Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
Narcos: segunda pregunta sin respuesta
¿Por qué la Iglesia católica no excomulga a los narcos y sus sicarios? No contento con enmudecerme y dejarme estupefacto con la pregunta de la semana pasada, el mismo fulano me hizo ésta, que tampoco supe ni pude responder. O sea, al menos un bautizado desertor y despistado como yo, pecador promedio pero les juro que de buenos sentimientos y noble corazón, supone que para que el Papa firme la excomunión de una persona, los pecados cometidos deben ser muy pecaminosos y/o el pecador debe ser malo, malo, pero de veras malo. Digo, no excomulga cualquier pelado, es el mismísimo embajador en la Tierra del Reino de los Cielos, el representante personalísimo de Dios ante los hombres. Digo, se supone que Dios es lo opuesto a Satanás, que el primero es el Rey del Bien y Mesías de los buenos, y el segundo Rey del Mal y Patrono de los malos. Y vaya que hay narcos y sicarios malos, malos, pero de veras malos. Muchos de las noticias y todos los de las leyendas urbanas, los multi-asesinos, los carniceros de rastros humanos, esos que todo mexicano reza por no atravesar sus caminos en cualesquier circunstancia y contexto. Entonces, ¿por qué la Iglesia católica no ha excomulgado a ninguno? No ha sido porque el Vaticano desconozca o menosprecie la maldad en ellos. Eso es lo que enmudece a cualquiera, que siendo tan malos se libren de la excomunión. En parte es porque en el tema de su excomunión no existe un acuerdo para decretarla entre los obispos mexicanos, pues la mayoría considera que aplicarla sería inútil porque “los narcos no tienen conciencia religiosa”. El debate no es nuevo, en agosto de 2005, el semanario Desde la Fe colocó el tema al publicar que para la Iglesia católica “los narcotraficantes están excomulgados de facto, porque se dedican a una actividad que atenta contra las personas, los valores y las autoridades, lo cual contraviene la doctrina cristiana. Por ello no es necesario declarar la excomunión para quien actúa de forma contraria al bien del hombre”. En noviembre de 2009, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) lanzó un “¡Ya basta!” a los productores, traficantes, comercializadores y consumidores, porque “el negocio de la droga es un ídolo que seduce, promete bienestar y vida pero sólo engendra violencia y muerte; por eso a todos los involucrados en este sucio negocio ya no se dañen a sí mismos y ya no sigan causando tanto daño y dolor a nuestros jóvenes, nuestras familias y a nuestra patria”. Luego de seis años debatiendo, aún no se ponen de acuerdo. Será que ni ellos entienden la definición oficial de los pecados graves que ameritan la excomunión. Según el derecho canónico, las causas de excomunión son apostasía (renuncia o abjuración de una determinada fe); herejía (idea o conjunto de ideas contrarias a la doctrina de una religión); cisma (escisión en el seno de una iglesia o de una organización semejante): profanación y sacrilegio de la eucaristía; violencia física contra el romano pontífice; absolución del cómplice contra el sexto mandamiento; consagración episcopal sin mandato pontificio; violación del sigilo sacramental, y (but of course), aborto. Quizá por eso a cualquiera deja estupefacto descubrir los nombres de varios famosos excomulgados, como el caso del cura Hidalgo y el generalísimo Morelos. A cada cual condenó la Iglesia a “que todos los ángeles y arcángeles, principados y potestades, y todos los ejércitos celestiales, lo maldigan. Que San Juan el precursor, y San Pedro y San Pablo y San Andrés y todos los demás apóstoles de Cristo juntamente, lo maldigan. Y ojalá que el resto de sus discípulos y los cuatro evangelistas, quienes por sus predicaciones convirtieron al mundo universal, y ojalá que la santa compañía de mártires, y confesores, quienes por sus santas obras se han encontrado agradables al Dios Todopoderoso, lo maldigan. “Ojalá que el Cristo de la Santa Virgen lo condene. Ojalá que todos los santos desde el principio del mundo y todas las edades, quienes se hayan ser los amados de Dios lo condenen; y ojalá que los cielos y la tierra y todas las cosas que hay en ellos, lo condenen. Que sea condenado donde quiera que esté, en la casa o en el campo: en los caminos o en las veredas; en las selvas o en el agua, o aún en la iglesia. Que sea maldito en el vivir y en el morir; en el comer y el beber; en el ayuno o en la sed; en el dormitar o en el dormir; en la vigilia o andando; estando de pie o sentado; acostado o andando; mingiendo o cancando y en todas las sangrías. Que sea maldito interior y exteriormente. Que sea maldito en su pelo. Que sea maldito en su cerebro. Que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes, en su frente y en sus oídos; y en sus cejas y en sus mejillas; en sus quijadas y en sus narices; en sus dientes anteriores y en sus molares; en sus labios y en su garganta; en sus hombros y en sus muñecas; en sus brazos, en sus manos y en sus dedos. Que sea condenado en su pecho, en su corazón, y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas, en sus músculos, en sus caderas, en sus piernas, pies y uñas de los pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo. Que desde la parte superior de su cabeza hasta la planta de sus pies, no haya nada bueno en él. Que el Hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga, y que el cielo con todos los poderes que hay en él se subleven contra él, lo maldigan y lo condenen.” “Amén. ¡Así sea! Amén”. ¡Uf! Este edicto de excomunión fue dado a conocer al Padre de la Patria el 29 de Julio de 1811, antes de ser pasado por las armas. Sin embargo, a pesar de semejante edicto divino, la Iglesia católica asegura que Hidalgo y Morelos murieron en su calidad de sacerdotes, ya que ambos se confesaron antes de morir. Aceptando sin conceder tal dicho, sería interesante saber de qué pecados graves se confesaron tan ilustres padres de la Patria. ¿Será que don Miguel anduvo “violando conventos, para sacar los bienes o para ultrajar a las religiosas”, como aseguró el excelentísimo cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez? Interesante también sería conocer los pecados graves que según la Iglesia católica cometió Fidel Castro para ser excomulgado. ¿Será que “una de las cosas que más indignaba a la comunidad católica internacional era la práctica gubernamental, ideada por Castro, de controlar la población utilizando el aborto a diestra y siniestra en todos los hospitales y centros de salud cubanos”, según la condena pública que hizo el Papa Juan Pablo II, en su visita a La Habana en 1998? Pero más que interesante, sería buen chisme si la Iglesia católica nos dijera los pecados graves cometidos por ¡Sinead O’Connor!, la cantante irlandesa, la única calva bonita que conozco… además de la de Barbara Mori. La versión no oficial es que al Vaticano le enchiló en serio su participación como invitada especial en el programa de comedia de la tele gringa Saturday Night Live!, en donde rompió una foto del Papa; la versión oficial, fue su ordenamiento como sacerdote por un obispo disidente. Aunque la cereza del pastel es la lista de algunos personajes legendarios que no cometieron maldades suficientes, según la Iglesia católica, para merecer la excomunión divina: Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Anastasio Somoza, Nicolae Ceausescu y Augusto Pinochet. Por fortuna, la segunda pregunta de mi inquisidor amigo fue tan retórica como la primera, por lo que tampoco se dio cuenta de que me volví a quedar mudo y estupefacto. arturosolisheredia@ gmail.com




