Es mexicano el creador de muchos de los seres fantásticos que aparecen en el cine
Nurvarit Vázquez / Agencia Reforma
Ciudad de México
Al estilo del Dr. Frankenstein, Jorge Siller emplea las cuatro paredes de su laboratorio para dar vida a seres mitológicos, monstruos, demonios, extraterrestres y zombies que tienen como primer objetivo alterar la tranquilidad de quien los vea.
En este laboratorio, el cual denomina Textura Creature Shop, es común encontrarse piernas y brazos cercenados, pedazos de piel ensangrentadas, cabezas sin dueño y un enorme horno en el cual Jorge “cocina” su siguiente obra maestra.
Aunque este sitio parece sacado de una película de ficción, realmente es el lugar creativo en la que un grupo de artistas plásticos lidereados por Siller, dan vida a un sinfín de personajes de ficción que participan en películas, cortometrajes, series o telenovelas.
Egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, a los 21 años ya había logrado entrar a una de las empresas televisoras más importantes en México para aprender todo lo relacionado con los efectos especiales, pero pronto se desilusionó al descubrir que aunque contaban con la más alta tecnología, el trabajo que hacían no lucía tan real.
Años más tarde, tras tomar un curso con Tom Burman -uno de los maquillistas de más renombre en Estados Unidos- su carrera dio un giro vertiginoso, pues las técnicas aprendidas cambiaron por completo su panorama y el de los
efectos especiales en México.
La película Cronos, de Guillermo del Toro, fue la primera en la que Siller trabajó como asistente del área de efectos especiales.
La realización del interior del escarabajo en torno al cual gira todo el filme fue su carta de presentación.
“En esa película se requerían 800 fetos en frascos para un camión que supuestamente iba lleno de fetos y sugerí hacerlos en cera. Yo ya había trabajado en cera, ellos los querían hacer en resina, pero les dije que sería más rápido, fácil y barato, así que les gustó.
“Hay una escena en donde le sacan el corazón a un cadáver y (hacerlo) fue mi entrada a las ligas mayores. A partir de eso ya no me despegué del set, fue una película tras otra”, presume.
Su participación en la cinta Resident Evil se convirtió en una de las más pesadas, pero gratificantes experiencias, pues tuvo que hacer zombies diariamente durante tres meses en una locación ubicada en el desierto, con 50 grados de temperatura en el ambiente, complicando aún más el manejo de los materiales.
“(La película) Dragon Ball también fue un reto porque fue fabricar trajes enormes, todos sellados, de 1.90 metros; eran seis trajes y seis dummies, teníamos que hacernos cargo de ellos en el set y fue algo que me gustó mucho”, recuerda Siller
Mucho o poco, cualquiera que sea el trabajo que Siller realice para alguna producción tiene un alto grado de complejidad, por ello es que su costo puede oscilar de los mil 500 hasta los 100 mil pesos debido al material y a los días que invierte en él.
Como lo fue el caso de los personajes de Dragon Ball, en los cuales tardó cerca de un mes. “Ya que lo tienes, fabricas el traje de lycra que le pones al maniquí, preparas el foam látex, cierras el molde con el maniquí adentro y luego inyectas el material con el que lo rellenas antes de hornearlo durante seis horas a 90 grados, explica.
Muchas de lo que realiza para algunas producciones forman parte de la galería que está dentro de su taller-laboratorio, las cuales renta para algunos comerciales o las presta a los que hacen cortometrajes, pues la mayoría tienen poco presupuesto; el chiste es reutilizarlos las veces que se pueda.a




