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Exigen castigo a responsables del asesinato de Antonio Vivar en su sepelio en Tlapa

*Acompañan el funeral del joven activista del MPG integrantes de la CETEG, estudiantes, jubilados, vecinos de las colonias El Tepeyac, San Antonio, Emiliano Zapata, Cuba, Angostura, Contlalco, Aviación y 5 de Mayo. En el recorrido, piden los líderes la unidad del movimiento

Carmen González Benicio

Tlapa

En el sepelio del activista del Movimiento Popular Guerrerense (MPG) y egresado de la licenciatura en Desarrollo Comunitario Integral de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Antonio Vivar Díaz, se exigió castigo a los responsables de su homicidio.
El joven na savi del municipio de Atlamajalcingo del Monte fue asesinado por policías federales cuando éstos sitiaron la iglesia de la colonia El Tepeyac para liberar a una treintena de sus compañeros que fueron retenidos por vecinos y profesores para exigir la liberación de ocho manifestantes detenidos en la irrupción violenta que hicieron a las 2 de la tarde a las instalaciones de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG).
De acuerdo con testimonios, la noche del 7 de junio, al incursionar la Policía Federal violentamente y con gases lacrimógenos en la iglesia, los policías que estaban dentro se pusieron en guardia para salir, por lo que quienes los resguardaban intentaron cerrar la puerta, y fue entonces cuando los policías dispararon e hirieron de muerte a Vivar Díaz.
El sepelio fue convocado a las 11 de la mañana, por lo que cientos de vecinos llegaron al domicilio del joven activista asesinado, en la calle Añorve, de la colonia San Antonio. Ante la gran afluencia de acompañantes de los deudos, se cerró la avenida Colegio Militar al paso de carros. Amigos, vecinos y familiares, llegaron con lonas y pancartas que recordaban al Comandante Toño, como le decían por la boina que siempre llevaba, semejante a la del Che Guevara.
El recorrido se tuvo que organizar para dar orden al gran número de asistentes al sepelio. Al frente del cortejo llevaban el ataúd con el cuerpo y las fotografías del Comandante Toño o Comandante Cero, que llevaron sus hermanos y hermanas, amigos, su mamá y otros familiares, que le seguían.
Más atrás venían los integrantes del Movimiento Popular Guerrerense (MPG) Elmer Pacheco, Ubaldo Segura, Arnulfo Cerón; el líder de la CETEG, Ramos Reyes Guerrero; jubilados; vecinos de las colonias El Tepeyac, San Antonio, Emiliano Zapata, Cuba, Angostura, Contlalco, Aviación y 5 de Mayo; hubo también alumnos y profesores de la licenciatura en Desarrollo Comunitario Integral del plantel en Tlapa de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), del instituto Tecnológico Superior de la Montaña y de secundarias, así como ciudadanos que se solidarizaron con los dolientes.
El recorrido del cortejo fue por la avenida Colegio Militar, llegó a la calle Hidalgo, dobló por la avenida del Puente, sobre la comisaria ejidal algunos ejidatarios participaron en la agresión a los profesores el 5 de junio, cuando lesionaron a Juan Tenorio y Leogin Sánchez, y tomó la calle Morelos para regresar al centro de la ciudad.
Del carro de sonido que siguió al sepelio salía la letra de la Canción Guerrillera. Las consignas se repetían una y otra vez exigiendo justicia: “porque el color de la sangre jamás se olvida, los masacrados serán vengados” “Y ¿quién los vengará?, ¡el pueblo organizado!”, “¡Antonio vive, vive!” y “Vestido de verde olivo, políticamente vivo, No has muerto camarada”, entre otras.
En el recorrido habló el padre de uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa detenidos desaparecidos en Iguala, Melitón Ortega, quien invitó a la unidad, lamentó los hechos y responsabilizó al gobierno de una muerte más.
Así, el féretro llegó a las 2:45 de la tarde hasta afuera del Ayuntamiento, que el MPG tomó desde el 17 de octubre para exigir la presentación con vida de los 43 estudiantes y del que fueron desalojados el 1 de junio por un grupo de choque formado por colonos y transportistas afines a partidos políticos.
Lo despidieron según la costumbre, alzando el ataúd tres veces frente al inmueble desde la calle, para después subirlo al corredor y lo bajaron.
Luego de gritar más consignas, hubo una pausa, y Ubaldo Segura lamentó los hechos y aseguró que fue otro crimen de Estado que enlutó al país. Recordó que la lucha era de oposición al proceso electoral, que fue una jornada manchada de sangre con la que legitiman el poder, y llamó a la unidad a crear el concejo popular.
Pusieron en el altavoz una canción que Vivar Díaz compuso, que hablaba de lo que se roban los presidentes municipales y que la felicidad se iba como la tarde.
Siguió el recorrido a la catedral de San Agustín, adonde llegaron a las 3, y donde tuvieron que esperar una hora, porque la misa estaba programada para las 4 de la tarde.
La misa fue rápida, y a las 4:30 de la tarde los asistentes al sepelio salieron de la iglesia, tomaron la calle Fonseca y siguieron por Matamoros hasta el panteón, que fue insuficiente para albergar a quienes acompañaban a su última morada a Antonio Vivar. Muchos acompañantes de subieron a las tumbas y a los techos, mientras otros esperaron en la calle.
A las 6 de la tarde, el cuerpo fue sepultado luego de un Rosario que oró su hermana Alma, en el panteón de San Diego, al norte de la ciudad.
Ahí el líder de la CETEG, Reyes Ramos Guerrero dijo que no descansarán hasta que haga justicia, se solidarizó con la familia y dijo que continuarán con sus acciones y su exigencia de la presentación con vida de los 43 normalistas.
Uno de sus amigos dijo que se debía pensar en la unidad, porque él lo había hecho hasta el último momento, al unir a los vecinos y llamarlos a defender a los que eran golpeados por la policía en la colonia El Tepeyac.
Una maestra, desde lo alto de una tumba dijo que era bueno que la gente viera que el MPG no era violento, que nunca se metieron con la gente y que su causa era social, que quien reprimía era el Estado y había asesinado a Toño, quien cumplió su objetivo de unir a la gente, por lo que les pidió que se organizaran en su memoria.
Durante todo el sepelio se escucharon consignas, corridos en su honor, música de la banda de viento y los sollozos de sus deudos.
El lunes, la Secundaria Técnica 132, cercana a la colonia El Tepeyac, y el Tecnológico de la Montaña suspendieron clases. Este martes, las primarias del centro, como la Ignacio Manuel Altamirano y la Lázaro Cárdenas, no tuvieron clase. No hubo información oficial de que otras escuelas suspendieran clases por la situación de violencia que se desató desde el 1 de junio, tras la irrupción de un grupo de choque que desalojó a los del MPG del Ayuntamiento, la visita del gobernador Rogelio Ortega y la llegada de las fuerzas federales para el día de las elecciones.

