Anituy Rebolledo Ayerdi
Acapulco, música y poesía XXII
Acapulco y Gloria
Gloria de Guraieb no sólo compone canciones y las musicaliza, también las canta –“y muy requetebién”, opina su ya numeroso público compuesto sólo por amigos–. Lo hace desde sus tiempos juveniles, allá en su natal Guasave, Sinaloa. Hoy acapulqueña mantiene la misma vocación pero más madura, más romántica.
Gloria es esposa del gran amigo Said Guraieb, el visionario empresario que ha sostenido contra viento, Starbucks y marea la tradición del buen café atoyaquense en Acapulco. Ella posee alrededor de 300 composiciones entre boleros, baladas, tradicionales y sin faltar las rancheras . Hay entre todas ellas una pieza íntima que es la favorita de la pareja y que habla de Acapulco:
Fue en Acapulco
Un día cualquiera
sin pensarlo sucedió
Nuestras vidas se cruzaron
el destino ya marcaba
un encuentro entre tú y yo
Un día cualquiera
el amor se nos cruzó
Y desde entonces vida mía
al unir nuestros caminos
el amor nos cobijó
Y desde entonces vida mía
con tus manos y las mías
nuestra historia comenzó
Y fue en Acapulco
donde te conocí
Y fue en Acapulco
donde enamorada
el corazón te dí
Y fue en Acapulco
donde te conocí
Y fue en Acapulco
donde enamorada
mi corazón te dí
y me entregué a ti.
Acapulco y Efrén Monroy
Efrén Monroy Ochoa es un sastre que puede presumir de una clientela selecta por figurar en ella el alcalde Luis Walton Aburto (y no tanto por lo que hace a este escribidor). Monroy es también compositor como sastre fue Walter Torres, el director del grupo Acapulco Tropical. También promueve conjuntos musicales, los representa y hasta los graba en su pequeña empresa disquera. Y no es que Efrén las componga en el aire, si en cambio entre pedaleo y pedaleo de su vieja Singer. Una probadita:
Acapulquito
A todas las muchachas del mundo
con gusto les voy a invitar
con gran cariño profundo
que vengan conmigo al mar
Mi puerto es hermoso y de orgullo
sus playas bonitas y el mar
sus aguas limpias y serenas
te invitan venir a nadar
A mi Acapulco les voy a llevar
a un paseo en lancha de cristal
a mi Acapulco las voy a llevar
a La Quebrada conmigo a bailar
Yo tengo un barquito de vela
y sé que les va a regustar
esquiar y pasear en mi barco
en Acapulco se van a quedar
A Acapulco las voy a llevar
a un paseo en lancha de cristal
A Acapulquito las voy a llevar
a La Quebrada conmigo a bailar
(Grabada por el Acapulco Tropical)
Acapulco y Walter Torres
Y hablando del rey de Roma… Walter Torres habla de su Acapulco Tropical adjudicándole una música “sencilla y muy bailable”. Una música –añade–, que ya quedó como clásica en el corazón de la gente y desde hace cuatro décadas forma parte de la cultura musical de México. (¡Óooorale!). A los críticos que abominan su música, por “chafa e inaudible”, el ex sastre responde que su conjunto es precursor del género tropical en México. Y aun más : el único que ha logrado la hazaña de reunir en una sola tocada a más de 60 mil personas, ¡pinchemente!. Todo habría empezado con Qué bien que toca, Cangrejito playero y por supuesto,
Acapulco Tropical
Mi negra ven a bailar
al ritmo de este conjunto
mi negra ven a bailar
al ritmo de este conjunto
Acapulco tropical
que ahora nos toca con gusto
Acapulco tropical
que ahora nos toca con gusto
Qué bien que toca el Acapulco tropical
(se repite 3 veces)
Cuando suena el acordeón
se me enchina hasta la piel
cuando suena el acordeón
se me alegra el corazón
cuando oigo el bajo también
se me alegra el corazón
cuando oigo el bajo también
Qué bien que toca, el Acapulco tropical
(se repite tres veces)
Mi negra sigue bailando
al ritmo de este compás
mi negra sigue bailando
al ritmo de este compás
y el Acapulco tocando
con alegría sin igual
y el Acapulco tocando
con alegría sin igual
Qué bien que toca, el Acapulco tropical
(se repite hasta la afonía)
Acapulco y Tacho Torres
Epitacio Torres Organes, paisano de San Jerónimo El Grande, acaba de morir en esta ciudad faltándole escasos ocho años para llegarle al siglo. Don Tacho, como se le conoció toda la vida, fue el mejor saxofonista de Acapulco durante la segunda mitad del siglo XX. Un sitial no usurpado sino otorgado por el tecpaneco Macario Luviano Ruiz, también ejecutante del sax y uno de los músicos más dotados de México. Su apego a la tierruca (“al relleno, los nacatamales y el manjar”, lo embroman sus amigos) impidió a Maco dar el salto grande a escenarios nacionales y estadunidenses. Allá, grandes jazzistas lo pretendieron siempre para enriquecer sus conjuntos.
