Con gases y pedradas policías impiden el paso a padres y normalistas de Ayotzinapa a la capital
*Los estudiantes se niegan a ser revisados, incendian un camión y arrojan petardos y piedras contra los agentes estatales. Hay tres activistas heridos, entre ellos el papá del joven desaparecido Jhosivani Guerrero, además de 11 policías. Dirige la represión el militar y secretario de Seguridad Pública estatal, Pedro Almazán, quien acusa de “radicales” a los manifestantes
Lourdes Chávez
Tixtla
Policías estatales impidieron el paso a estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa y a padres de los 43 desaparecidos, en la carretera de cuota Tierras Prietas-Chilpancingo, cuando se trasladaban unos a la Ciudad de México y otros a la capital del estado, lo que devino en un desalojo a gases y en un intercambio de pedradas.
El saldo fue de tres activistas lesionados, entre ellos el papá del normalista desaparecido Jhosivani Guerrero de la Cruz, Margarito Guerrero, que recibió el impacto de una bala de gas en las costillas, además de 11 policías, la mayoría con heridas leves pero cuatro hospitalizados, según reportes oficiales.
Las diferencias comenzaron cuando los padres de los desaparecidos rechazaron la revisión en el retén de la Policía Estatal, que consideraron una agresión a su movimiento en el marco de las protestas a un año de la desaparición forzada de 43 estudiantes en Iguala.
Explicaron que sus acciones políticas no hacen daño a las personas, en cambio, los policías son cómplices de los crímenes del 26 y 27 de septiembre en Iguala, “hay videos” de la intervención de los estatales en los hechos de Iguala, dijo la señora Bertha Nava, madre del estudiante masacrado Julio César Ramírez Nava.
Eran las 7:40 de la mañana cuando una comisión de padres solicitó a un mando policiaco el paso libre en el túnel de la carretera, sin que los revisaran los agentes que tienen un cerco policiaco que se instaló antes de las votaciones del 7 de junio en esta carretera, cuando los activistas promovieron el boicot electoral como medida de presión. En pleno proceso electoral, policías y estudiantes también protagonizaron una pelea campal en ese sitio porque se les impidió el libre tránsito.
Ayer en el túnel había unos 300 policías estatales esperando a los normalistas para impedir el paso de cohetes y otro material explosivo a la capital, porque un día antes los jóvenes arremetieron contra las oficinas de la Fiscalía General del Estado (FGE).
En punto de las 8 de la mañana, casi de manera simultánea comenzó una lluvia de piedras en doble sentido, entre antimotines apostados en una ladera y estudiantes en la carretera, junto al incendio de un camión tipo torton en la entrada del túnel, que impidió el paso de vehículos oficiales hacia los estudiantes que rebasaban en número a los uniformados.
Los estatales dispararon granadas de gas lacrimógeno directo a los manifestantes, mientras las explosiones de cohetes, bombas molotov y algunas detonaciones de fuegos pirotécnicos se expandían en el aire como estrellas.
Dirigiendo la represión estuvo el secretario de Seguridad Pública, Pedro Almazán Cervantes, que se distinguió entre los uniformados de azul marino por su camisa celeste, y frente a él, su guarura con guayabera blanca sostenía un escudo de antomotín, mientras el militar en funciones de jefe policiaco gritaba las instrucciones.
Entre pirotecnia y gases, la pelea se extendió casi una hora de forma casi ininterrumpida con tres escenarios distintos de riñas, hasta que los estudiantes volvieron a la Normal con cuatro policías retenidos, que liberaron más tarde. Se explicó que con ellos buscarían una negociación si en el evento hubiera detenidos. No los hubo y devolvieron a los policías a través de la Policía Municipal de Tixtla.
Al terminar la confrontación, el secretario de Seguridad afirmó que no permitiría que los normalistas “vuelvan a vandalizar a la ciudadanía”.
Añadió que los estudiantes se negaron al diálogo y los policías respondieron a los ataques con cohetones, “la ciudadanía necesita paz, necesita tranquilidad, ellos han roto cualquier diálogo, la fuerza pública está para garantizar la tranquilidad. Hemos sido tolerantes todo el tiempo, pero ellos son radicales, sabemos incluso que viene gente de fuera del estado a apoyarlos a una situación radical y no lo vamos a permitir”.
Por la tarde el funcionario golpeó con una varilla a estudiantes del Centro Regional de Educación Normal (CREN) que vinieron a la capital desde Iguala para solicitar material didáctico en una oficina de la Secretaría de Educación Guerrero (SEG) en Chilpancingo, al parecer, porque los confundió como parte del movimiento de Ayotzinapa.
“Me falta un hijo, por qué no va a buscarlo”, reclama un padre a policías en el retén
Para no olvidar los crímenes de Iguala, el movimiento por los 43 aprobó un plan de acción a un año de los ataques de policías municipales contra estudiantes y otros civiles, del 20 a 27 de septiembre.
