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Eduardo Pérez Haro

Grecia vs la troika (I)

Para Eduardo Pérez Aguilar.

En Grecia se forjó la manera de ver y de pensar, de dialogar y de andar, de convivir, de concebir la belleza y la ética. De ahí surgió la política y la democracia, y fue tan grande su aportación a la construcción del mundo occidental que les quedaríamos a deber si decidiéramos otorgarles una beca vitalicia a todos los integrantes del pueblo griego. Pero nada de eso, por el contrario, el sistema capitalista en su expresión actual, ahora les tilda de flojos, derrochadores, inmoderados, desmedidos, excesivos, abusivos e ilegales, porque le dijeron No a las condiciones de austeridad que les mandatan los organismos financieros del capitalismo occidental para refinanciarles el pago de la deuda contraída por el Estado de la República Helénica.
Parecería natural, lógico e incluso justo que quien contrae una deuda la pague, ese es el sentido común frente a las reglas de intercambio propias de las sociedades de mercado y desde antes, pero dejémoslo acotado al mundo moderno reglado por el comercio. Lo paradójico de la regla es que no aplica por igual, pues en el periodo ulterior a la Segunda Guerra Mundial a Alemania se le condonó buena parte de su deuda, para no exagerar digamos que al menos la mitad.
Y cuando la banca que medió en la crisis de los llamados créditos supreme se intervino con una medida de rescate que le significó a la FED y al Tesoro de Estados Unidos, emisiones de dinero a cuenta del trabajo y el fisco de los años venideros. Este apalancamiento técnico a la manera de lo que en México, años antes, le significó el Fobaproa, representó una quiebra técnica del sistema bancario financiero que se resolvió mediante un mecanismo público con el cual se socializó la deuda privada, mas el problema no se redujo a una pena y dificultad de la sociedad norteamericana, pues el peso de la crisis de la entonces primera economía del mundo (2007-2008), repercutió sobre el resto del mundo. México tuvo un decrecimiento del -6.7% en 2009 y Europa, con mayor acento en los países del sur, se sumergió en una profunda crisis recesiva. Nadie se salvó pues el mundo oriental también se vio afectado por la crisis de occidente con el que apalanca sus acciones financieras y de comercio. China por ejemplo dejó los crecimientos del 13% que sostuvo por más de dos décadas y se colocó alrededor del 7.5%. Ahora se habla de la recuperación de la economía norteamericana (1.9%) y del declive de la economía China ante la caída de 35% en sus principales Bolsas de Valores, pero en sentido estricto no termina de suceder ni lo uno ni lo otro, en realidad lo que se presenta es un ajuste de la banda promedio de crecimiento mundial en el que se eliminan los picos y se adentra a una modalidad de menor y más lento crecimiento pasando de 5% a 2% como tasa promedio del crecimiento mundial.
En el fondo esta nueva circunstancia desvela el entrampamiento en el que se ha trabado la reestructuración mundial y la ampliación del mercado global, el primero por un “equilibrio” en la correlación de fuerzas mundiales prefigurado de alguna manera en la lucha por las hegemonías entre Occidente y Oriente, aunque la geopolítica de este proceso de reestructuración es mucho más compleja que esta metáfora, y la segunda porque la hegemonía que ejerce el capital financiero sobre el mundo productivo, el comercio y de la vida misma en todas sus dimensiones, ha frenado los procesos de innovación e inversión propios del funcionamiento de los mercados, digamos que se ha impuesto no sólo en la vida material sino en la ideología y la política y desde ahí pone a prueba sus dominios con la comparsa del mainstream como se suele aludir en inglés a la corriente principal de pensar y ver las cosas.
En este contexto es que se localiza Grecia, su deuda y su pueblo inconformado en el referéndum del 5 de julio pasado frente a la fuerza de la troika integrada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Central Europeo, quienes prefiguran el tótem del sistema financiero en Occidente y se hacen cargo de ajustar cuentas frente a los deudores. Pero una cosa debe de quedar clara y es que el origen de las dificultades económicas de los países que se han endeudado (incluidas las grandes economías como lo podrían significar el propio Estados Unidos o Francia o Italia o España o Grecia, o México), en su etiología actual proviene de los abusos y la quiebra del propio sistema bancario y financiero estadunidense en la ya referida crisis del 2008 con los créditos hipotecarios o créditos supreme que tuvieron la gracia de ser transferidos elevando su costo al grado de llegar a ser más caros que las casas que les soportaban y concluyeron con un colapso al no poder ser pagados ni con la venta de las propiedades, y es a esta leonina práctica especulativa que de alguna manera debemos esto que referimos como entrampamiento del desarrollo económico, para simplificar la explicación.
