Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Eduardo Pérez Haro

Los estrechos pasadizos de la economía y el cambio institucional

Por los 43.

Según se había advertido meses atrás, las tasas de interés con las que se establece el punto de referencia del costo del dinero habrían de elevarse en grado alguno en la reunión del Banco Central de Estados Unidos pero no fue así.
Para tomar esa determinación de incremento se consideraría un nivel de crecimiento y un nivel de empleo que dieran cuenta de una fase franca de recuperación de la economía, de esa, la economía más grande del mundo, tras siete años de dificultades (crisis 2007-2008) y a pesar de que para el segundo trimestre de este año se obtenían cifras de suficiente solvencia (3.7% de incremento en el Producto Nacional y 5.1% en el nivel de desempleo) se decidió que ello por ahora no era suficiente pues había desajustes en los mercados financieros internacionales y por tanto riesgos de retroceso que no le permitían tal desplante.
Para los malabaristas de la economía el aumento en las tasas de interés mandaría una señal de fortaleza que bien le vendría a la nación más poderosa del mundo, pero para la mayoría de las fuerzas en juego ahí representadas eso no era más que un desplante y optaron por reconocer que no se reunían todas las condiciones pues bien saben que el alza derivaría en un brete (encarecimiento del crédito) para estimular la dinámica de inversión-trabajo y con ello el ingreso llevando los empréstitos a la condición de pasivos, deudas acumuladas.
Sin embargo, al tomar la decisión de no elevar el costo del dinero, implícitamente se mantiene una línea de ayuda financiera que de no encontrar una respuesta pronta de recuperación y expansión de la economía, en este caso específicamente la economía norteamericana, más pronto que tarde podría requerir de otra emisión de auxilio (Quantitative Easing) que podría suponer 600 u 800 mil millones de dólares que se sumarían a una deuda que ya rebasa el equivalente al cien por ciento del producto anual de la economía más grande del mundo, encontrando niveles de dificultad muy elevados para solventarse, como ha venido sucediendo entre diversas economías del orbe.
Canadá, otro de los grandes que hace parte del G-7, ha llegado a circunstancias semejantes en el nivel de deuda cuya consecuencia actualmente se reconoce en un estado recesivo de su economía, esto es, crecimiento negativo, o Japón en situación similar, lo que por analogía podría reproducirse en la economía norteamericana, dice el propio comunicado de la FED como se alude a la Reserva Federal que funge como el banco central de la economía estadunidense, que ello depende de que las dificultades de la crisis de China no se profundice.
Eso parece que no corresponde a la tan referida primera economía del mundo y la tradicional arrogancia de Estados Unidos, ahora resulta que les puede ir bien siempre y cuando no le vaya mal a China. ¿Que dirán en los pasillos de la SHCP donde la esperanza de México se atiene a la economía del vecino país del norte donde ahora confiesan depender de la economía China? A eso habría que agregar que la economía China en caso de evitar una profundización de su situación se dirige a anclar su proceso en el mercado interior con lo cual no abona a aproximar el milagro esperado. No se auguran las mejores condiciones para la esperanza norteamericana y menos aún para la de México. No me referí a Europa dentro del razonamiento, pero no agrega mucho, está en las mismas.
Se han disipado los llamados “motores del crecimiento”, la dinámica económica no advierte clara recuperación, se le inyecta dinero y no avanza. ¿Dónde está el problema? Buena parte del dinero entra y regresa al mismo circuito financiero, se canaliza en el pago de las deudas, la producción recibe una menor cantidad y los salarios una más menor cantidad, pero ese círculo perverso no es el único, pues los dineros que ingresan a la producción de bienes y servicios lo hacen en las llamadas empresas de clase mundial, trasnacionales y multinacionales que se asientan en los territorios de las principales economías G-7 y G-20 dejando que el resto de los países del mundo se las arregle como puedan con lo que se va derramando de los economías desarrolladas o menos fregadas o con lo que le dejan las empresas extractivas que van por los preciados recursos naturales del mar, la minería y los recursos energéticos en los países pobres o menos desarrollados, atrasados para decirlo como se debe.
Por supuesto en esta configuración global, a las medianas y pequeñas empresas que se hacen cargo de los mayores volúmenes del empleo nacional-global no llega el financiamiento y por ende la tecnología, la infraestructura ni las mejores condiciones de trabajo-ingreso. Y ya no hablamos de los países subdesarrollados o de los llamados países en vías de desarrollo, sino de los propios países desarrollados como ahora sucede con el crecimiento y el empleo del segundo trimestre de la economía de Estados Unidos donde la industria manufacturera no es el aportante principal y donde el empleo generado es de condiciones muy precarias, lo que da cuenta ya no sólo de la centralización financiera y la concentración productiva en los servicios o el desplazamiento de la industria en la pomposamente llamada terciarización o era posindustrial, sino en el bloqueo en la innovación y admisibilidad de nuevos productos y empresas, aún en el interior de las naciones avanzadas.
