Han visitado más de 6 mil personas las exposiciones de Da Vinci y Miguel Ángel
*El INBA ha dicho que con ambas muestras esperan superar todos los récords
Jorge Ricardo / Agencia Reforma
Ciudad de México
Cachucha de Disneyland, huipil indígena, Clara Soja, una guatemalteca residente en Los Ángeles, empuja la silla de ruedas de su mamá, 62 años, un defecto en la pierna izquierda, quien apenas conoció La Villa: “¡Uy, aquí hay más gente que en la Basílica!”, dice doña Concepción García.
Aquí es el Palacio de Bellas Artes, el primer piso, la sala donde se inauguró Leonardo da Vinci y la idea de la belleza. Son las 4 de la tarde, las dos están frente al estudio para el ángel de La Virgen de las Rocas, un dibujo de mujer u hombre de profundos ojos color papel envejecido.
Concepción es ama de casa, pero su opinión sobre esta muestra y la de Miguel Ángel Buonarroti. Un artista entre dos mundos, estrenada también ayer, podría resumir todos los comentarios: “Es muy emotivo, más si nos ponemos a pensar que (estas obras) tienen siglos y siglos y que nunca las habíamos visto”.
La primera exposición es la de Miguel Ángel. Todos saben (lo han leído, lo oyeron en la televisión o se los contó un amigo) que ésta es la primera vez que estos genios del Renacimiento están en México. No todos saben que la escultura de La Piedad es una réplica.
“Lo que más me preguntan es si es original y yo les digo que no, y entonces me dicen que por qué, y como no sé, les digo que yo sólo custodio. Entonces a veces me dicen que yo nada más estoy aquí paradota. Pero a ver, ¿quién se para aquí 12 horas seguidas?”, dice Guadalupe, una custodio.
Tiene La Piedad algo que provoca una gran paz, un sentimiento que uno sabe propio pero que no se puede definir. O quizás la idea de que esto es más real que las imágenes de los libros. “Es algo que ha alimentado la idea de cultura en Occidente, una idea de belleza que a todos ha inyectado”, expresa Irene Esparza, estudiante de Historia del Arte.
Más allá, al fondo, está el David-Apollo, un original, reluciente en su blancura de mármol, entre un silencio que de vez en vez interrumpe otro custodio. “Avance, avance, avance. No se detengan…”
Luego viene un túnel y uno se enfrenta a un autorretrato de 1515 de Leonardo, proyectado en una pantalla. Es la bienvenida a la otra muestra, con una decena de dibujos y bocetos. Pero en la sala del autor de la selfie más famosa del mundo, también están prohibidas las fotografías. Ahí los visitantes admiran El códice… o el estudio para La Virgen de las Rocas, mientras otros más se quejan de que no esté aquí La Mona Lisa.
“Es un engaño”, reclama un hombre a un custodio.
El INBA ha dicho que con Da Vinci, hasta el 23 de agosto, y con Miguel Ángel, hasta el 27 de septiembre, esperan superar todos los récords. Ayer, a las 19:25 horas, con grupos por entrar, el INBA informó que habían superado ya los 6 mil visitantes. Uno de ellos dijo que hay que entrar, mirar rápido y recordarlo: “Algún día diremos: ‘Yo vi a Da Vinci, a Miguel Ángel, en Bellas Artes”.