Las autoridades estatales sabían que ayer continuarían las protestas, y los padres y normalistas salieron de la Normal Rural en Tixtla, en seis autobuses del servicio público. A las 7:40 de la mañana se encontraron con el retén de la Policía Estatal en el túnel que después de la confrontación fue vigilado por unos 600 policías federales y de la Gendarmería.
Aún no terminaba de levantar la neblina cuando los padres pidieron al jefe del grupo que les diera paso para ir a una actividad de manera pacífica, explicó el vocero Melitón Ortega.
El mando dijo que debían revisar que no llevaran cohetones, bombas molotov u otros objetos para agredir o quemar en los camiones.
El vocero insistió en que los destrozos en la FGE, son pequeños daños materiales en comparación con el agravio a los padres de familia, “para nosotros son vidas de los estudiantes, es el coraje de los padres y de los estudiantes”.
El policía mantuvo su postura, y molestos, los padres de los desaparecidos cuestionaron el excesivo uso de la fuerza pública, “me falta un hijo, porque no va a buscarlo, cabrón”, demandó uno de ellos.
La señora Bertha Nava cuestionó “¿por qué no revisaron los carros en Iguala, hay videos de que ahí estuvieron, no sean tramposos… bien que los vieron, hay videos, y el gobierno está (metido) hasta el cuello –en el crimen de Estado-, sabían que nuestros hijos no estaban armados y los masacraron”.
Advirtió que pasarían a como diera lugar, y a las 5:30 de la tarde los padres cruzaron el retén de la Policía Estatal tras una ligera revisión de los maleteros, en los que llevaban agua y fruta. Ya no había federales ni gendarmes en la vía. Algunos padres bajaron sólo para continuar los reclamos a los uniformados y no les permitieron el paso al interior de cuatro autobuses.
Los padres se trasladaron a la Ciudad de México a preparar la reunión con el presidente Enrique Peña Nieto, programada para el jueves 24 de septiembre, donde también participará el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), auspiciado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
La pelea campal
La riña entre policías y estudiantes tuvo tres escenarios en los que se agotaron todos los gases lacrimógenos de los policías y, posiblemente, toda la pirotecnia de los normalistas.
Primero, frente al túnel donde los estudiantes estuvieron en descubierto frente a los policías que estaban en una colina, a un lado de la carretera y arriba del túnel. Ahí, un grupo de avanzada aguantó la mayor parte del embate policiaco.
El otro sitio fue alrededor del cerro que ocuparon los policías estatales, donde hubo un encontronazo casi cuerpo a cuerpo y los estudiantes retuvieron a cuatro policías antimotines: dos hombres y dos mujeres. Inicialmente se mencionaba que eran cinco o seis. Al final entregaron a cuatro sin más reclamos de las autoridades estatales.
Ante la desventaja geográfica y la intensidad de los gases, los normalistas se replegaron a una zona más alta, donde tuvieron otro choque a pedradas, gases lacrimógenos y bombas molotov. En este caso los policías en desventaja volvieron a una curva para resguardarse.
Distinto a los policías que les basta una orden para actuar, entre los normalistas los jóvenes liderazgos animaban la contienda con frases fuertes de lucha y dignidad, “no corran, tienen que bajar esa bola de (…), si no pica tanto esa madre”, en alusión a los efectos del gas que provocó vómito en algunos.
Entre ellos se notaron voces con marcado acento norteño de las normales rurales del norte del país que los vinieron a apoyar, “entrénle si no para qué venimos de tan lejos”.
También se hacían llamados a evitar detenciones, “si se llevan a uno debilitan el movimiento” decía uno, y otro que en plena retirada regresaba a media carretera lanzando piedras respondió, “uno, uno no es nada, ellos se llevaron a 43”“. Como ellos, algunos padres de familia descargaron con piedras parte de la rabia que sufren a diario.
Así como los policías golpeaban sus escudos con macanas para amedrentar, con tubos y palos los estudiantes golpearon las láminas de contención en la carretera, y mientras llevaban a los policías retenidos les decían, “buenos para nada”, y otros ordenaban “no les peguen, no les peguen”, pero los hombres ya llevaban brotes de sangre en la boca.
En el último punto cuando los policías retrocedieron por una mejor posición, los inconformes se fueron cantando las consignas de su lucha, “Ayotzi vive, la lucha sigue, sigue”, “porque vivos se los llevaron, vivos los queremos”.
Los policías estatales se quedaron en la carretera y tras el túnel con el camión de carga incendiado y sofocado por bomberos, se observaron a cientos de policías federales armados con granadas de mano de gas lacrimógeno, más grandes que los proyectiles de las lanza granadas. Llegaron en cinco autobuses y 29 patrullas.




