Humberto Musacchio
Para los jóvenes del
DF, palos y cárcel
El domingo, como a las cuatro y cuarto de la tarde, en la estación Cuauhtémoc del metro, la policía capitalina realizó uno más de sus nefastos “operativos”. Se esperaba una gran afluencia de jóvenes que se dirigían al Sixty Nine Road, un lugar donde se congregan los muchachos para escuchar la música que les gusta.
Arribó a los andenes un convoy y del último carro salió un individuo que sangraba profusamente y que dijo haber sido agredido y robado por cuatro jóvenes. Los genízaros, de inmediato, procedieron a detener a cuatro adolescentes, los que tuvieron más a la mano, sin estar seguros de que ellos fueran los culpables.
La arbitrariedad policiaca –no buscaban quién la hizo, sino quien la pagara—encendió los ánimos de muchos otros jóvenes que se dirigían al antro y exigieron que soltaran a los detenidos. Los policías, entre temerosos y envalentonados, se empeñaron en mantener arrestados a los cuatro adolescentes y provocaron a los jóvenes, lo que desató la gresca.
Los muchachos “nos lanzaron gas lacrimógeno –declaró la policía Claudia García Estrada–, rompieron una mariposa (valla) y un torniquete y se logró detener a otras cuatro personas”. Sin embargo, la uniformada no explicó cómo es que los jóvenes tenían una granada de gas lacrimógeno, lo que se explicaría porque fueron agredidos por los granaderos, alguno de los cuales la habría perdido en la reyerta.
Pese a que una de las versiones policiacas señala que se pretendió “encapsular” a los jóvenes dentro de la estación del metro –como en el News Divine–, algunos salieron, pidieron ayuda a otros muchachos y los enfrentamientos se generalizaron alrededor del cruce de las avenidas Cuauhtémoc y Chapultepec.
Como resultado del choque, la policía presentó una denuncia por lesiones a dos de los uniformados y daños a un chaleco antibalas (¿Y la bomba lacrimógena?), mientras que del lado de los jóvenes hubo un número indeterminado de golpeados, 226 detenidos, entre ellos no pocos niños, y varias chicas vejadas. Todos ellos fueron incomunicados durante seis horas, lo que es anticonstitucional.
Para José Francisco Villagómez, jefe de la Región Centro de la policía, “fue un operativo efectivo, exitoso y filmado” porque durante diez minutos “se les estuvo pidiendo a los jóvenes que se retiraran, pero un grupo se mantuvo unido, se movieron desde avenida Chapultepec por Havre hacia Reforma, se iban drogando con activo y aventaban cohetes”, según el mismo declarante.
De acuerdo con la declaración del señor Villagómez, se exhortó a los muchachos a dispersarse, pero, como diría Cantinflas, se quedaron hasta que se fueron por Havre y entonces él –Villagómez, no Cantinflas– o sus superiores decidieron darles una paliza, pues los jóvenes carecen del derecho a tener aspiraciones, aunque sean de inhalantes, lo que por cierto, hasta donde sabemos no es delito.
En el “operativo” –obsérvese el lenguaje militar que se usa en los actos contra la población civil– participaron entre granaderos y hombres y mujeres policías la friolera de 650 “elementos” que embistieron parejo contra toda persona joven, lo que demuestra que pese al desastre criminal del News Divine no se han modificado los métodos policiacos.
Mala cosa es que en la ciudad que gobierna Marcelo Ebrard los jóvenes no tengan acceso a la educación superior, que les resulte casi imposible conseguir empleo y que ahora sólo puedan divertirse en la forma, el momento y el lugar que autorice el señor Manuel Mondragón y Kalb. Es una vergüenza.




