La mexicana es una sociedad morbosa que rechaza la pornografía pero la consume
Rebeca Pérez / Agencia Reforma
Guadalajara
La pornografía es el género de la sorpresa. En ella se encuentra lo que falta en el repertorio de alcoba y lo que a veces no se está dispuesto a hacer, pero sí a mirar. En ese universo, la mexicana es una sociedad morbosa que no acepta esta representación de la sexualidad, pero sí la consume, afirma el académico Naief Yehya.
“Durante tantos años la pornografía estuvo tan prohibida, tan penada, tan perseguida, éramos una sociedad de lo más puritana, de las más cerradas a las expresiones sexuales, que poco a poco se fue abriendo, a veces a un gran costo y con una pérdida de tiempo absurda”, describe el autor del libro Pornografía. Obsesión y tecnología.
A pesar de tener un pasado prehispánico que conservó la idea de libertad en torno a la sexualidad, con la llegada de los españoles al país, se exacerbó la idea del sexo como algo pecaminoso, y se prolongó hasta un camino casi intransitable, pero la sociedad mexicana siempre ha sido morbosa, ante la muerte y el sexo en prácticas poco comunes.
“En el fondo somos una de las sociedades más macabras, más morbosas que existen, nos encantan las cosas morbosas, por lo tanto nos encanta la sorpresa, tanto en lo grotesco como en lo obsesivo”, apunta el periodista y crítico cultural.
El puritanismo en torno a la pornografía también viene del uso del lenguaje, describe el escritor, quien señala que el término de pornografía, que se añadió al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) en 1899, no ha tenido una sola modificación.
“La RAE en serio es una de las instituciones más retrógradas, es una institución momificada, y me da mucha risa porque ha protegido a la lengua como si fuese su hija virgen; me ha tocado ver cómo se ha transformado el idioma brutalmente, se ha enriquecido, pero en ese término no ha habido un solo cambio, creo que de ahí viene nuestro gran puritanismo”, advierte.
Pornografía. Obsesión y tecnología, editado por Tusquets, es un título en el que Yehya hace una revisión histórica de lo que representa este concepto en diversas sociedades, pero también analiza un contexto sin precedentes en torno a la accesibilidad de la pornografía gracias a Internet.
El libro retoma intereses y temas que el autor ya había publicado en torno a este tema, pero refresca el título con una ampliación de visiones que no había previsto.
“Más que solamente añadir o corregir errores, hay modificaciones de elementos con los que cuestiono algunas certezas que tenía y me acerco a elementos que no me atrevía a tocar, como la noción del fetiche”, expresa el autor.
A lo largo de su estudio, Yehya también hace un análisis de los ambientes tecnológicos recientes, desde el poder de los celulares móviles, hasta el acceso a contenidos de Internet a través de una diversidad de dispositivos.
“En el 2004 no existían herramientas de medición para saber qué se consumía, por qué consume, además de que en ese tiempo era imposible imaginar el giro que iba a dar la pornografía en términos económicos en la Red, de convertirse en un objeto precioso, en un objeto costoso, a convertirse en un objeto gratuito”, acota.




