Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Pedro Isnardo De la Cruz

La corrupción transforma a los gobernadores

 

A la crisis de seguridad en Guerrero –herencia política acumulada en la que son corresponsables los gobernadores de al menos las últimas dos décadas–, se agrega ahora un episodio más de descrédito público. Después de haber despachado de 2005 a enero de 2011 en el Ejecutivo estatal, el contador público Zeferino Torreblanca postula su interés de presentar, ahora aparentemente por el Partido Acción Nacional, su candidatura para presidir por segunda ocasión el gobierno de Acapulco de Juárez. El tema fundamental, sin embargo, no son las ambiciones personales, sino la corrupción que se tutela desde quienes conducen las instituciones públicas. Actualmente, un universo importante de programas y funcionarios de la administración Torreblanca se encuentran bajo investigación administrativa y/o proceso judicial, acusados de manejo y destino ilícito de recursos y obras públicas. Los expedientes investigados sugieren que la corrupción fue tenaz y se metabolizó en los cuerpos de gobierno, penetrando mentalidades, valores, estructuras institucionales y redes empresariales múltiples. Torreblanca ha hecho públicos dos reclamos fundamentales: el gobernador Ángel Aguirre ha sido incompetente con el tema de la inseguridad y violó “las reglas no escritas” del poder. Respecto al primer señalamiento, la corresponsabilidad sobre la agudización de la violencia en el estado (y en particular en la que acosa la ciudad y puerto de Acapulco), implica a ambos gobiernos (aunque el de Aguirre apenas dibuja su crítico amanecer), pero sobre todo, exhibe en el CP Zeferino Torreblanca una divisa propia del político sin vocación: la ausencia de memoria sobre sus propias omisiones, errores y pésimos resultados, donde 4 de cada 10 guerrerenses desaprobaron su gestión, y fundamentalmente, se expandió la pobreza y desigualdad socioeconómica, el atraso educativo y el dominio del narcotráfico tanto en las economías regionales, como en los organismos de las instituciones policiales y de seguridad pública de Guerrero. El evangelio de la corrupción es el código que se pretende defender cuando se habla de las reglas no escritas del sistema. Se refiere a los pactos no cumplidos, donde Torreblanca confiesa no haber apoyado financieramente la campaña de Aguirre, intenta mostrar al gobernador Ángel Heladio como un mandatario que reproduce el vicio del nepotismo. Asimismo, evidencia al gobernador como quien no honra su palabra en los pactos traicionados. Si busca garantía de impunidad a él y los suyos, la escalada de ofensas personales y políticas de Torreblanca a Ángel Aguirre, a su gobierno y a miembros prominentes de su gabinete actual, podría llevarlo a un escenario de mayor riesgo e incertidumbre… no sea que involuntariamente alcance el destino que actualmente cumple el ex gobernador de Chiapas, Pablo Salazar Mendiguchía. En todo caso, las cuentas que se entreguen a los ciudadanos del escarceo mediático actual entre gobernadores, mostrarán a los guerrerenses no sólo si desde la voluntad y la mano del Ejecutivo estatal se participa en actos de corrupción, e igualmente importante, si las instituciones de la entidad permanecen corruptas. Por principio de cuentas, para garantizar buenos resultados políticos, es necesaria una condición: no ser corrupto. La corrupción o bien se ataja a tiempo, o ya resulta difícil intervenir con un poder extraordinario. Estamos ante un ex gobernador en campaña política, angustiado por la soledad política, ávido en negociar justicia y gracia del gobierno actual para su beneficio y el de allegados ex funcionarios, y al mismo tiempo, en búsqueda de un remanso de poder, ahora en el gobierno municipal de Acapulco. Es necesario que quienes han gobernado Guerrero, por una sola vez en la vida, se visualicen en el espejo de lo que no ha funcionado a nuestra entidad y a nuestra nación. Doctor en ciencias políticas y sociales de la UNAM.

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