Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Abelardo Martín M.

Simplemente gobierno

Hace unos cuantos meses, cuando en el interior del priismo central se analizaba a los posibles candidatos a la gubernatura de Guerrero, el nombre de Héctor Astudillo Flores representaba el riesgo de “entregar” la gubernatura antes del proceso electoral. Sin embargo, el pragmatismo se impuso y la apuesta por el hoy triunfador de las elecciones del domingo en el estado dio resultados. Hay quienes afirman que no es tanto por la propuesta de Astudillo Flores, la misma que las de sus adversarios por la gubernatura, como por el cansancio de la ciudadanía guerrerense de gobiernos que se dedicaron a todo, menos a gobernar. Hoy el estado vive acostumbrado a la ingobernabilidad, al imperio de las decisiones de los más fuertes, mientras que la corrupción tiene vía libre.
Por culpa de la mercadotecnia política, muchos funcionarios asumen que la inseguridad es el principal problema del país y, por imitación, de todos los estados. Guerrero no es excepción. Sus funcionarios de gobierno se han tragado esa verdad, cuando se trata de un fenómeno de la percepción, no de la realidad. El principal desafío del estado es la miseria. Salud y educación son sus principales indicadores, seguidos por el de la falta de empleo remunerado, y falta de posibilidades de progreso individual y colectivo. No más, no menos.
De esta situación, de fondo y cuya solución es de largo plazo, emanan todos los demás problemas, especialmente el de la gobernabilidad. Equivocados en su diagnóstico, los políticos insisten en militarizar la política, cuando lo que habría que asumir es la falta grave de educación de la sociedad.
El problema principal del país y Guerrero es ya el paradigma, es ausencia de gobierno, falta de capacidad para cumplir con las responsabilidades inherentes a los cargos, tanto de elección popular como por designación directa. Los funcionarios gubernamentales caen en la trampa de quedar bien, cuando lo que se exige de ellos es que cumplan su trabajo y ejerzan, sin abuso pero con compromiso, la autoridad. Eso es lo que se ha perdido en Guerrero, en donde grupos políticos, económicos o delictivos han asumido, por el miedo y la violencia, el mando.
No se trata tampoco de un asunto de fuerza. Ahí está el fracaso de la militarización en diversos estados y zonas de la República a las que se han enviado contingentes del Ejército y la fuerza naval, sin que los resultados hayan sido satisfactorios, desafortunadamente. El ejemplo es Acapulco, adonde se anunció un amplio programa para erradicar la violencia mediante el control militar, y lejos de cumplir el objetivo pareció diseminarse por otras regiones del estado.
Por eso ahora, con el triunfo de Astudillo y su frescura podría abrirse una oportunidad. “Al proclamarse ganador, Héctor Astudillo propuso a ‘todos’ abrir un proceso de diálogo”, publicó El Sur en el reporte del resultado electoral del domingo. Astudillo dijo que su llamado está dirigido de manera especial a quienes en las últimas fechas se han manifestado. “El principal enemigo de Guerrero son la pobreza, la impunidad y la corrupción, manifestó el candidato del PRI a la gubernatura”. Además, mencionó que se busca generar un mejor clima social de paz y entendimiento en la entidad.
Declarado triunfador, Astudillo asume “como obligación política y moral convocar a todos y todas al diálogo y la reconciliación, porque el futuro no puede verse de otra manera”. El libertador de Sudáfrica, Nelson Mandela, tuvo como propuesta de gobierno la reconciliación, que le permitió superar el apartheid y la guerra civil entre blancos y negros que vivía su país. La propuesta resulta válida para Guerrero si su enfoque es contra la miseria. Luego señaló que los guerrerenses han decidido cambiar de un tiempo difícil y complicado, hacia un destino con orden y paz, “agradezco a quienes hicieron posible esta elección que se avizoraba complicada”. El principal enemigo de Guerrero es la pobreza, la impunidad y la corrupción, y dijo que la elección no le generó ni un enemigo, y que no vio a nadie como enemigo o enemiga.
En Acapulco, la situación es similar al resto del estado. Los habitantes se cansaron del PRI y por eso eligieron a Evodio Velázquez Aguirre, un político que ya desde 2012 buscó ser candidato a alcalde de Acapulco por primera vez, contendió como candidato del PRD contra el candidato de Movimiento Ciudadano, Luis Walton Aburto, luego de que los partidos de izquierda acordaron ir en coalición después de que en 2008 perdieron la principal ciudad del estado por salir divididos y el PRI ganó la alcaldía con Manuel Añorve Baños. En la contienda interna entre ambos partidos, el candidato se definió mediante encuestas y el vencedor resultó ser Luis Walton; Velázquez Aguirre reconoció su derrota, pero negoció dos regidurías en el Cabildo y espacios en la administración municipal.
Acapulco requiere también gobernabilidad. El paso de Luis Walton por la alcaldía y su aspiración a ser gobernador llevó al municipio al abandono. De nueva cuenta, el pueblo quiere y necesita gobierno, no sólo funcionarios que al tener un cargo se beneficien de él o de inmediato aspiren y dediquen su capacidad a otra meta.
El gobernador Salvador Rogelio Ortega Martínez publicó un desplegado en el que asume que la situación en el estado cambió. Dice: “Hace ocho meses, en Guerrero había incertidumbre, y muchos apostaban a la ingobernabilidad y a la desesperanza… Por eso, todos los días con diálogo y tolerancia, trabajamos de manera incansable en la construcción de los acuerdos necesarios con organizaciones, partidos, dirigentes y ciudadanos… Y hoy, juntas y juntos hemos demostrado que la democracia es la oportunidad y el derecho que tenemos las ciudadanas y ciudadanos para el relevo del gobierno, para sustituir a las autoridades a través del sufragio libre y de un clima de paz”.
Astudillo sabe que lo afirmado por el gobernador interino es parcialmente cierto. Guerrero es un volcán que emite fumarolas todos los días, y riesgoso sería iniciar “la conquista” de una cumbre (como dicen los alpinistas), con esas premisas. La principal crisis, el rezago profundo y evidente es el de la ausencia de gobernabilidad, la falta de autoridad respetable y respetada que haga valer el auténtico bienestar común. Salud, educación y crecimiento económico debieran ser las prioridades, aunque la tarea tarde más de un sexenio y los aplausos no se escuchen en todo este periodo. Hace falta más que ganas de festejar el triunfo, estar consciente de que Astudillo se ganó la rifa del tigre. Le valdría tener en cuenta el ejemplo de Ángel Heladio Aguirre Rivero, que se dedicó a festejar y se olvidó de gobernar. Lo que de verdad hace falta es, simplemente, gobierno.

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