Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Julio Moguel

Lo nuevo en el tablero político nacional

(Segunda de tres partes)

Hablemos de futpol

De que duele, duele. La derrota de la selección mexicana de futbol frente a la selección de Ecuador en la Copa América, expresa en miniatura la tragedia de lo que en los niveles macros se escenifica en el país, a saber: la que proviene o emerge de la invención político-televisiva de un “héroe” que, como El Piojo Herrera, no es en lo esencial más que un empresario con agallas para lanzarse al ruedo cuando de lo que se trata es de conquistar fama y lana. Embelesado de sí mismo; esclavo del espejo; convertido en un ejemplo para niños, jóvenes y no tan jóvenes en la lucha por “lograrse un lugarcito decoroso en el mundo”; actor de altas y de medianas luces en la caja nacional televisiva; modelo de personaje rudo y señero capaz de conquistar no pocas voluntades del sector femenino nacional y de otros lares (de guapo y atractivo no lo bajó en su momento la conductora de televisión Adela Micha); promotor del “voto verde” en las pujas electorales del país; a lo que pudiera agregarse un interminable etcétera de etcéteras, El Piojo cae ahora con la misma velocidad con la que tuvo su ascenso meteórico. Ciertamente perdió una específica batalla y no la guerra (viene ya la Copa Oro), pero la ruta futbolera que ahora se dibuja en sus pizarras de diseño no parecen convencer a moros ni a cristianos.
¿No es acaso ese mismo esquema el que, desde otro ángulo y otras alturas, define las características del ascenso meteórico que el presidente Enrique Peña Nieto tuvo durante los primeros meses de su gobierno? ¿Y el que define también las rutas de su estrepitosa caída? Campeón en puntos de impopularidad en México y en el mundo, hoy por hoy el jefe del poder ejecutivo nacional ya ha iniciado el proceso de transición hacia la impostación-imposición de una nueva magistratura: la que en el marco de la estrategias planteadas por Los Pinos deberá llevar a buen puerto en el 2018.

Todo esto viene a cuento por…

Todo esto viene a cuento por las declaraciones de Peña Nieto sobre los resultados de las votaciones del pasado 7 de junio. Varias de ellas destacables, pero una significativa y sintomática en particular: la de que el PRI había ganado la mayoría “por los logros económicos” de su administración.
Cualquiera que sea el enfoque o la información de la que se parta, resulta obvio que dicha aseveración no tiene ningún sustento. Sobra en este espacio ofrecer datos duros de la propia información oficial, pero recordemos sólo lo esencial: caída sostenida del precio del petróleo; pronunciada devaluación del peso; previsiones a la baja en el crecimiento del PIB para lo que resta del 2015 y para el 2016, etcétera.
¿Qué hay entonces detrás de dicha declaración presidencial? El destape subliminal (no tan subliminal, en realidad) de su delfín de Hacienda para ocupar a partir de 2018 la silla presidencial. Con un acompañamiento cuasi-coral: el mismo día de la declaración citada de Peña Nieto, Luis Videgaray señaló, en la entrega del Premio a la Innovación Empresarial (del Banco Santander), que resultaban sumamente “alentadores los primeros resultados de las reformas (estructurales).”
Pero el proceso de afirmación o de reafirmación de Videgaray como el “hombre fuerte del Presidente” no se da sólo frente a los embates o peligros representados por los partidos de oposición, pues el propio PRI sufre un fuerte proceso de recomposición. ¿Con cuántos grados Richter y en qué niveles y alturas? Hablemos de lo que es más evidente y que tenemos en puerta, a saber: el cambio político de los mandos mayores en el propio organismo político institucional, con un fuerte empuje por parte de Manlio Fabio Beltrones, quien viene de ganar importantes posiciones en el proceso electoral (el más importante: la gubernatura de Sonora, con Claudia Pavlovich). ¿Ganará la presidencia del PRI? ¿Tendrá posibilidades de llegar a tal encumbramiento? Lo veremos en los próximos días. Pero ya otros territorios del priísmo también se mueven sin suficiente control…

