Hay políticos presos por corrupción en Brasil, yo creo que va a pasar en México, dice el embajador
*Prepara Marcos Raposo la visita de la presidenta Dilma Roussef al país
Agencia Reforma
Ciudad de México
La corrupción no es un monopolio latinoamericano, brasileño o mexicano, pero sí es un problema que todos los países deben erradicar, afirmó el embajador de Brasil en México, Marcos Raposo Lopes.
Partiendo de que México y Brasil comparten problemáticas comunes, se le pregunta al diplomático sobre el combate a la corrupción.
“En Brasil tenemos algunos problemas serios de corrupción. Por otro lado, hay mucha gente que está siendo investigada en todos los niveles del gobierno, de empresarios, hay dueños de multinacionales, hay políticos siendo investigados, hay políticos presos”, refiere en entrevista.
“No voy a hacer comparaciones con México. Eso está pasando en Brasil, yo creo que va a pasar en México, si no está pasando, va a pasar, es necesario, hay que combatir la corrupción en los dos países”, indica.
“Es viable tratado de libre comercio”
El Embajador de Brasil, Marcos Raposo Lopes, bromea cuando explica las motivaciones de la Presidenta Dilma Rousseff para visitar México, luego de cuatro años de negociaciones.
“Es el broche de oro. Viene sólo porque es mi último mes”, dice entre risas el diplomático, quien está por concluir su gestión en el país para trasladarse a Perú.
Raposo celebra la visita de Rousseff, y le quita el matiz de que ésta implica un relanzamiento de las relaciones.
“No hay nada que relanzar, las relaciones están muy bien y difícilmente podrían estar mejor. Las estamos profundizando, eso sí”, comenta.
En los últimos cuatro años, precisa, se eliminó el requisito de visa -un irritante innecesario-, se triplicaron los vuelos directos y aumentaron el turismo, el comercio y las inversiones.
Además, asegura, cada año 300 mil turistas brasileños visitan México.
El Embajador cuenta una historia que, dice, tiene cansados a sus colaboradores, pero que incluso ha retomado el Canciller José Antonio Meade para retratar la presencia de México en Brasil.
Es el supuesto de un joven brasileño que abre un refrigerador General Electric, fabricado por Mabe México, para sacar un pan Pullman o Plus Vita, que son de Bimbo, y que se comunica con su novia por su celular mexicano a través de la compañía mexicana Embratel.
Los novios deciden que irán al cine y consultan la cartelera en Net, una empresa mexicana, y eligen Birdman. Van a un Cinépolis en un auto importado de México y después van a cenar a PF Changs, de Alsea, donde toman Coca Cola embotellada por Femsa.
“Terminado ese día, preguntas a esa pareja si tuvieron algún contacto con México, y te dicen que no”, relata el diplomático.
Por otro lado, destaca, la inversión privada más grande en México es de una empresa brasileña, Braskem, que junto con la mexicana Idesa construyen un polo petroquímico en Veracruz, denominado Etileno 21.
“Si un mexicano quiere ir a visitarlo, seguramente va a ir a bordo de un avión brasileño, va a tomar un camión Marco Polo, también brasileño, y ahí va a descubrir que el acero que se utilizó para hacer la fábrica es de Guerdau y con los generadores de electricidad de Weg. O sea, las historias de inversión entre nuestros países son muy buenas”.
El problema entre ambos países, insiste, es que no se conocen y prevalecen los estereotipos, el del mexicano con sombrero que duerme 90 por ciento del tiempo, y el del brasileño que juega futbol, baila samba y duerme el resto del día.
“No tenemos la menor idea de quiénes somos”, lamenta.
Pero la realidad, dice, es que México y Brasil son muy parecidos, tanto en lo bueno como en lo malo.
Liderazgo regional
A Raposo se le pregunta qué hay de la competencia por el liderazgo regional: Brasil en Mercosur, y México en la Alianza del Pacífico.
“No hay escenario que uno pueda imaginar que pueda ser bueno para Brasil y malo para México. O es bueno para los dos, o es malo para los dos, no hay situación intermedia”.
De la Alianza del Pacífico, que integran México, Chile, Colombia y Perú, advierte que no ha afectado el comercio con Brasil, que asciende a 10 mil millones de dólares.