La reproducción del capital que comprende al propio trabajo-ingreso basado en la ampliación del mercado (léase nuevos productos y empresas), está siendo bloqueado-bloqueada y la discusión monetarista de perfil neokeynesiano o neoliberal, se ha venido relevando bajo distinta tonalidad sin poder destrabar la baja o nula dinámica de crecimiento económico porque debe reconocerse que no hay una dificultad estrictamente técnica en una modalidad u otra, sino la ausencia de reconocimiento sobre la naturaleza política del problema, ya sea porque no se le percibe o porque se le reconoce pero no conviene revelarlo en protección de los intereses que se protegen detrás de una versión o discusión técnica o de lo que se da en llamar el modelo económico.
“No sólo de pan vive el hombre”, reza la encíclica venerable. Y lleva razón, en la vida no sólo la materialidad es el único contenido que media en la supervivencia y la reproducción social y más aún podemos decir que la misma producción material no es un acto exclusivamente material, pues median formas particulares de organizarse y de relacionarse para arribar a los diversos satisfactores, asimilarlos y reemprender el ciclo para cubrir las incesantes necesidades, lo que lleva a reglamentar derechos y deberes, y para ello se erigen autoridades representativas que en nombre de las sociedades de base, colectivos, empresas e individuos observan su cumplimiento con la potestad de sancionar a quien o quienes no correspondan.
La economía presume que la producción y el consumo se ajustan solos, que no es necesario que le pongamos reglas; otros plantean que habrá que regularles para evitar las tendencias naturales de la sobreproducción o el subconsumo; otros apelan a la intervención del Estado para eliminar las deformaciones del monopolio. Pero el problema de la economía deviene problema de la dinámica social y de sus instituciones donde el Estado es una dimensión e incluso hasta ahí llega la cultura y la idiosincrasia con el agregado de que ahora se resuelven en el contexto de la globaliz@ción.
Estas son las instituciones que formales e informales se imbrican sobre las bases de la economía a su vez sustentada por el trabajo productivo, el comercio, la distribución y el consumo. No hay economía sin sociedad con sus creencias y capacidades, ni creencias y capacidades de la sociedad sin la economía de la producción, el intercambio, la distribución y el consumo. La economía como esfera independiente es una abstracción sin contenido ni solución, ni tampoco hay perspectiva de las élites sin sociedad consumidora de su energía en el trabajo productivo y en el consumo de su reproducción.
La problemática que se describe arriba sobre i) la centralización preponderante del sistema financiero sobre la economía o del ii) bloqueo a la generación de nuevos productos y la ampliación del mercado como área de oportunidad para el trabajo y el ingreso, o la iii) precarización de las condiciones de trabajo que ponen en juego los ciclos de la reproducción de la fuerza de trabajo esto es, la vida, dan cuenta de un trastocamiento de la reglas de funcionamiento de la producción-reproducción. Estos son los estrechos pasadizos de la economía que nos lanzan al inevitable encuentro de contradicciones que se tornan irresolubles (dicho sea sin haber internalizado la gran contradicción creada entre la sociedad y la naturaleza a propósito del calentamiento global que pareciera que nadie nos lo tomamos en serio, pero los problemas que ello significa también ya están ahí y no son menores ya en su expresión actual). Las migraciones y los circuitos de alta tensión y los frentes de guerra también se acicatean en el tránsito por estos estrechos pasadizos de los tiempos actuales y por venir.
Luego entonces, debemos reconocer no sólo los datos de las dificultades en la economía y tratar de forzar los dineros para uno u otro lado. O que se haga pues, no hay por qué renunciar a esas batallas, pero de nada servirán si sólo son denuncias de problemas y reclamos de dinero o de justicia, reclamos pues, a cualquier nivel y para cualquier cosa. De nada servirán si no se inscriben en una perspectiva superior, serán batallas perdidas y ganadas pero quedarán en la historiografía de las batallas que producen héroes pero no las transformaciones del desarrollo, batallas y héroes de los que ya tenemos muchos pero sin haber instalado un desarrollo donde venga de por medio una vida buena para todos.
Son las creencias y capacidades instituidas que no sólo las del pueblo sino también las de las élites, las de los poderes fácticos, las del Estado o las del gobierno, las instituciones todas que se han creado a lo largo de nuestra historia y que ahora se someten al cruce de las fuerzas glob@les, de lo que ha resultado un entramado que nos tiene entrampados en el atraso. Por eso el debate de la economía no es un juego simple de la racionalidad, sino tarea compleja de la transformación de las instituciones que corresponde al trabajo diario en distintos frentes para el procesamiento de nuevas maneras de ver y entender, de nuevos acuerdos y compromisos, de nuevas reglas en los planos nacional e internacional, lo que presupone muchos procesos políticos y no pocas batallas.

[email protected]

468 ad