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Continuará la coacción del voto mientras no mejore la educación y el nivel de vida: observadora internacional

Mariel Ibarra / Agencia Reforma

Ciudad de México

Observadores internacionales reconocen que la coacción del voto es una práctica generalizada en América Latina, pese a que las normas electorales han previsto sanciones para combatirla.
El problema, apuntan los especialistas que forman parte de una comitiva acreditada por el IFE, radica en que la compra de los sufragios sigue siendo una irregularidad aceptada por millones de electores.
En opinión de María Teresa Álvarez, observadora electoral adscrita al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), mientras no se eleve la calidad de vida y el nivel de educación de la gente ésta seguirá pensando que la política no le beneficia en nada y aceptar o ver con normalidad esas prácticas.
La gente dice: “si a mí la política no me va a beneficiar, porque no me va a sacar de pobre, pues si me dan algo, aunque sean lentejas, pues órale, por lo menos eso me dijo el candidato. Si yo no tengo para comer y llega una persona y me dice que me da para comer ese mes, yo le digo: ‘¡cielo abierto, voy a comer un mes!’ Este señor me está dando comida, dinero o algo que yo le puedo dar a mis hijos, porque tal vez yo tengo muchas dificultades para dárselo un mes entero, así que acepto”, ejemplifica la observadora española.
De acuerdo con el análisis de Álvarez, además de elevar el nivel de vida y educativo, los países deben trabajar en quitar la idea de que no vale la pena participar en el procesos electorales si ya está todo decidido.
“La democracia debe partir de condiciones en donde uno pueda tener capacidad de decisión sin tener algo que la coarte”, destaca.
Wilfredo Penco, vicepresidente de la Corte Electoral de Uruguay, reconoce que en un país tan grande como México es más difícil controlar esas prácticas. No obstante, asegura que al exterior se percibe que ese tipo de anomalías se han ido reduciendo y que hay avances para erradicarlas.
“Hay una percepción de que ese tipo de prácticas se han ido reduciendo y hemos visto cómo se reciben las denuncias, las procesan y las reciben”, describe, aunque admite que quizá es necesario una normativa más estricta en la materia y un despliegue mucho más amplio y desarrollado para un control más efectivo.
El observador uruguayo, quien ha seguido en México los procesos electorales de 1997 en el Distrito Federal, así como las federales de 2000 y 2006, destaca que la participación ciudadana en la vida de los partidos políticos son elementos fundamentales para la consolidación de la democracia.
“El cambio que se procesó hace dos elecciones presidenciales, cuando el partido que había gobernado durante tantos años en México tuvo que darle paso a otro, generó una repercusión extraordinaria, no sólo a nivel nacional sino a nivel internacional. Se percibió que ese cambio era una necesidad que la propia sociedad había generando.
“Han pasado 12 años y creo que todos actores políticos han aprendido a convivir con la alternancia, los propio partidos deben de estar preparados para saber que del mismo modo que acceden al gobierno, pueden perderlo”, indica Penco, quien percibe en la sociedad mexicana una mayor madurez para buscar y aceptar la alternancia del poder.
Para Eduardo Núñez, director del Instituto Nacional Demócrata (IND) y observador electoral internacional desde hace 20 años, las leyes y la consolidación de las instituciones en México ha avanzado más que la cultura democrática de los ciudadanos.
Debido a la falta de esa cultura, el experto señala que en la mayoría de los países de América Latina la compra y coacción del voto es una práctica que se sigue realizando por todos los partidos políticos y aceptada por sectores de la ciudadanía.
“Por mejores reglamentos o mayores fortalezas institucionales que construyamos en los órganos electorales y en los mismos partidos hay una dimensión subjetiva que juega un papel muy importante en la democracia, que es la decisión de las élites políticas y de los ciudadanos de cumplir las reglas. Lo que hemos descubierto en América Latina, en general, es que la profundización de la cultura democrática es menor al avance de la modernización de las normas y las instituciones democráticas, es decir, que hemos avanzado mucho más en la dimensión formal que en la transformación de las prácticas y comportamientos políticos y sociales de nuestras sociedades”, explica el experto, originario de Costa Rica, pero avecindado en Guatemala, quien ha seguido en México varios procesos electorales.
Aunado a esto, señala que otro factor que propicia las viejas prácticas es que la democracia sigue teniendo una gran deuda con la ciudadanía.
“Una democracia cuyas instituciones no resuelvan el problema de la desigualdad o de la inseguridad es una democracia en deuda (…) la gente aunque cree en la democracia sigue sintiéndose insatisfecha para los resultados de la misma”, considera Núñez.

Del mundo para México

Los representantes de organismos internacionales darán seguimiento a los comicios en el Distrito Federal y otras entidades del país.
Nombre: Eduardo Núñez es oriundo de Costa Rica, pero representa a Guatemala.
Es director del Instituto Nacional Demócrata (IND) y observador electoral internacional desde hace 20 años.
María Teresa Álvarez, española. Politóloga y profesora universitaria, adscrita al programa del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), es la primera vez que realiza observación.
Wilfredo Penco originario de Uruguay.
Vicepresidente de la Corte Electoral de Uruguay, con 16 años de experiencia como observador electoral.

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