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Arturo Solís Heredia

Canal Privado

* Es de sabios corregir*

No es lo mismo malos asesores que malas intenciones.
Lo digo a propósito de la rifa de enseres en Olinalá organizada por el gobierno estatal, como respuesta a los reclamos y preocupaciones de los vecinos por la inseguridad en ese municipio.
No hay duda de que fue un error responder así a cuestiones tan graves  y relevantes, un error grosero por su falta de respeto a la dignidad y valentía de la gente de Olinalá.
Pero tampoco hay razones ni motivos suficientemente claros y suficientes, como para dudar de las buenas intenciones detrás del error del gobierno de Ángel Aguirre Rivero.
Aún en los peores momentos de su mandato, el gobernador ha demostrado, al menos de manera pública y abierta, buena fe y voluntad en casi todas sus decisiones y acciones. Por eso dudo que haya querido ofender a los vecinos de Olinalá; y por eso no dudo que haya sido mal asesorado.
No sé –¿cómo saberlo?– si le vendieron la idea de la rifa, o si no le dijeron que era una mala idea; lo que sé es que, en cualquier caso, fue mal asesorado.
Como fue mal asesorado cuando decidió asistir a la apertura del ciclo escolar 2012-2013 en una primaria en Tixtla, el 21 de agosto pasado, a pesar de la probabilísima y previsible irrupción y protesta de los normalistas de Ayotzinapa en el acto.
No sé –¿cómo saberlo?– si lo convencieron de que asistiera, o no lo convencieron de que cancelara su asistencia. Lo que sé es que fue mal asesorado.
Por eso digo que no es lo mismo malos asesores que malas intenciones. Aunque sé que en la política, como en la vida, lo único que cuenta al final son las acciones; aunque entiendo que las buenas intenciones de los políticos,  como las de los hombres, no bastan para hacer buenas todas sus acciones.
En Olinalá se esperaba la misma respuesta  que dio el gobierno en Teloloapan, mayor o menor, no importaba, pero la misma; lo que nadie esperaba era que el gobierno en Olinalá respondiera con una rifa de enseres.
¿Por qué entonces, dos respuestas tan distintas a dos preguntas tan parecidas? ¿Por qué de dos buenas intenciones, sólo de una nacieron buenas acciones?
Creo que por malos asesores.
O quizá porque al gobernador (y también a sus asesores), la pregunta de Olinalá lo confundió mucho más que la de Teloloapan. Quizá porque al gobernador (como a sus asesores, y también a muchos ciudadanos de a pie) la segunda respuesta no le pareció tan obvia y sencilla como la primera. Quizá porque en esta, las certezas fueron claras y concisas, y en aquella, las dudas fueron (son) intrincadas y confusas.
Es que en Teloloapan, las armas sólo estaban en manos de los delincuentes, pero en Olinalá, las armas también estaban en manos de  las víctimas.
Ahí fue donde la puerca le torció el rabo a él, a sus asesores… y a todos nosotros.
Porque siendo sinceros, la respuesta de los vecinos de Olinalá nos dejó mudos a más de muchos. Porque siendo justos, tamaña respuesta sacude y acalambra hasta a los más bragados gobernadores, asesores, y ciudadanos.
Me explico.
Por un lado, cualquiera admira la dignidad y valentía de cualquiera que se atreva a levantar la voz en contra de la inseguridad, a tomar las armas para defenderse de la delincuencia, y a desafiar el miedo a la violencia, al dolor, a la muerte.
A la gente de Olinalá le sobró asertividad; a la mayoría de los guerrerenses, nos sobra pasividad. Para ellos, la sobrevivencia tiene que ver con protesta, movilización, rebeldía; para nosotros, sobrevivir significa silencio, enclaustramiento, rendición.
¿Cómo no admirar y respetar a gente de esos tamaños?
Pero por el otro, cualquiera enmudece, se sacude y acalambra a la hora de elogiar, avalar o tan siquiera ponderar la violencia como recurso, la ilegalidad justiciera, la incivilidad cívica.
Poniéndose en los zapatos de los asesores, y particularmente en los del gober, la respuesta correcta no parece tan de enchílame ésta, la mejor respuesta puede parecer a veces la menos mala. Claro, los zapatos son de ellos, no nuestros, así que el error lo cometieron ellos, no nosotros.
Pero quizá, aún sin estar en sus zapatos, nos correspondería aceptar que la pregunta confundiría a cualquiera, y por eso merecerían la oportunidad de aprender de los errores, y recordar que es de sabios corregir.
A cambio, nos podrían demostrar sus buenas intenciones, pensando, con más atención, inteligencia y sensatez, cuáles son las respuestas que la gente de Olinalá, y de Guerrero, quiere recibir de su gobierno.

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* Esta colabración debió publicarse ayer, lo que no ocurrió por una incorrecta comunicación dentro del periódico. Ofrecemos disculpas al autor y a los lectores.

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