan electoralmente; por desgracia, en todos los países democráticos sí funcionan. La más inteligente sería, según la especulacíon preliminar de Aguilar Camín, que el sistema político actual no aguantaría la tensión de un pleito de callejón entre todos. Peña Nieto hubiera tenido que renunciar –digo yo, no Aguilar– hace meses. Nuestro arreglo institucional no toleraría tal nivel de enfrentamiento: ni las reglas, ni los usos y costumbres, ni la idiosincrasia mexicana, acepta confrontaciones de esa intensidad.
Lo seguro es que la política, al igual que la naturaleza, aborrece el vacío. Si los partidos externos al régimen –otra cosa sería un gobierno de coalición– se niegan a cumplir su papel, otros lo van a hacer. En México, hoy, ciertos medios, al igual que en Brasil lo que se llamaba “a midia”, se perfilan como la única oposición real. Si Madero, Calderón, Jesús Ortega, el propio AMLO en esta materia, Ebrard y compañía, no hacen su chamba, la harán otros. Gracias a las redes, a la globalización, a la polarización de la sociedad mexicana, Aristegui, Jorge Ramos, Proceso y Reforma en sus denuncias estridentes, pero en ocasiones acertadas, pasarán a ocupar la silla vacía. No sé si al país, al sistema político y al gobierno les convenga.

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