Durante el último quinquenio Grecia al lado de la Unión Europea y particularmente la llamada Eurozona referida a los países del sur con mayores dificultades para sufragar sus deudas, ha sido objeto de tres ayudas que no le han podido sacar del marasmo de sus dificultades económicas sino al contrario, pues su Producto Interno Bruto –es decir, su producción e ingreso nacionales– se ha reducido en un 25% y ahora deben el equivalente al 180% de su PIB que supera los 300 mil millones de euros, y ello se explica fundamentalmente porque el 90% de los apoyos recibidos, que son del orden de 230 mil millones de euros, se han usado para el pago de intereses de la deuda lo que significa que la troika les presta para que le paguen más no para su desarrollo y así, cada vez le deben más. Perdón por la abrupta analogía, pero me recuerda la mecánica de las tiendas de raya que siendo propiedad del hacendado, le daban víveres a los peones de la hacienda pues el salario no les alcanzaba para cubrir sus necesidades hiperbásicas de alimentación viéndose obligados a endeudarse y al morir se heredaba la deuda a los hijos (y de ahí se derivó una revolución).
Lo importante no es que les paguen, sino que les deban, es la manera de tenerles sometidos y desde el trabajo transgeneracional de los pueblos perpetuar los dominios de estructuras productivas que han ganado política y bélicamente su prevalencia impidiendo la competencia y el despliegue de la innovación tecnológica y la consecuente ampliación del mercado como mecanismo propio del crecimiento y el desarrollo de las naciones y del mundo. El capitalismo se ha traicionado y ahora se muerde la cola haciendo un círculo en el que encierra el desarrollo del mundo basado en el trabajo. Ahora su divisa es la segregación –desempleo– y la sobrexplotación –flexibilidad laboral– del trabajo en el racimo de empresas trasnacionales con el auxilio de los Estados nacionales que soportan a la burocracia multinacional a cambio de concederles márgenes de maniobra y mecanismos a modo para el control doméstico (léase “Estado” mexicano como ahora sugiere entrecomillarlo Jesús Silva-Herzog Márquez).
A pesar de que los montos de la deuda de Grecia es menos de lo que ya debe México (nuestro país produce poco menos de un billón de dólares esto es, alrededor de 15 billones de pesos en la actualidad y ahora ya debe alrededor del 50% del PIB) el tema de fondo independientemente de la aritmética de los montos y condiciones de los paquetes de negociación se entiende como un problema de disciplina política frente a la economía del sistema financiero, pues cierto es que el poder de dominio no es al final de cuentas un problema de dinero o de lo que se da en llamar capital financiero, pero en primera instancia el debate de la troika con Grecia es de orden político porque el desacato implica una fuente en donde puede abrevar el descontento del resto de los pueblos europeos, que no de los Estados, y de otras partes del mundo como bien podría ser América Latina.
Sí importa cobrarse, pero antes que otra cosa importa que se reconozca la autoridad de la troika y el sometimiento de largo plazo, pues se trata de darle prevalencia al sistema financiero internacional que no es distinto de los dueños de las empresas de bienes y servicios no financieros pero no son idénticos, se entrelazan y se mezclan pero no son simétricamente los mismos, porque el segmento de los dueños del capital productivo alberga a muchos otros que también están expuestos pues no hacen parte de la elite financiera internacional que hoy está en el top por encima de todos. Así, dado el carácter eminentemente político de la coyuntura, la discusión de la deuda se tensa en la correlación de fuerzas entre el pueblo y el Estado griego frente a la troika y sus dominios en la esfera global con prevalencia en los países del mundo occidental, Europa (UE) y América principalmente, y en ese marco la situación de Grecia es muy adversa.
Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia por la coalición de izquierda Syriza, no puede, ni el pueblo griego quiere, salir del euro y de la Unión Europea, nadie quiere aislarse del mundo y aunque los BRICS (los países emergentes Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, asociados en la creación de un Fondo de financiamiento alterno al FMI) le guiñen el ojo, no están en condiciones de asumir una controversia que podría rebasar los límites de la política y por tanto Grecia está obligada a hacer el mejor esfuerzo por concretar una negociación que le pueda perdonar algún volumen de la deuda (30%), obtener un periodo de gracia que supone suspensión temporal de pagos (20 años) y un flujo de al menos 50 mil millones de euros para aliviar el sistema bancario doméstico con el cual apalancar una salida productiva del difícil momento que atraviesa a cambio de introducir mecanismos de recaudación de carácter progresivo de tal forma que los que menos tienen retribuyan menos y su correspondencia con que los que más tienen contribuyan con más.
La prensa internacional ahora se da a exhibir al primer ministro como alguien que declina del mandato popular de dar la pelea y que a cambio se subordina a la troika y más allá, pero al cierre de este artículo todavía no hay un desenlace de las negociaciones que nos permita aceptar esta versión de los analistas y no se trata de ocultar nada ni de defender al susodicho porque sí. El pueblo griego puede perder la batalla mas no se chupa el dedo, la troika quiere de paso desacreditar a la izquierda que ha ganado las elecciones y el referéndum y así regresar a conservadores al poder que siempre le resultan menos rejegos cuando se trata de hacer descansar los sacrificios en las sociedades de base y disciplinarse al mainstream de la cultura y el poder dominantes. Empero, el pueblo griego está dando muestras de la cepa de origen y desconoce a sus engendros, no pide que se les dé ninguna beca sólo que a cambio de su trabajo puedan vivir dignamente…

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