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Se ofrenda con música, baile y teatro a los muertos en la fiesta de Todos los Santos

Karla Galarce Sosa

Las percusiones del huéhuetl –instrumento de percusión prehispánico– el aroma del copal, el sonar de los caracoles, así como los sonidos emanados de las cuerdas de violines y guitarras, fueron vehículos que mostraron la mexicana tradición al ineludible destino de la muerte en La Fiesta de Todos los Santos, en la que se hacen una serie de actividades artísticas en el auditorio al aire libre de Sinfonía del Mar y que concluye hoy.
La actividad, cuya temática principal fue la muerte, incluyó la exhibición de mojigangas, obras de teatro con títeres, lecturas dramatizadas, cuenta cuentos, números dancísticos y musicales.
El lunes por la tarde comenzó con un desfile de títeres gigantes que hicieron alusión al viaje a Mictlán, trayecto de los muertos por el río para hallar el descanso eterno según las tradiciones prehispáinicas.
La muestra incluyó manifestaciones artísticas prehispánicas, mestizas y aquellas totalmente contemporáneas. En todas ellas, el común denominador fue la preservación de las tradiciones mediante la narración de historia con múltiples lenguajes artísticos.
Sin programarlo, la presentación estuvo organizada por niveles: arriba, en el estacionamiento del auditorio, en un teatrino se contaron cuadros escénicos para celebrar el día de muertos con títeres y mojigangas; en el área de la orquesta del auditorio de Sinfonía del Mar el trío Los Salazar –provenientes de Hidalgo– tocaron sones huastecos; y en la parte baja, la antiquísima danza prehispánica fue una ofrenda a la mujer de faldas de turqueza: Tonantzin.
La programación se realizó ante un escaso público, la mayoría turistas que atentos siguieron el desarrollo de las actividades.
Entrevistado al concluir su participación, Marcos Salazar Tobar, director del trío Los Salazar, lamentó que las autoridades presten poca atención en el fomento de ese género musical que comunica historias y contribuye en la convivencia.
“Allá (en Hidalgo) es la costumbre tocar sones de casa en casa en una velada del día de muertos, luego, nos reunimos en el camposanto para tocarles a los muertos y a sus familias; es una tradición que nosotros conservamos, pero que por la música moderna se ha ido perdiendo”, dijo el músico.
En el trío participan también Giovanni Naranjo Buitrón y Francisco Naranjo Rivera, quienes fueron definidos en su presentación como músicos que tocan las danzas y la ofrendan hasta el día de su muerte.
El sombrerito fue uno de los sones que interpretó el trío, en el que se cuentan anécdotas entre amigos y parejas de enamorados.
Se explicó que la agrupación hidalguense cuenta con poco más de un año de haberse conformado.
Luego de la intervención musical, un grupo de 12 danzantes prehispánicos abrieron un “círculo de poder” en los cuatro puntos cardinales y ofrecieron a la Madre Tierra el sudor como ofrenda del fuego de su espíritu.
Ofrendaron esa tarde y pidieron “perdón por las ofensas y contaminación a las dádivas alimenticias”.
“Ofrecemos el toque de caracol, el aroma del copal, los pasos de danza”, cantaron al ritmo del huehuétl y las caracolas, las tlacoyolas y las sonajas de vainas y semillas.
Los repetitivos movimientos de los danzantes, los plumajes de sus tocados, contrastaban con el negro fondo del paisaje al anochecer y brillaron en sus saltos.
En seguida se presentó la danza de Los disfrazados, de la agrupación proveniente de Hidalgo y dirigida por Mauricio Victoriano Flores.
Las actividades comenzaron el domingo pasado, con la exhibición de altares de muerto, provenientes de las siete entidades que integran la región Centro del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), en el Centro Cultural Acapulco.

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