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Recrean la vigencia de la tradición oral en un encuentro internacional en el DF

Julieta Riveroll / Agencia Reforma

Ciudad de México

Hace un par de años en un funeral en Camerún, un abuelo de 87 años, que no sabía leer ni escribir, se acercó a la tumba de su hijo para pedirle permiso para revelar delante de la comunidad su testamento, el cual había quedado únicamente registrado en su memoria tras una larga conversación que ambos sostuvieron.
“Este hecho recrea la vigencia y la fuerza de la oralidad en el siglo XXI. En mi pueblo, en mi familia, la palabra tiene su peso, su valor, su importancia, por eso mis padres duraron 50 años unidos por un contrato verbal”, explica Boniface Ofogo, cuentero de profesión.
El camerunés participa por primera vez en el Festival Internacional de Narración Oral, que se realiza del 19 de julio al 2 de agosto en diversos espacios de la ciudad de México, con la intención de trasladar a América el espíritu de respeto que prevalece en África a los “poseedores de la palabra”.
Ofogo compartirá con el público las historias que le contaron sus abuelos y que se inventaron para explicar, por ejemplo, por qué la mano tiene que darle de comer a la boca, por qué el hipopótamo es tan desproporcionado y por qué viviendo en el agua no come peces.
“A veces meto alguna canción típica de mi pueblo y en esta ocasión le he pedido a mi hija de 11 años, Oihane Ofogo, que me acompañe porque ella toca el piano. África no es nada sin el ritmo y yo siempre busco la melodía de las palabras”.
En la 23 edición del festival Cuéntalee destaca la presencia del español Crispín de Olot, quien encarna al primer juglar que usó conscientemente una lengua no latina, tras la caída del Imperio Romano, para contribuir a su propagación, cuando todavía era uno de los máximos exponentes de la cultura de su época.
“Represento ese eslabón entre el nacimiento de la lengua romance y su paso a la escritura”, dice De Olot, quien relatará historias relacionadas con los autores del Siglo de Oro español y fábulas recibidas de Oriente a través de los árabes, como El Libro del Caballero Zifar y Calila e Dimna.
Como buen juglar, el español se vale de varios instrumentos musicales, como una flauta de tres agujeros y la zanfoña, una especie de violín gigante, de origen medieval, que se toca mediante una manivela y solía utilizarse para las narraciones gracias a su sonido profundo y envolvente. En la entrevista, demuestra su capacidad para hacer música lo mismo con un par de cucharas que con una mesa vacía.
Actriz, compositora y narradora, Marcela Sabio, de Santa Fe, Argentina, se suma al festival para ofrecer cuentos de la tradición oral de la cultura guaraní y otros provenientes de la literatura con la música creada por percusiones y cuerdas, primordialmente el charango y cuatro, instrumento parecido a la guitarra típico de Sudamérica. En sus espectáculos, a veces la gente tiene que hacer coros.
Entre los narradores extranjeros que forman parte del festival, organizado por el Foro Internacional de Narración Oral y el Instituto Nacional de Bellas Artes, se encuentra el panameño Rubén Corbett, aunque lleva más de dos décadas de vivir en México. Los relatos que contará forman parte de la tradición oral de su país de origen, que mucho le deben a África, pero también parten de su experiencia como médico traumatólogo, profesión que hasta la fecha ejerce.
“Cuento lo que me sucede en la consulta, lo que la señora con la cadera dañada vino y me dijo. Invito a mis pacientes a verme y me gusta mucho reír con la gente”, añade Corbett, quien también recurrirá a la ironía del español Miguel Mihura con La madre de Lucifer.
“Convocamos a narradores de distintos países que se valen de la palabra, la voz  y el gesto para darle vigencia a un arte milenario, que ya ocupa un lugar digno dentro de las artes escénicas”, comentó el director del 23 Festival de Narración Oral Cuéntalee, Armando Trejo.
Para mayores informes hay que visitar la página www.fino.com.mx

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