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ESTRICTAMENTE PERSONAL

Pasan la factura

 Raymundo Riva Palacio

En el momento en que deseaba comenzar a tomar una dura posición dentro del gabinete del presidente Vicente Fox, como respuesta a las críticas sobre su tibieza e ineficiencia en el manejo de la política interna, el secretario de Gobernación Santiago Creel recibió un traspiés inesperado. La PGR pidió la orden de aprehensión contra el oficial mayor de Gobernación, Francisco Suárez Warden, por presuntas irregularidades y omisiones derivadas de la compra de 393 vehículos que se adquirieron en el anterior gobierno. La acusación de la PGR era clara: no vio, o no quiso ver, lo que sus antecesores hicieron.

Creel fue colocado contra la pared, en un momento donde el contexto desfavorece totalmente al secretario de Gobernación. Cuando las miradas están sobre de él por la crisis con Cuba y ha tenido puestos los reflectores durante más de una semana, le levantan las defensas y le disparan. Suárez Warden es un hombre de todas sus confianzas y el manejo presuntamente desaseado que tuvo con las finanzas de su antecesor despierta enormes sospechas. La credibilidad del alto funcionario y aspirante a la Presidencia en 2006 parecía derrumbarse, cuando de pronto, la Secretaría de la Función Pública informó que Suárez Warden está libre de pecado y culpa y que lo que pasó en la dependencia no tiene nada que ver con él. ¿Qué sucedió? ¿Por qué durante dos días consecutivos el periódico Reforma le dio su principal titular a ese episodio sin que nadie lo atajara a tiempo? La información parece provenir de la PGR, y en todo caso, Creel ya se quejó del error que lo manchó tan notoriamente.

Es muy peculiar la manera como en las últimas 48 horas los panistas se pelearon entre sí con el trasfondo de la sucesión presidencial. El hoyo en el cual estaban tirando a Creel no lo había cavado él. Se trata de un viejo conflicto entre el secretario de Seguridad Pública, Alejandro Gertz Manero, y el ex director de la Policía Federal Preventiva, Wilfrido Robledo, donde el primero ha tratado a toda costa de enviarlo a la cárcel, y el segundo de desacreditarlo. Gertz Manero ya trató de pillarlo por el lado de la adquisición de aeronaves, pero no cuajó. Buscó entonces encontrar la hebra en el ex oficial mayor de Gobernación, Gerardo Cajiga, quien en la gestión de Diódoro Carrasco adquirió esos vehículos sin licitación. Siempre sospechó que Robledo y Cajiga tenían contubernio, pues anteriormente la PFP dependía de Gobernación y Cajiga era la ventanilla administrativa de Robledo, pero fracasó en su emboscada.

La investigación siguió y la liebre saltó por donde menos se lo esperaba el actual gobierno federal. Precisamente sobre Creel, quien tras el chubasco fue exonerado públicamente, al ser rechazada cualquier responsabilidad de su oficial mayor. Podrían dormir tranquilos, pero su vida no será tan fácil y debe comenzar a entender que se le avecinan todas las patadas que lo puedan descarrillar.

El proceso de investigación en contra de Cajiga y Robledo lo llevó a cabo el anterior secretario de la Función Pública, Francisco Barrio, quien hoy en día es diputado. Barrio, ex gobernador de Chihuahua, es otro de los contendientes más fuertes del PAN para la Presidencia y entre sus actuales influencias dentro del gabinete se encuentra Eduardo Romero, quien lo relevó en el gabinete. Por Romero debió haber pasado la información sobre Suárez Warden, y es quien tuvo que haber informado a la PGR que no procedía, tal y como anunciaron este lunes. Evidentemente no lo hizo, pues la PGR continuó con su proceso y pidió la orden de aprehensión en contra del oficial mayor de Creel. ¿Por qué la Función Pública no informó a la PGR que había sobreseído la acusación contra Suárez Warden? ¿Jugó uno de esos roles sucios para desacreditar a un adversario de Barrio?

La pregunta es la misma que anima a la embestida de la PGR. Ir en contra del oficial mayor de una dependencia es como golpear al corazón de la integridad y capacidad profesional del titular de la misma. ¿Por qué ir hasta el fondo y no resolver esa acusación de manera más discreta y, sobretodo, institucional? Se sabe que el procurador Rafael Macedo de la Concha tiene crecientes aspiraciones políticas. Se está preparando para competir, si existen condiciones, como candidato a la gubernatura de Hidalgo, pero dentro de su equipo se habla hace semanas de que su interés es superior: Los Pinos en 2006. Inclusive, revelan cercanos, ha venido cambiando el contenido y el tono de sus discursos, para hacerlos ver más de política nacional y no de política particular. Ha cambiado su forma de vestir por una más elegante, y está puliendo sus relaciones personales, luego de que hubo una temporada en que sus colegas lo consideraban frívolo y descuidado en la materia.

Macedo, quien ha sido muy cuidadoso para hacer públicos únicamente los avances de la PGR, tendría, como Barrio, razones políticas para hacer ver mal a Creel. Es un contendiente muy difícil, actualmente sólo amenazado por el secretario de Energía Felipe Calderón. Pero en estos días Creel ha estado sometido a una refriega pública por su mal manejo de la crisis cubana, en la cual se ha galvanizado la vieja crítica de que su gestión política es deficiente e ineficiente. En una semana de diferendo con Cuba, se partió todo el diálogo político con los partidos de oposición y la unanimidad en los medios en su contra lo muestra como una figura altamente vulnerable. Tiene, sin embargo, todavía el apoyo sólido del presidente Vicente Fox, que lo mantiene en la punta de la sucesión presidencial, por lo que al PAN se refiere.

En menos de 10 días, el secretario de Gobernación ha recibido lances políticos de Calderón, Macedo e, indirectamente, Barrio. No se ha caído porque, o las condiciones lo ayudaron –la crisis cubana, que compartió con el canciller Luis Ernesto Derbez, ahogó el enfrentamiento con Calderón–, o fue tan vulnerable el siguiente ataque –la acusación contra su oficial mayor– que se evaporó ante las evidencias. Pero Creel, no debe soslayarlo, está acumulando enemigos que también tienen la vista puesta en el 2006. Ha salido de esta, pero tendrá que esforzarse mucho más de lo que ha hecho hasta ahora para que no lo derrumben en el futuro y se cancelen sus aspiraciones presidenciales, recordando permanentemente que todos los adversarios se unen coyunturalmente para dispararle al que va delante de ellos; en este caso, él.

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