Los taxistas y sus vínculos con el grupo de choque del PRI en Tlapa

Durante la mañana, y hasta el sepelio de Antonio Vivar Díaz, los taxis de El Señor del Nicho y Juárez no estuvieron en sus sitios cerca del Súper Che y del centro de Tlapa. Los del sitio señor del Nicho que circulaban, tenían en sus ventanillas escrita la leyenda, “Diálogo y reconciliación”.
Durante el recorrido del sepelio, jóvenes pegaron en los sitios de taxis una hoja con la fotografía de Antonio Vivar Díaz en que decía que fue asesinado el 7 de junio por policías federales. En el Señor del Nicho la caseta estaba abierta, pero no había ningún taxi. Después de que se retiraron, un chofer que no llevaba uniforme preguntó si sabían el nombre de quienes lo hicieron, con el argumento de que quería copias para distribuirlas.
La caseta del sitio Juárez, a un lado del Ayuntamiento, fue cerrada; también ahí los jóvenes pegaron las hojas.
Asimismo, estas hojas fueron pegadas en la puerta y paredes de la casa del candidato del PRI a la presidencia y virtual ganador, Javier Morales Prieto.
Los transportistas que formaron parte del grupo de choque tienen filiación priista y el hermano de Javier Morales Prieto, Rolando Morales Prieto, es el dirigente del sitio de taxis del Señor del Nicho.

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