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La compañía de danza Barro Rojo nació con un compromiso de cambio social, dice fundadora

Anarsis Pacheco Pólito

Chilpancingo

La danza se siente y se vive, comparte la bailarina Judith Hernández Camero ante sus estudiantes, mientras les muestra las formas de expresar los sentimientos a través de sus cuerpos, de sus gestos y hasta de sus pensamientos.
Hernández Camero es una de las fundadoras de la reconocida compañía de danza Barro Rojo nacida en la Universidad Autónoma de Guerrero en 1982 y que celebró sus 30 años de existencia con una presentación anoche en el Palacio de Bellas Artes.
La artista originaria de Chilpancingo comentó que la carrera y la historia que escribió la compañía de danza nació a partir de la idea de crear la primera casa de cultura en el estado de Guerrero, que contaba con una ideología progresista por medio del arte durante la administración del rector Rosalío Wences Reza, principal exponente del proyecto conocido como Universidad Pueblo.
Recuerda que en ese tiempo la primera casa de cultura contaba con maestros reconocidos para cada una de las disciplinas artísticas, en su mayoría extranjeros, y para el área de danza era  un bailarín ecuatoriano, Arturo Garrido, quien inicio la compañía con Daniela Heredia, Isaac Shultz, Serafín Aponte y la entrevistada.
Judith Hernández Camero recuerda que hace 30 años, después de haber terminado su carrera en Bellas Artes, regresó a Guerrero donde se enteró de la formación de la compañía de danza a la que se integró desde un principio compartiendo la idea de llegar a la gente mediante una manera singular, a través de la danza, una actividad que mostraba las injusticias sociales conmoviendo a toda una generación con un lenguaje que hablaba sobre temas de los que pocos se atrevían.
Reconoce que al paso del tiempo las generaciones de jóvenes han cambiado, que las convicciones sufren transformaciones, así como las ganas de hacer las cosas que implican un proyecto que requiere inyectarle entusiasmo.
Mencionó que en los inicios de Barro Rojo se llegaba a comunidades para compartir la expresión artística de la danza, informando a través de esa disciplina y que conocieran los sucesos. No era “hacer la revolución”, sino concientizar sobre los hechos sociales que se vivían en el estado y en el país.
Comentó que en el estado, no ha existido otra compañía que se le asemeje, que sus integrantes tengan la misma convicción y los deseos de hacer un cambio social, de llegar a las familias, comunidades, escuelas y pensamientos.
Señaló que al paso del tiempo los jóvenes se han vuelto apáticos, pues cuentan con otras experiencias tecnológicas que los absorben e interrumpen el desarrollo de sus capacidades, de su acercamiento a las artes.
“Existen algunos jóvenes que con ganas de hacer algo, pero van quedado menos al paso de los años, pero jóvenes como antes ya casi no quedan”, comentó.
Reiteró que es importante fomentar y compartir las artes, que las conozcan para fortalecerlas y hacerlas parte de la vida, en los parques, en las calles en las escuelas, en cualquier espacio del estado y de la capital para estar presentes de manera diaria, que trasmitan amor, pero sobre todo pasión.
Mencionó que es importante que también los nuevos artistas sepan amar su obra y su trabajo, que los valoren, para no malbaratarlos ante un comprador que no sabe valorar el trabajo y el desempeño del artista.
Dijo que en la actualidad ya no hay apoyos para el desarrollo de los talleres, de la creación de una escuela dedicada a la formación integral del teatro, de la pintura, de la danza, y que las casas de la cultura, juegan a hacer teatro, pero que no concretan su estudio ni acercan a los interesados para aprender de literatura y de vocalizar.
A 30 años de la formación de esta compañía, la bailarina recuerda con alegría los años en que conoció los problemas que azotaban a la sociedad latinoamericana, haciendo remembranza de lo que significaba compartir los ideales con sus compañeros, pero reconoce que no han mejorado las condiciones de la danza en el estado, que no se ha contado con un mayor incentivo para crear otra compañía que tenga los mismos alcances.
A 30 años quedan los recuerdos, el anhelo de mejorar las condiciones de esta disciplina, y en el estado contar con mayor apoyo para que se puede impulsar a los jóvenes interesados y que ayuden al desarrollo.
Como parte de los festejos del 30 aniversario de la fundación de la compañía de danza guerrerense, este martes 21 de agosto se presentó en el Palacio de Bellas Artes mientras en Chilpacingo una de sus fundadoras que recorrió Centroamérica y Sudamérica continúa sembrando en los jóvenes la tradición de la danza.

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