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Arturo Solís Heredia

Canal Privado

* ¿Quién es tu presidente?

La fotografía a media plana, en la primera de El Sur antier lunes, confirma dura (yo diría que más bien sintetiza fría, pues confirmado ya estaba) el peor escenario poselectoral de todos los desenlaces posibles previstos para la lucha presidencial.
En la fotografía, una chava muy seria y cuatro chavos no tan serios, lado a lado de un soldado encapuchado, sostienen y muestran un largo cartel o mini pancarta (según lo lleno o vacío que parezca el vaso a cada quien), con apenas cinco palabras que se leen rápido pero que calan hondo y largo: “Peña no es mi presidente”.
Nos lleva la que a menudo nos trae a los mexicanos, a la hora de las verdades definitorias de nuestro reciente pasado. Porque de que nos lleva, y nos lleva a todos, eso que ni qué, nos queda (al menos a mí) clarísimo.
Tan claro como la sentencia paradójica de la foto del lunes: cuatro chavos ejerciendo derechos y libertades democráticas, para expresar y manifestar su rechazo, desprecio y desacato al acuerdo elemental y fundamental de toda sociedad verdaderamente democrática: aceptar, respetar y acatar el mandato de la mayoría electoral.
Una paradoja, o tal vez una ironía, por la imagen del soldado inmutable, firme y erguido, con similar flema y apostura que las del típico Bobbie británico, vigilando la entrada de algún castillo monárquico, soportando imperturbable, como el soldado de los chavos, el acoso juguetón de los turistas.
“Peña no es mi presidente”, declaran los chavos de la foto, y muchos que no salen retratados. Y uno los mira, lee su declaración y luego los mira otra vez, con cara y ganas de preguntarles puras de rigor: ¿Peña no es su presidente? ¿Neta? Tons, ¿quién es presidente de ustedes? ¿López Obrador, Josefina, Quadri? ¿Ninguno? ¿Nadie?
Nos lleva a todos la que nos ha traído antes. Los lleva a los chavos, al soldado y nos lleva a todos los demás, porque entonces, ni pa’tras ni pa’lante, ni azul ni buenas noches, ni con melón ni con sandía.
Para decirlo sin timideces: ni rebelión ni progreso, ni revolución ni evolución. Para decirlo con harta frivolidad: ni fu ni fa.
Porque igual de peor hubiera sido el escenario poselectoral si hubiera sido electo López Obrador… na’más que al revés. Habría fotografías con gente declarando que “Andrés Manuel no es mi presidente”, “ese tipo no me manda”, o algo parecido.
Y créanme que así o asá, ni cambio responsable ni cambio verdadero serían ni serán posibles.
Porque un gobierno sin mandato electoral ni respaldo popular, difícilmente puede cumplir compromisos de campaña ni promesas democráticas.
Porque el chiste principal de la democracia es el acuerdo colectivo, el pacto social por mayoría, la organización del bien común, el trabajo compartido, un plan convenido entre todos.
Entiendo a los chavos, no se equivoquen, respetables lectores de este espacio. Pero también entiendo a los que aceptan la Presidencia de Peña. Lo que no entiendo es a quién sirve y conviene tanto gasto, sudor y empeño democrático, si al final, las elecciones nunca convencen a todos.

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