Inviables las demandas contra Warner Bros. y cadena de cines: especialistas
Mario Abner Colina / Agencia Reforma
Ciudad de México
Desde que James Holmes acudió a un cine en Aurora, Colorado, y comenzó a disparar a los asistentes a una función de medianoche de Batman: El caballero de la noche asciende, muchos se hacen una pregunta: ¿los filmes provocan esta violencia?
“Al menos desde finales de los 60, cuando los códigos de producción contra el sexo explícito en la violencia y las películas se derrumbó, Hollywood ha recibido numerosas quejas sobre ser la causa o al menos la inspiración de todo tipo de comportamientos licenciosos”, escribió en The Hollywood Reporter el crítico Todd McCarthy.
La publicación especializada en cine informa que una persona que resultó ilesa en el ataque en el que murieron 12 personas y 58 resultaron heridas, demandó tras la muerte de una amiga que lo acompañaba en ese momento, a Warner Bros. Pictures (casa productora de Batman: El caballero de la noche asciende) y al complejo de salas de Colorado.
Su argumento es que la cinta hizo creer a los asistentes a la función que lo que pasaba en la sala era parte de la promoción de la cinta.
Lo cierto es que mientras en Estados Unidos el caso comienza a despertar polémicas, especialistas en la industria cinematográfica han expresado que no ven la posibilidad de que legalmente se les impute algún delito ni a la casa productora ni a la cadena de cines.
Ha trascendido que Warner Bros. Pictures ha colaborado con gastos de 2 millones de dólares para costear tratamientos y atención médica de algunas víctimas, pero eso ha sido por solidaridad moral de parte de la compañía, han declarado allegados a ella.
El historial de actos violentos enmarcados en proyecciones de cine no es nuevo, pero curiosamente predomina en los Estados Unidos, la meca del cine del planeta, advierte la publicación.
En 1979, año en que se estrenó el filme de pandillas Los guerreros, de Walter Hill, fue asesinado un hombre blanco miembro de una banda llamada La Familia, por otra conformada por afroamericanos.
Una muerte por un enfrentamiento similar se registró poco después en Oakland, y un apuñalamiento en un conflicto entre pandillas en Massachusetts.
Sólo la prensa sensacionalista vinculó algunos de estos hechos con la cinta que, por cierto, fue un éxito en su momento por el fiel retrato que ofrecía de la vida pandilleril de Estados Unidos.
El thriller criminal New Jack City, con Wesley Snipes, y el drama sobre un guetto en Los Ángeles en Los dueños de la calle, con Cuba Gooding Jr., ambos largometrajes de 1991, también fueron increpados de promover la violencia en las calles.
De la primera, se reportó un asesinato en la fila de una taquilla en Nueva York, y de la segunda, un joven veinteañero murió por un tiro en la cabeza en Chicago.
Fuera de algunas marchas de grupos antigubernamentales contra la violencia propuesta por ambos filmes, las quejas no prosperaron.
En 1999, durante una exhibición de El club de la pelea, de David Fincher, en Sao Paulo, Brasil, un tirador asesinó a tres personas e hirió a otras tantas, y en una función de X-men 3: la batalla final, en Baltimore, dos jóvenes dispararon cuatro veces sin razón a la persona sentada enfrente de ellos.
La teoría de que sólo la violencia encendía alrededor de filmes de acción o sangrientos se fue por la borda en 2008, cuando en Filadelfia, un hombre disparó a otro, supuestamente por hablar muy fuerte, mientras veían El curioso caso de Benjamin Button, también dirigida por David Fincher.
Al proyectarse Watchmen en 2009, sobre los superhéroes de Alan Moore, en Oregon, un individuo decidió suicidarse disparándose.
En 2010, en California, un sujeto golpeó violentamente en el cuello otro que se había quejado en la sala de La isla siniestra por ruidos de teléfonos.
Hasta el momento, no se ha hecho público algún caso de hechos como éstos en el que se haya responsabilizado legalmente a un estudio cinematográfico.