Algo más sobre la crisis de la izquierda

Jesús Ortega, acaso el dirigente con mayor renombre del actual perredismo nacional, planteó en entrevista reciente que, vistos los resultados electorales, el PRD requiere avanzar hacia una “profunda renovación”. Deberá aplaudirse la capacidad autocrítica del máximo dirigente del partido del sol, pero convendría establecer los parámetros y las condiciones de dicha “renovación”: ¿implicará disolver el esquema de “corrientes políticas” internas y el sistema de cuotas sobre los que el perredismo acostumbra repartir(se) plazas, recursos, posiciones políticas y sistemas de mando y de control? ¿Supondrá que tiene condiciones para desplazar a núcleos de poder entronizados en su seno y que, más allá del “sistema de cuotas”, tienden a posiciones de derecha como tiende la cabra al monte? ¿Dejará a un lado sus devaneos con un Peña Nieto en caída libre para confrontar en serio las llamadas reformas estructurales y abrir una línea política de real y creativa oposición?
Pero no todo es negro o gris en el horizonte de las filas perredistas, pues sigue teniendo una fuerza enorme en el Distrito Federal –y en otros puntos estratégicos como en el Estado de México–, sin dejar de considerar lo que acaso sea hoy por hoy lo más relevante para ellos: su triunfo en Michoacán, con el liderazgo indiscutible e indisputable de Silvano Aureoles. Mas no es pecata minuta en el análisis el hecho de que el actual gobernador electo del estado no milite en las filas de Los Chuchos sino en la corriente Foro Nuevo Sol, con el añadido de que Aureoles vuela desde hace mucho tiempo con motores propios hacia rutas que aún no es fácil proyectar.
En resumen: el conjunto de equilibrios y de pactos que venían sosteniendo el edificio perredista entra ahora en fuertes procesos de re-conformación, en rutas no necesariamente positivas para el deseado proceso –dicho por Jesús Ortega– de “renovación”.
Otro caso a revisar es el del Partido del Trabajo (PT), organismo político que desde hace ya tiempo vive en el filo de la navaja en cuanto a sus presencias solventes (con solvencia en porcentajes electorales, pero también en cuanto a sus vínculos con “el movimiento de masas”) en el escenario de la política nacional.
El hecho simple y llano es que el PT se encuentra ahora a un milímetro de perder su registro como partido político nacional. Corrijo: Alberto Anaya (su máximo y eternizado dirigente) precisó recientemente que sólo faltaban a su partido “diez milésimas” para alcanzar el 3% de la votación nacional (condición planteada por la ley para que mantenga su registro). ¿Y cómo piensan adquirir esas diez milésimas? A través del proceso de impugnaciones actualmente en curso, con votos hasta el momento descontados que se sumen finalmente, por derecho, a su favor.
Pero no es necesario llegar al punto de saber si mantendrá o no su registro para ubicar las condiciones críticas en que se desenvuelve desde hace tiempo, al haberse convertido, más que en un verdadero partido político, en una simple franquicia manejada a modo por su histórica dirigencia nacional.

Punto y aparte: ¡¡Grecia!!

Algunos medios internacionales de prensa han registrado las voces planetarias que consideran que nos encontramos “al borde de una tragedia global”. El tema: la posibilidad de que Grecia no responda a los requerimientos de la deuda que mantiene con la Unión Europea.
Pero los griegos retadores piensan de otra forma. ¿Si no pagan al momento los mil 600 millones de euros que plantea la exigencia, causarán realmente una “tragedia global”? La verdadera tragedia –piensan los tercos revoltosos– se encuentra en los estragos que el capital financiero y los nuevos imperios neofascistas como el de Alemania han provocado en los pobladores mayoritarios de la mayor parte de los países de Europa y del planeta. Y lo piensan con el apoyo y el aval de la comisión internacional de expertos que audita la deuda griega, porque, al decir de dicha comisión, se trata “de unos acuerdos [de pago de deuda] que infringen los derechos humanos”. (El País, 18 de junio). Una vez más, entonces, David contra Goliat.
¿Con qué posición simpatiza usted, amigo lector?

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