Tacho se inicia en la música siendo alumno del famoso Instituto Wallace de Chilpancingo, donde se aficiona violín llegando a tocarlo pero sólo hasta que emboca un primer saxofón. Su hermano Juan, quien le enseña a tocarlo, lo desengaña al llegar a la lección 37 del célebre método de don Hilarión Eslava. Y lo sentencia:
–Esto no es lo tuyo, hermano, mejor aprende a cortar pantalones pues con la música te vas a morir de hambre.
Y Tachito le hace caso en cuanto al aprendizaje de la sastrería pero sin abandonar el saxofón, cuyo estudio prosigue a escondidas. Muy pronto se animará a tocarlo en público para ganarse unas cuantas monedas. Lo hace en velorios y sepelios tocando valses y piezas que hablan de los adioses. Luego se incorporará a conjuntos locales.
Acapulco será su meta y aquí llega Tacho Torres para integrarse a la imprescindible orquesta Minerva, de don Alberto Escobar (tío de Arturo), que ameniza con Teodoro Teddy Vargas los bailes de La Quebrada. Para su debut, Tacho mismo se confecciona un pantalón pero algo falla que hace que las piernas se le vean arqueadas. Se gana desde entonces al apodo de El charro.
Ya enganchado en el ambiente local, el sanjeronimeño participa con Nacho Nogueda, Carlos Ramos, Mardonio Ramírez y otros en la constitución de una primera sección del sindicato nacional de trabajadores de la música. Nogueda será líder por largo tiempo.
Tocar, tocar, tocar
Timbre de orgullo será para Torres pertenecer a la gran banda de música del sindicato, dirigida por Macario Luviano, a quien llamaba su hermano. Imitándolo, nuestro hombre rechazó siempre salir de Acapulco en busca de oportunidades. Por ello recorrerá aquí todos los sitios de la noche donde se tocara música viva, desde los elegantes como el Bum Bum , El Sombrero, El Sarape, El Zorro y Centro Internacional Acapulco hasta los de la “zonaja”: Foco Rojo, el Río Rita, el Río Rosa, Barba Azul, La Huerta y 13 Negro (nostálgicos: abstenerse de hacer pucheros).
Tocando en la agrupación juvenil llamada Conjunto Acapulco, con el repertorio de las big bands, Tacho conoce a la señorita María de Jesús Trujillo y con ella contrae matrimonio. Procrean tres hijos varones, uno de ellos fallecido, doctores de la UNAM los otros dos. Al más joven, médico gíneco-obstreta, le dará por la composición y la cantada y no lo hará del todo mal sino muy bien. Francisco Javier Torres Trujillo –Paco Torres, su nombre artístico–, tiene grabado un cidí con canciones suyas acompañado por el grupo Soda Stéreo.
El mismo es autor de una canción que él llama parodia sobre la Acapulqueña del maestro Agustín Ramírez. La ofrece: con toda mi admiración y respeto ( y piedad de los lectores) :
Te dejo mi recuerdo amoroso
a ti mujer esbelta y sensual
que alma eres de mi Acapulco hermoso
y de mi inspiración un manantial
Me arrullaré en el canto de las olas
que en el acantilado llegan a chocar
ardiente y soñadora recordarás solas
cuando a La Quebrada íbamos a soñar
De tu piel de atardecer que sabe a coco
de tus labios carnosos que me saben a sal
en tus hermosas trenzas de azabache evoco
las palmeras que danzan en el vendaval
No son pañuelos blancos, son alegres gaviotas
nunca mi triste adiós para ti será
soy un enamorado albatros con sus alas rotas
que en tu regazo tibio para siempre anidará
En el sutil encaje que dibuja la marea
costa de mi Acapulco que alegra mi ilusión
tu aroma de mar me excita y me marea
y un ardiente canto te adorna el corazón
Naciste acapulqueña … tú mi amor primero
morena de boca de pitaya y pelo de azabache
corazón de dos costas Acapulco altanero
que hueles a jazmín, dulce como horchata y fuerte como tepache
Como tu enamorado escribo esta elegía
de las olas yo tomo las más alegres notas
no te digo adiós pues tú eres mi alegría
por amarte me anclé y mis alas están rotas
no son pañuelos blancos de una despedida
son de mi amor eterno, las alegres gaviotas
Como la brisa besaré tus sienes
como kalima surgiré en tus noches
y te amaré viendo los rayos de la luna
en sus rizadas trenzas de azabache




