Rogelio Ortega Martínez
Octaviano Santiago Dionicio, guerrero de la dignidad
La trayectoria de vida de Octaviano es como la un destacado personaje de las tragedias épicas de la antigua Grecia. Octaviano se me llegó a figurar como el Ulises de Homero que al desafiar a los dioses del Olimpo obtuvo por castigo 20 años de peripecias y tribulaciones deambulando por las cinco mil islas del Egeo. Siempre con la desesperada divisa de llegar a Ítaca, donde lo esperaban todos los días con devoción su amada Penélope, su hijo Telémaco y su reino. Octaviano por divisa tuvo siempre los valores y principios de la justicia y la dignidad, pero sobre todo el sueño de construir en México el socialismo y el comunismo.
Conoció, siendo estudiante de cuarto año de primaria, al profesor Lucio Cabañas Barrientos y ese encuentro orientó para siempre su vida. Acompañó a su maestro en las luchas cívicas que encabezó en Atoyac. Se incorporó a las filas de la Juventud Comunista y fue, junto con Carmelo Cortés Castro, incansable organizador del comunismo juvenil en Guerrero. Desde la militancia comunista tuvo oportunidad de viajar y conocer otras experiencias de lucha y otros liderazgos en México y el extranjero. Visitó Checoslovaquia, en viaje de estudio e intercambio que mucho se realizaba en esas épocas a través del Partido Comunista Mexicano. Se matriculó en la Preparatoria Nº 1 de la UAG en Chilpancingo donde destacó como organizador y agitador estudiantil a favor del socialismo y las causas justas de los estudiantes. Fundó el grupo estudiantil denominado “Club Ricardo Flores Magón”. Luego se incorporó a la guerrilla del Partido de los Pobres y la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, con su maestro, el profesor Lucio Cabañas.
Octaviano estuvo en prisión más de 14 veces. “Soy carne de presidio”, llegó decir en una ocasión. Al respecto es conocido el testimonio, de puño y letra, de uno de sus últimos encarcelamientos, dirigido a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos donde da cuenta de las arbitrariedades de la justicia mexicana y la violación a las más elementales garantías individuales.
Inquebrantable en sus ideas, valores y principios de lucha revolucionaria. Incorruptible siempre. En más de una ocasión le ofrecieron libertad y prebendas a cambio de pasarse a las filas del régimen autoritario. Jamás aceptó. De los próceres mexicanos el de su mayor admiración e identidad personal fue Ricardo Flores Magón, incorruptible y radical en sus principios y, como Octaviano, también carne de presidio, incomprendido y perseguido siempre. La prosa de Ricardo está en el pensamiento y escritos de Octaviano.
Un día me dijo que pensaba retirarse de la lucha revolucionaria para vivir en paz en San Francisco del Tibor, en la sierra de Atoyac, y dedicarse a cultivar café, leer y escribir, cuando viera ya construido un gran partido de la izquierda mexicana. Que con eso se conformaba. La última vez que platiqué con él me dijo que la lucha revolucionaria jamás se abandona. Que los revolucionarios mueren siempre luchando. Así vivió y murió el guerrero de la dignidad Octaviano Santiago Dionicio.




