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Publican los nietos de Juan José Arreola sus cartas de amor a una década de su muerte

La publicación está integrada en lo fundamental por las cartas que Arreola le escribió a su esposa Sara

Mónica Maristain / DPA

Guadalajara

A 10 años de la muerte del escritor mexicano Juan José Arreola, que se cumplió ayer, los nietos del autor de Confabulario, Varia invención y Bestiario, entre otros, publicaron sus cartas de amor en el libro que lleva por título Sara más amarás. El trabajo, que fue presentado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que culmina hoy, estuvo a cargo del bajista Alonso Arreola y de su hermano José María, también un músico reconocido en el ambiente del rock mexicano. La publicación está integrada principalmente por las cartas de amor que Arreola le escribió a su esposa Sara. “Nos enteramos, esporádicamente, que mi abuelo se las había comprado varias veces a mi abuela en simpáticas negociaciones de pasillo, y que luego eran recuperadas por su hija Claudia en no menos de curiosas misiones de espionaje”, contó Alonso en el prólogo. “Orso, nuestro padre, también se halla en estas páginas, pero a la luz del recuerdo de Juan José y sus hermanas. Igualmente, (Jorge Luis) Borges, (Juan) Rulfo, La Gioconda, François Mitterrand (…) familiares y amigos, aparecen de vez en cuando apuntalando los recuerdos”, agrega. Arreola nació en 1918 en Zapotlán, en el estado de Jalisco, y aprendió francés viendo películas. Sobre este detalle, el escritor mexicano Juan Villoro comentó: “No contento con su don para los idiomas, estudió pantomima en París”. “Soy autodidacto, es cierto. Pero a los 12 años y en Zapotlán el Grande leí a Charles Baudelaire, a Walt Whitman y a los principales fundadores de mi estilo: Giovanni Papini y Marcel Schwob. Y oía las canciones y los dichos populares y me gustaba mucho la conversación de la gente de campo”, declaró en una oportunidad Arreola. Villoro consideró en diálogo telefónico con DPA que “Arreola era el undécimo mandamiento del Decálogo de Horacio Quiroga: la persona que había que conocer para escribir un buen cuento”. “Cuando conoció a su admirado Jorge Luis Borges, transformó lo que debía ser un diálogo público en una fervorosa letanía. Interrogado al respecto, Borges agradeció la amabilidad de Arreola para dejarle ‘intercalar algunos silencios’”, contó Villoro. A juicio del poeta mexicano Fabio Morábito, el principal aporte de Arreola a la literatura fue estilístico. “Cuando Arreola apareció se despreciaba la forma. Se creía que la literatura era únicamente sustancia y él demostró que la forma está relacionada con el contenido y que es lo que a su vez vuelve imprevisible el contenido”, afirmó. Al decir de Morábito, Arreola “jamás caía en clichés, me gustaba cuando hablaba y en todas sus actitudes había valentía”. Arreola construyó una mesa de ping pong con 22 capas de barniz chino y perdió sendas partidas de ajedrez con los poetas Homero Aridjis y Eduardo Lizalde, sólo por buscar infructuosamente la pieza más esquiva. Recitaba a Luis de Góngora y a López Velarde con una memoria prodigiosa. Sus cuentos magistrales, de “artífice que logró que un camello pasara por el ojo de una aguja y que los berrinches de un bebé se transformaran en energía”, son parte de una herencia literaria imprescindible. Arreola murió en Guadalajara, a los 83 años, el 3 de diciembre de 2001. “Cuando pienso en mi abuelo, pienso en hechos cotidianos simples que él se encargaba de volver extraordinarios y que para mí encierran no sólo su capacidad creadora, a través del lenguaje, la memoria y la asociación prodigiosa que tenía, sino el atrevimiento de la creación espontánea y la improvisación”, manifestó Alonso Arreola. El escritor fue recordado este sábado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con una lectura de fragmentos de su obra, que seleccionaron sus lectores. La presentación estuvo a cargo de la escritora y profesora de literatura de la Universidad de California Sara Poot Herrera, estudiosa de la obra del escritor jalisciense.

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