Anituy Rebolledo Ayerdi
Acapulco III
La República Escolar
La República Escolar fue el título de la clase más objetiva de civismo que pudiera darse en la escuela Felipe Carrillo Puerto de Acapulco. Un ejercicio concebido en 1928 por el inspector federal Ocampo N. Bolaños, quien había sido secretario general en el gobierno michoacano de Pascual Ortiz Rubio. Se trataba básicamente de la instauración de un gobierno estudiantil, dotado de las instituciones clásicas y cuyos titulares serían electos mediante el voto secreto del alumnado.
Presentaron sus candidaturas para presidente de la República Escolar: Jorge Joseph Piedra e Isabel Velarde –ambos de sexto año–, y Jesús Gilberto Bello, de quinto. Triunfó por abrumadora mayoría quien será en 1960 el alcalde más popular en la historia de Acapulco. Ya presidente, el güerito Joseph designa a sus secretarios de estado: Guadalupe León Berdeja, Gobernación; Ramiro Sosa Meléndez, Rela-ciones Exteriores; Vicente Acos-ta, Educación; Fernando Rangel Leyva, Agricultura; Arturo Es-cudero, Obras Públicas; Judith Flores, Salubridad; Policarpo Sosa Meléndez, Marina; José Flores, procurador general y Carmen Vidales, secretaria particular.
Jesús Basterra Martínez fue presidente de la Suprema Corte de Justicia y ministros Pedro Gómez y Teresita Castañón. Fueron gobernadores: Ocampo Jesús Bolaños (tercer año); Juan Díaz (cuarto); María Antonieta Ramírez (quinto) y Lupita Cortés (sexto). Todos ellos chicos entre los diez y los quince años.
La protesta de los mandantes de la República Escolar fue en el cine Hidalgo, del italiano Ángel Mazzini, en la calle del mismo nombre. Estuvo a cargo del alcalde Rosendo Pintos Lacunza quien, bromista, saluda a Jorgito “de presidente a presidente”. No obstante, se confiesa un alcalde pueblerino cohibido ante el mandatario de toda una Repú-blica. Las palabras de don Chendo serán aleccionadores e incluso premonitorias. Especial-mente cuando augura: “Con acapulqueños como ustedes el futuro luminoso de nuestro pueblo está asegurado”. La orquesta del maestro Alberto Escobar abre con la marcha Acapulco, del acapulqueño Walter Escudero, adoptada como himno de la República.
Secretarios en acción
Lo más interesante de este singular experimento fue quizás que los muchachos se lo tomaron en serio. Media hora antes de la entrada en los turnos matutino y vespertino, salones, patio y pupitres brillaban de limpios. Una tarea esta no reservada en calidad de castigo para los burros y mal portados, como pudiera pensarse.
Por el contrario, constituía un codiciado premio para los más aplicados y disciplinados, orgullosos de formar parte de la Orden de Limpieza. Tareas supervisadas por Judith Flores, en su calidad de secretaria de Salubridad. Ella misma se apostaba todas las mañanas en la puerta del plantel para constatar que sus compañeros se presentaran aseados, peinados y con las uñas recortadas.
No se quedó atrás Arturo Escudero –sobrino del mártir Juan Ranulfo–, a cargo de las obras públicas. Logrará en el comercio local donaciones de cal, pintura y brochas para blanquear la escuela y pintar sus puertas. Sobraron los voluntarios para ejecutar el trabajo dedicando los sábados para no entorpecer las labores docentes. Dos niños de primero y segundo años llevaron a su papá, pintor de casas, para dirigir los brochazos.
Por su parte, el secretario de Agricultura , Fernando Rangel Leyva, pidió a sus compañeros la donación de arbolitos y plantas de ornato sembrados por ellos mismos en la explanada del palacio municipal y en el jardín Álvarez. Fue la primera vez en muchos años que este espacio lució el color de las flores. Los promotores del arte y la cultura organizaron festivales artísticos en el cine Hidalgo, de los cuales surgieron verdaderos talentos infantiles y juveniles.
