Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Abelardo Martín M.

El rey va desnudo

Más frecuente de lo conveniente, los funcionarios gubernamentales viven alejados de la realidad, lo que no implica que la desconozcan, sino que por conveniencia personal y política, prefieren negarla, ya sea ocultándola o manipulándola. El resultado es el mismo, el gobierno vive el “síndrome del avestruz”: esconde la cabeza, cierra los ojos y se convence de que no pasa nada.
Es indudable que la aplicación del programa Guerrero Seguro ha producido resultados positivos, sin embargo la percepción pública se mantiene e incluso aumenta la inseguridad y el temor como su rasgo fundamental. Esto refleja que el gobierno quedó atrapado en un tema por demás riesgoso y perdedor: la seguridad o, su antípoda, la inseguridad.
Explicaciones van y vienen respecto a los resultados de las estrategias federales, estatales y municipales, pero el problema radica en la gobernabilidad, en el establecimiento de las prioridades de la administración gubernamental. Colocar por delante seguridad, antes que educación y salud es un error costoso, sin embargo ningún gobierno experimenta en cabeza ajena y si los publicistas dicen “seguridad”, el político por más experimentado que sea da crédito al “especialista”.
Los hechos son contundentes, luego de que el narcotráfico mantuvo una tregua durante la jornada electoral, las ejecuciones y balaceras regresaron sobre todo en los principales destinos turísticos, así como en la región de Tierra Caliente. En Acapulco, ya en plena temporada vacacional, las autoridades estatales registraron 16 ejecuciones por balaceras y ataques a viviendas.
Este domingo se dio un enfrentamiento entre militares y sicarios en las inmediaciones de Zihuatanejo, en la región de la Costa Grande, con saldo de cinco presuntos pistoleros abatidos y el decomiso de armas y vehículos con reporte de robo. El mismo día, pero en la región de Tierra Caliente se reportó un muerto y varias camionetas balaceadas en un choque entre bandas delincuenciales en el municipio de Coyuca de Catalán.
El vocero del gobierno que encabeza Ángel Heladio Aguirre Rivero, Arturo Martínez Núñez anunció ayer que la seguridad para habitantes y visitantes del puerto de Acapulco “está garantizada”. Durante la conferencia habitual de los lunes, se presentaron estadísticas delincuenciales registradas sólo en Acapulco en el contexto de la aplicación del operativo federal Guerrero Seguro, el funcionario estatal afirmó: “No permitiremos ningún hecho que atente contra la tranquilidad del estado”. La realidad, sin embargo, insiste en  ir en contra.
En las cifras oficiales, en los nueve meses de la Operación Guerrero Seguro (OGS), sólo en Acapulco se han registrado 623 ejecuciones denominadas “fallecimientos por rivalidad delincuencial”, eufemismo que no logra atenuar la violencia. El promedio diario de ejecuciones en el puerto durante los 275 días que lleva el OGS, no refleja una disminución significativa con los crímenes documentados antes de su aplicación, que sumaron 753 ejecuciones, un promedio de 2.7 asesinatos diarios, indican los reportes oficiales.
El proceso electoral atrajo la atención de los medios por un corto periodo, pero la realidad termina por imponerse y se vuelve a la violencia, tema que predominará en tanto el gobierno sea incapaz de establecer prioridades diferentes.
Las elecciones producen un cambio de personas y la recomposición de los partidos en los órganos legislativos, lo que oxigena la política aunque sea momentáneamente. No garantiza, por supuesto, ningún resultado.
Así, la autoridad electoral confirmó la mayoría para el PRD en el Congreso del Estado con 25 curules y la disminución del PRI, que tendrá sólo 11 espacios en la 60 Legislatura local. De acuerdo con la fórmula de asignación utilizada por el IEEG, el PRD tendrá cinco diputados de representación proporcional, el PRI cinco, el PAN dos, el Movimiento Ciudadano dos los mimos que el PVEM 2, en tanto que PT y Panal sólo alcanzaron una curul, respectivamente.
Ojalá estos cambios impliquen la modificación de las prioridades y las acciones correspondientes. Mientras tanto, habrá que ser realistas en el sentido de que si se hace lo mismo, exaltar la inseguridad, no tiene porqué haber un resultado diferente. Así se cumple la fábula de que mientras el rey cree que va vestido, todos los súbditos observan (y se sonrojan) que va encuerado.
Es cosa de tener, nada más, un buen espejo.

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