Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Disfrutan turistas de la playa Papagayo

Salvador Serna

Música, risas de turistas, cientos de vendedores ambulantes, uno que otro guardavida, algo de marea alta y un montón de sacos de arena protegiendo los restaurantes de playa Papagayo por motivo de las vacaciones del verano 2012.
Familias, familias y más familias toman por asalto ó invitación de los informadores turísticos, los mejores lugares, hasta de primera fila, en la zona de playa de todos los restaurantes de Papagayo, para beneplácito de los prestadores de servicios gastronómicos.
Mientras madres de familia, abuelas y abuelos se resguardan de los candentes rayos del sol bajo sombrillas y toldos, los más pequeños, los auténticos reyes del hogar, niñas y niños se divierten de lo lindo con el romper de las pequeñas olas en la orilla. En tanto los padres, sólo vigilan a distancia, porque conocen de las bondades de la playa Papagayo, una de las mas tranquilas del mundo, después de Caleta y Caletilla.
Y de inmediato llega la invasión de los prestadores de servicios turísticos independientes que no pagan impuestos. Como marabuntas llegan los comerciantes ambulantes para ofrecer todo tipo de productos y servicios, en claro plan de acoso contra miles de turistas nacionales.
Mangos, rajas de cocos y pepinos con chile y limón, papas fritas, cócteles de pescado, camarón y pulpo “express”, quesadillas de dudosa procedencia, camarones secos, paletas, nieves, un verdadero mercado en plena franja de arena, y las autoridades sanitarias municipales y estatales brillando por su ausencia. El festival de gran variedad de amibas está a todo lo que da.
Toda una romería que llama la atención de los turistas y más cuando llega el infaltable trío musical para amenizar en vivo a quien se deje, con el precio de 20 pesos una melodía.
El repertorio musical es amplísimo, desde las piezas compuestas por José Alfredo Jiménez, Javier Solís pasando por las de Vicente Fernández, Juan Gabriel y Marco Antonio Solís, anteriormente conocido como El Buki Mayor.
Al calor de las copas, los turistas nacionales, sobre todo los masculinos, gritan y gritan por otra canción más, a lo que los exponentes les piden el pago por adelantado, porque ya encarrerados los clientes prefieren no pagar.
De repente, una tanda de olas más grandes de lo normal, pone en alerta a los cientos de bañistas, donde algunos alcanzar a llegar a salirse de la orilla y ponerse a salvo. Mientras que los más estoicos, aguantan la presión y eligen sumergirse antes del rompimiento de la ola y evitar ser revolcados por la dura resaca.
El ciclo de seis olas de casi un metro y medio de altura termina, y los bañistas recobran el ánimo de diversión y vuelven a zambullirse en las calidas aguas de la bahía de Santa Lucia.

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