El procurador José Flores cuidaba que no hubiera riñas y cuando las había remitía a los pleitistas con el presidente de la Corte. Chucho Basterra, bromista desde entonces, los dejaba libres a condición de que le contaran un chiste y sólo cuando no sabían ninguno le aplicaba un coscorrón.
La República Escolar desaparecerá al año siguiente, cuando llegue un nuevo director y califique tal actividad como “un jueguito pendejo, alejado totalmente de la realidad”. Para él no debería engañarse así a los muchachos, toda vez que la República de a de veras estaba en manos de ladrones y bandoleros.
La Secundaria 22
La primera secundaria de Acapulco nace el 19 de marzo de 1939. Es la número 22 en todo el país y tal número llevará oficialmente. El director fundador es el maestro hidalguense Eduardo Ramírez Jiménez (abuelo de Ginés Sánchez Ramírez), y hay en la planta docente tres acapulqueños: Julio Vélez Romero, carpintería, Mauricio Güicho González, música, y José Flores, mecánica. Los tres inolvidables.
La tan esperada propuesta educativa no genera, sin embargo, ni entusiasmo desbordante ni colas en pos de matrícula. Su-cederá entonces un hecho insólito: son dos muchachas las primeras que se atreven a inscribirse. (Insólito porque todavía en la cuarta década del siglo XX, el único destino de las mujeres eran la cocina y el lavadero). Ellas fueron Lidia y Evelia Villalobos, hijas del querido maestro César Villalobos.
Con ese ejemplo, otras jo-vencitas se atreverán en los días siguientes: Tere Vela Alvizu, Eloísa Soberanis, Gloria Pano de la Barrera, Elidé Barrera, Evelia y Sara Pedroza, Victoria Muñoz, Celia Ramírez, Alicia Liqui-dano, Evelia García, Gloria Barrientos y Cristina Cadena.
Entre los primeros muchachos están Juan Gilberto León Berdeja (él mismo, como maestro, dirigirá varias escuelas y ocupó alguna vez la Dirección municipal de Educación). Emi-lio Karam, Alberto Batani, Fran-cisco Chico Ayerdi, Miguel Án-gel Lépez, Carlos Buenfil, Francisco Paco Vela, Luis Mar-tínez, Carmelo Alarcón, Pedro Orbe, Daniel Catalán, Graciano Bello, Roberto Galeana, Manuel Meza y Juan Izabal Merckley (matadísimo, siempre en el primer lugar del cuadro de honor). Acertará la lectora suspicaz que perciba que desde entonces se conocieron Tere y Miguel Án-gel, padres más tarde y con todas las de la ley, de Miguel Ángel Lepez Vela, marino, escritor y poeta de muchos kilates
Los alcaldes
También de la primera generación, los doctores Ricardo Mor-let Sutter y Martín Heredia Mer-ckley, quienes ocuparon la presidencia municipal de Acapulco en períodos sucesivos. Otro alcalde egresado de la gloriosa Secundaria 22 fue el también doctor Virgilio Gómez Moharro.
La escuela Secundaria 22 ocupaba una casona de adobe de finales del siglo XIX que fue residencia, consultorio y farmacia (Acapulco) del médico hispano cubano Antonio Butrón Ríos. Dos veces alcalde de Acapulco, construyó el hospital del cerro de Las Iguanas (más tarde civil Morelos) y habilitó la isla de La Roqueta como leprosería, cuando el mal bíblico ataque severamente a la ciudad (en realidad nunca ha sido desterrada). La farmacia Acapulco subsiste en Jesús Carranza con sus característicos tarros de porcelana para los medicamentos. La tal casona, decíamos, no soporta las sacudidas del terremoto del 3 de septiembre de 1953 y se derrumba buena parte de ella. ¡Gracias a Dios que era domingo!, claman las madres de familia.
