Otorgan el Premio Internacional Menéndez Pelayo al mexicano Ernesto de la Peña
Silvia Isabel Gámez / Agencia Reforma
Ciudad de México
De la realidad delirante del Quijote pasó ayer Ernesto de la Peña a analizar la “muy amarga” realidad real que vive México, invadido por el crimen y la corrupción. “No creo recordar un solo momento de crisis más grave que el actual”, lamentó.
De la Peña entró caminando –se retiró, ya cansado, en silla de ruedas– a la Sala Alfonso Reyes de El Colegio de México. Sonriente, agradeció los aplausos de asistentes y amigos como Eduardo Lizalde, Sergio Vela, Gonzalo Celorio.
De este lado del mundo se puso en pie para recibir su primer reconocimiento “virtual”, el XXVI Premio Internacional Menéndez Pelayo. El galardón fue entregado en su sede, el Palacio de la Magdalena en Santander, al embajador de México, Francisco Ramírez Acuña, en representación del escritor, que no pudo viajar a España por motivos de salud. La ceremonia “cibernética, no por eso menos intensa”, en palabras de Salvador Ordóñez, rector de la UIMP, fue transmitida de manera simultánea.
Su primer agradecimiento fue para el jurado que por unanimidad decidió concederle el galardón el pasado 5 de junio entre 27 candidatos. Un premio que reconoce su humanismo, su conocimiento polígrafo y su condición de ensayista, cuentista y poeta. Pero sus palabras más emotivas fueron para su esposa, María Luisa Tavernier, que es “amor, presencia y motivo”.
Fue ella quien tras el terremoto de 1985, que lo dejó sin casa, lo animó a iniciar su carrera literaria. Las estratagemas de Dios, su primer libro, recibió el Premio Xavier Villaurrutia en 1988. “De no ser por María Luisa no habría podido romper mi inseguridad interna y tal vez cierto temor disfrazado o atenuado por mi autocrítica”.
“Creo que somos muy empáticos”, consideró Tavernier, su esposa por casi tres décadas. “Tenemos puntos de contacto como la literatura, la música, y el compartir siempre una buena copa de vino”.
De la Peña ofreció la conferencia magistral Las realidades en el Quijote, ensayo que continúa su reflexión sobre esta figura literaria, a la que dedicó el libro Don Quijote: La sinrazón sospechosa (2005).
“Su nombre”, señaló el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, “es de los que más se aproximan al recordar la figura egregia de don Marcelino Menéndez Pelayo”. Un dato significativo por cumplirse este año el centenario de la muerte del polígrafo santanderino.
A punto de cumplir 85 años, De la Peña no piensa en el retiro. En breve publicará un largo ensayo sobre el escritor francés Francois Rabelais.




