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CRÓNICA

Aplausos de pie para el líder histórico de la izquierda

Rosendo Betancourt Radilla

Chilpancingo

La pesada carga de los muertos (100 mil dijo Cárdenas) por la guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón recayó sobre la humanidad del titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), Francisco Mayorga Castañeda, y el diputado locale panista Jorge Camacho Peñaloza.
Nerviosos por el incisivo discurso del galardonado líder histórico de la izquierda del país, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, se tallaban la frente, las piernas y apretaban una mano contra la otra, mientras a unos pasos de ellos Cárdenas hablaba de “la perversa gestión social” panista que crea la desigualdad que fortalece a la delincuencia.
Allí junto a Camacho estaba su correligionario y compañero de bancada, Marcos Efrén Parra, pero el ex alcalde de Taxco es una esfinge, Y si resentía las duras palabras de Cárdenas, pues no se notaba.
A la sesión solemne de ayer, en que el Congreso del Estado le entregó a Cárdenas el máximo reconocimiento que ofrece Guerrero, la presea Sentimientos de la Nación, no acudieron ni dirigentes ni legisladores del PRI en un acto de rebeldía porque se dicen “avasallados” por la mayoría del PRD en la flamante 60 Legislatura local.
Pero sí acudió el ex gobernador Rubén Figueroa Alcocer, quien en primera fila escuchó los discursos, siguió toda la ceremonia solemne y se dio el tiempo para conversar con el comandante de la Novena Región Militar, el general Gui-llermo Moreno Serrano.
“A sus órdenes, señor”, le dijo el militar luego de que se estrecharon las manos e intercambiaron un par de palabras. Se observaron, Figueroa bajó la mirada, luego lo hizo el uniformado y se sentaron uno junto al otro.
Minutos después el poderoso gobernador que no terminó su sexenio obligado a renunciar tras la matanza de Aguas Blancas, escuchó como una larga letanía la lista de distinguidos asistentes que leyó el presidente de la mesa directiva Elí Camacho Goicochea, pero allí no estaba su nombre. El único priista –o si se quiere formalmente priista, porque allí estaban los aguirristas– que asistió a la sesión solemne en calidad de ex gobernador, y que no lo mencionan. Como sí anunció el perredista Camacho la presencia del senador –y ex gobernador– asimismo priista, René Juárez Cisneros, que no estaba por allí en ningún lado.
Cada aplauso a Cárdenas le hacía brotar a Francisco Mayorga una gota de sudor en un auditorio repleto en que todos aplaudían al ponente. Y cuando terminó, los aplausos se intensificaron con una audiencia ya de pie.
Pero entonces siguió la oportunidad del funcionario federal y dio un discurso apropiado, que comenzó con un respetuoso reconocimiento a la trayectoria del galardonado. Luego enalteció la democracia, al prócer Morelos, sus ideas, sus acciones y lo que dejó para el país. Y, recalcó, la profundidad y radicalidad de sus propuestas en la época del virreinato que dominaba hace 200 años lo que hoy es México.
Los asistentes rubricaron el discurso del funcionario de un gobierno panista con educados aplausos.
Fue, en general, un público contenido. Los gritos de “¡Cuauh-témoc, Cuauhtémoc!”, que empezaron algunos al centro del auditorio no fueron seguidos por la mayoría. Aunque allí había dirigentes y militantes de los tiempos combativos del PRD guerrerense –Félix Salgado Macedonio, Emperatriz Basilio, Martín Mora y Guadalupe Eguiluz, Rosario Herrera, Beatriz y Teresa Mojica, Carlos de Jesús Alejandro, Beatriz González Hurtado, Amalia Tornez, Adela Román…– se impuso la solemnidad.
Los brillantes trajes, los carísimos relojes y perfumes de muchos de los asistentes contrastaron con la esencia de lo que planteó el héroe de la patria, José María Morelos y Pavón hace 199 años en los Los Sentimientos de la Nación, en los que reclamó moderar la opulencia y la indigencia.
Por ejemplo, el magistrado electoral Isaías Sánchez Nájera se acercó al área en que estaban reporteros y fotógrafos, sacó un caro teléfono inteligente y tomó una fotografía; un reportero bromeó con él. “Nos va a quitar la chamba”, le dijo, y el abogado respondió: “Hay que buscarle, porque ya se me acaba el trabajo”, en alusión a que no fue de los beneficiados para saltar de magistrado a consejero electoral.
Al fondo, el discurso de Cuauhtémoc Cárdenas seguía, y crecía el nerviosismo de los panistas, al punto en que el titular de la Sagarpa tuvo que sacar un pañuelo para secarse su brillante frente.
Luego vino la entrega de la presea de plata, del gobernador Ángel Aguirre Rivero a Cárdenas Solór-zano, los abrazos, las felicitaciones y decenas que buscaban to-marse la fotografía con el galardonado, quien después se fue a una cena en su honor en Casa Guerrero con platillos de la afamada cocina de Susana Palazuelos.

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