El Cronista de Acapulco Rosendo Pintos Lacunza, cuyos talleres de impresión, vecinos de la escuela, resultaron dañados con el sismo, recuerda:
“Por fin, un día se presenta ante aquellas ruinas el secretario de Educación Pública, José Ángel Ceniceros, acompañado por el alcalde Donato Miranda Fonseca. No obstante que la visita no fue anunciada, ya lo esperan entre el cascajo varios alumnos de la institución. Portan cartulinas en las que demandan la pronta construcción de una nueva secundaria federal y hasta se atreven a corear “¡exigimos un nuevo edificio para la gloriosa secundaria 22!”.
Molesto, el funcionario trepa sobre una montaña de escombros para sofocar en seco aquella “rebelión” juvenil:
“El gobierno del señor presidente Ruiz Cortines no necesita que le exijan, porque sabe cumplir con sus deberes –grita con voz tipluda. Inmediatamente suaviza el tono y se dirige a los muchachos como si fueran sus alumnos. “ Estoy aquí porque al señor presidente le interesa que ustedes no pierdan su año escolar y por ello me ha dado instrucciones para que, a reserva de que construya su nueva escuela, ustedes no pierdan el año. Por ello he dado instrucciones para que encuentren albergue vespertino en las instalaciones de la primaria Manuel Avila Camacho”. (Aplausos).
Figuraban entre aquellos primeros indignados: Virginia Hur-tado, Mercedes Van Meeter, Olga Navarrete, Martina Roque, Marta Rodríguez Rábago, Violeta Zú-ñiga, Cristina Cristerna, Elvira Oscos, Martha Durán, Elia Rita Vega, Eduardo Salinas Torres, Raúl Reducindo, Luis de la Peña, Cuauhtémoc Rivera, Cuauhtémoc Lobato, Luis Castañeda, Héctor Mújica, Armando Ruiz Massieu, Jaime y Luis Muñoz Pintos, Cuauhtémoc Juárez, Guillermo González, Francisco Ruiz, Tadeo y Ervey Arredondo, Ulises Var-gas, Manuel Linares, Alejandro Arzate, Ezequiel Ramírez, Mag-daleno Monroy y este seguro servidor.
Los maestros
Aunque el mayor número llegó de fuera, sería injusto no considerar acapulqueños a varios maestros de la Secundaria 22. Aquí se arraigaron y forjarán familias que contribuirán al de-sarrollo de Acapulco. Todos ellos maestros inolvidables.
Empecemos por el director Eduardo Vega Jiménez, cuya clase de literatura y la obligada lectura de los clásicos españoles –moza tan fermosa no había en la pradera como la vaquera de la finojoza–, tenía efectos nembutálicos con ronquidos y toda la cosa. Lo acompañaba su esposa Socorrito Pérez quien daba clases de cocina y lo mejor que le salía era un aporreadillo picosísimo con cecina de San Jeró-nimo.
La maestra de biología era Gloria Carro Mancilla , con su enérgica admonición: “¡muchachitos!”. El de matemáticas, Teófilo Moyado, presumiendo su explicación con un “¡claro como el agua!”, frente a las caras de ¿what? de toda la clase. La maestra de inglés, María de los Angeles Serratos (¿“cómo quieren aprender inglés si no saben español?). Alejandro Ayala, el de deportes ¡un, dos tres.., parecen señoritas estrechas!, Miguel Chavelas, subdirector y maestro de historia (¡y no me vengan con historias!). De civismo, Arturo Horta Mi-randa: ¡lacras!. David Malváez de la Barrera, biología, fundador de la primera Escuela Prepara-toria de Acapulco. Y, finalmente, Alfredo Beltrán Cruz (física), quien hoy, como Johnny Walker, camina tan campante por las calles del puerto.
La escuela Secundaria Federal 22 caló tan hondo en la sensibilidad de sus alumnos que muchos de ellos, a distancia de siete décadas, se reúnen periódicamente para hacer recuerdos de aquellos días felices. ¡Ay, que no volverán!
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