Revitalizan la dramaturgia de Chéjov con la puesta en escena de Afterplay
Julieta Riveroll / Agencia Reforma
Ciudad de México
La relación de las personas con la pérdida y la necesidad de ocultar las emociones, bajo la convicción de que mostrarlas nos debilita ante los demás, está presente en el universo del dramaturgo ruso Antón Chéjov y en la recreación que de él hace Brian Friel en un par de obras breves que componen el espectáculo Afterplay.
Dirigida por Ignacio Escárcega, la puesta en escena aborda en el primer relato a dos personajes chejovianos: Sonia, de El Tío Vania, y Andrei, de Tres Hermanas, quienes se encuentran en una cafetería en Moscú a principios de los años veinte. Ella es propietaria de una tierra de 120 hectáreas y él aparenta ser un violinista que toca en una gran orquesta.
“Un elemento importante en esta obra es la acotación-pausa, con la que Chéjov modifica el mapa del teatro del siglo XX y nos da a entender que lo más relevante puede ser lo que los personajes no dicen. Es el recurso para indagar en lo oculto, por eso con los actores trabajamos la idea del subtexto, cargamos la palabra de una emotividad que subyace, que es muy fuerte y está recóndita, pero es la que realmente mueve a los protagonistas”, explicó Escárcega.
La segunda historia es una adaptación que hizo Friel de El Oso, texto del autor ruso donde una viuda que no logra superar el duelo se topa con un hombre que le llega a exigir el pago de una deuda. Es un sainete cómico, dijo, en el que las acciones ponen en evidencia el carácter de los personajes.
“Rodolfo Arias y Mónica Dionne interpretan las dos obras y el público podrá ver los distintos recursos actorales con los que logran resolver tonalidades dramáticas divergentes. El espectador se lleva dos atmósferas diferentes, pero las puede integrar en una sola percepción sobre la recreación del universo de Chéjov”, aclaró el ex coordinador Nacional de Teatro del INBA.
En Afterplay. Secuelas chejovianos, que se presenta hasta el 7 de octubre, de jueves a domingo, en el Teatro Santa Catarina (Jardín Santa Catarina 10, Coyoacán), participa la violinista Martha Moreyra. El objetivo de contar con música en vivo, según Escárcega, es que ayude a expresar la emotividad de los personajes en los distintos pasajes de las obras.
Con poco menos de dos horas de duración, incluyendo el intermedio, el espectáculo cuenta con el vestuario, la escenografía y la iluminación de Anabel Altamirano y Teresa Alvarado.
“Su trabajo se caracteriza por buscar la síntesis, por encontrar la abstracción en los recursos escénicos y enfatizar aquellos que favorezcan la labor de los actores, que sean atractivos para el público pero no distractores de lo fundamental”, comentó el también profesor de la Escuela Nacional de Arte Teatral.
Escárcega dijo que llegó por accidente al texto de Friel, dramaturgo irlandés. Mientras buscaba libros de teatro, se topó con Three plays after (2002), una publicación que además de incluir las dos obras que llevó a escena también contiene una versión de La dama del perrito, uno de los cuentos más emblemáticos de Chéjov.
“Me llamaron mucho la atención sus propuestas y sólo tomé dos de las tres historias por la duración del espectáculo y la facilidad de producción. Respeto la dramaturgia de Friel. Nuestra relación con sus escritos ha sido intensa, pero muy cuidadosa”, advirtió el director.
“Todo el espectáculo son variaciones en torno al universo de Chéjov, recreadas con gran agudeza por Friel, quien rescata cómo se relacionan los personajes con la idea de perder algo y con la necesidad de no mostrar lo que realmente sienten”
Ignacio Escárcega, director de teatro.
Ignacio Escárcega nació en la ciudad de México en 1962. es egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde cursó la licenciatura en Literatura Dramática y Teatro y la maestría en Letras.
Ha dirigido las obras Pequeña canción del optimista, en coautoría con Verónica Maldonado (1991); Los encantos de la culpa, de Calderón de la Barca (1994,1995); Desnudos, de Joan Casas (1995,1996), premio UCCT a lo mejor de Teatro Laboratorio; Libros para cocinar, cinco obras de teatro norteamericano actual (1999); Las ocupaciones nocturnas, adaptación de una novela de Denon (2000-2001); Zona templada, de Luisa Josefina Hernández (2003); La boca, de su autoría (2008-2009); Mañanas de abril y mayo, de Emilio Carballido (2010); El camino de Sinsol, en coautoría con Fátima Paola (2010-2011); Nos lleva el tren, de Camila Villegas (2011-2012) y Tutoriales, de Verónica Maldonado (2012).




