Fantasías
Carlos Rojas
Otra vez el presidente Fox ha hecho una de sus desafortunadas declaraciones, como una de las tantas que acostumbra pronunciar, durante sus giras internacionales. En esta ocasión el jefe del Ejecutivo federal señaló la posibilidad de que nuestra economía se coloque al mismo nivel que la de Japón y la de Estados Unidos en un plazo muy breve.
Es comprensible, hasta cierto punto, que en su optimismo, siempre desbordado, esté la ilusión de que México alcance pronto un crecimiento acelerado y sólido. Todos quisiéramos que así fuera, porque con ello podrían salir de sus precarias condiciones de vida millones de personas que han sido marginadas de los procesos del desarrollo, a causa esencialmente de una política económica devastadora.
El problema es que el actual régimen no podido llevar al país a esos estándares de competencia internacional. Por el contrario, nuestra economía está atrapada en un impasse, debido a la incapacidad gubernamental que, en lugar de la autocrítica y la corrección de sus desaciertos, sólo atina a culpar a agentes externos del nulo crecimiento económico y la pérdida de cientos de miles de empleos.
El desaforado pronunciamiento foxista de que tan sólo en unos años México dará un verdadero salto al primer mundo, ante los dirigentes de los países que lo conforman, sorprendió a la opinión pública nacional e internacional, pero sobre todo debió haber provocado, por lo menos, una sonrisa maliciosa y diplomática de quienes hoy conducen los destinos de la humanidad. La candidez de Vicente Fox parece sobrepasar la realidad, debido a las trapacerías que le hacen sus asesores, al obligarlo a decir cosas fuera de toda lógica, además de proyectar una imagen muy riesgosa para el país, al evidenciar la ilimitada demagogia de un gobierno desesperado por recuperar la confianza de propios y extraños.
Ese afán por quedar bien e impresionar no es más que un lamentable desplante que pone en evidencia una enorme ingenuidad política, porque a nadie, con un poco de experiencia en ese terreno, puede escapar que si alguien cuenta con información detallada sobre la situación que prevalece en nuestra economía y la del resto del mundo, son precisamente los presidentes de las naciones más poderosas.
Independientemente de que para inscribirnos en el primer círculo de las economías más desarrolladas sería indispensable, antes que nada reducir la pobreza de manera sensible, al contrario de lo que está ocurriendo, también se requiere recuperar y sostener el ritmo de crecimiento. Para ello resulta inevitable generar confianza en quienes participan en el proceso económico: principalmente los empresarios y los inversionistas que, además de desempeñar esa función, también han sido la base de apoyo y control del presidente Fox.
Lo grave es que a quienes en apariencia sí escucha y sigue Vicente Fox y de quienes llenó su gabinete; es decir quienes ejercen el poder Ejecutivo real en México, han pasado de la decepción a la desesperación en cuanto a las oportunidades que debería haber en el país para hacer negocios.
En la voz de uno de los más representativos industriales, la falta de crecimiento y, en consecuencia, el desempleo tienen como causa la ineficiencia y las sistemáticas contradicciones gubernamentales. El problema no es como dicen en la administración federal la recesión norteamericana sino su incapacidad para crear condiciones adecuadas favorables a la inversión.
Tan es así que los empresarios nacionales han retirado su incondicional apoyo al régimen foxista. Las severas críticas que está recibiendo la administración, por parte de ese sector estratégico, no se habían visto desde hace más de tres décadas, cuando se cuestionaba la gestión del Presidente Echeverría. Esos inversionistas incluso comienzan a ver con resignación que es mejor tratar de salvar lo que se pueda para pasar el trago amargo de seis años y pensar en qué hacer a partir del 2006, en lugar de intentar, una vez más, sacar del atolladero a quienes pusieron en el gobierno. De ahí que la idea de nuestro ingreso a las ligas mayores de la economía no sea más que una simple ocurrencia producto de las fantasías.[email protected]




