Arturo Solís Heredia
Canal Privado
* Tres cachetadas
En México de veras que está cañón levantar el ánimo optimista, sobre cimientos de confianza y columnas de buena fe, construyendo en suelos tan pantanosos y con varillas tan oxidadas.
¿Así cómo, pues?, reprocho y reclamo al aire, con purísimo acento chilpancingueño. Ahí anda uno de baboso inocentón, de rete buena gente, lamentando círculos viciosos y convocando serenidad reconciliatoria, cuando… ¡tómala!, ipso facto me azotan en plena jeta tres cachetadotas de la más cruda realidad.
Primera cachetadota, cuando el auditor general del estado, Arturo Latabán, informa que 17 de 81 ex alcaldías no han entregado sus cuentas públicas, y el gobernador Ángel Aguirre lamenta latrocinios de parte de cabildos por doquier (que no solos se mandan ni se sirven los primeros ediles).
Segunda cachetadota, cuando todos, o casi todos, condenan y señalan con caras de preocupación y tonos de “¡qué barbaridad!”, el broncón en que se metió el pobre alcalde de Teloloapan; pero eso sí, los mismos todos y casi todos, de lejecitos y bien guarecidos, como si sólo él mereciera el apelativo lastimoso de ‘pobre’, y no todos, y como si sólo del alcalde fuera la bronca, y no de todos, de ellos y nosotros.
Y tercera cachetadota, el asesinato del hijo del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira Valdés, José Eduardo Moreira Rodríguez, la ausencia del gobernador Rubén Moreira, tío y hermano de los primeros, y de todo su gabinete, en las exequias funerarias, la furia tuitera de la viuda Lucero Davis en contra del gober (“no sabes gobernar. ¡¡¡¡Esto es tu culpa maldito!!!! Renuncia”), y las primeras sospechas policiacas acerca de los autores intelectuales y materiales del crimen (“hay funcionarios públicos implicados”).
¿Así cómo, pues?, repito achilpancingado, pero con más calladas ganas de proferir palabras mucho peores que esas.
Tons, mal piensa uno (al menos eso mal pensé y mal pienso aún), ¿la corrupción prevalece más de lo mucho que ya parecía prevalecer? Tons, ¿es cierto que tooodos (o casi tooodos) los políticos son transas?
O sea que, seguí y sigo mal pensando, ¿el mexicano sí es ya un Estado fallido? O sea que, ¿los criminales organizados sí son ya más poderosos que los gobiernos (habitualmente mal organizados)?
Neta, me pregunté y me pregunto por último, ¿tan jodidos estamos que ya gobiernan mafias y mafiosos, tan amafiados como para provocar tragedias shakesperianas como la de la familia Moreira?
No manchen, qué pena ajena debo haber dado con mis babosadas inocentonas de optimismo positivo, porque ¿sobre qué cimientos y columnas levanto el ánimo, si con descomunales desconfianza y mala fe se destruye todo?
¡Qué oso, qué papelón!, farfullo rete agüitado, y luego mejor me callo… al menos un rato, hasta que las ganas de bien pensar se me repongan un poco.




