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Humberto Musacchio

Los necesarios colmillos de Gobernación

Para Ernesto Ruffo Appel, el proyecto de convertir a la Secretaría de Gobernación en encargada de la seguridad representa un riesgo. “Trae malos recuerdos” dice el ex gobernador de Baja California, porque se puede reactivar el espionaje contra la ciudadanía y permitirá a la autoridad federal “el conocimiento de vidas y haciendas de personajes nacionales”.
En el mismo sentido que el gobernador panista de Baja California se han manifestado algunos líderes de la oposición de izquierda, quienes temen que Gobernación, con mando sobre la policía Federal Preventiva y dotada de órganos de inteligencia, se convierta en una entidad represora y volvamos a los viejos tiempos. Pues sí, pero…
Una Secretaría de Gobernación poderosa, con capacidad negociadora y con los indispensables instrumentos de persuasión, puede poner coto al endeudamiento desmedido de estados y municipios y desmantelar las satrapías establecidas por gobernadores despóticos e ineptos. La gobernabilidad se produce cuando las fuerzas de oposición consideran útil la concertación y encuentran viables y convenientes los acuerdos con quien tiene la autoridad constitucional, pero sobre todo, cuando en el propio bando del Ejecutivo hay orden, disciplina y un grado aceptable de lealtad y todos marchan en una misma dirección.
No hay gobernabilidad posible si se desconoce el ámbito que se pretende gobernar. Esta verdad de Perogrullo la ignoraron Vicente Fox y Felipe Calderón lo mismo que el panista Ernesto Zedillo, quien llegó a la Presidencia de la República por el PRI. El resultado es un completo desbarajuste, como lo evidencia, por citar sólo un caso, la abierta pugna entre la Secretaría de Seguridad Pública y la Procuraduría General de la República.
Los nefastos saldos de la llamada guerra contra el crimen organizado, la proliferación de mafias y submafias en todo el país, la falta de control sobre la Policía Federal Preventiva, la inaceptable permanencia del Ejército y la armada fuera de sus cuarteles y la creciente y alarmante corrupción de esas corporaciones son consecuencia de haberse lanzado al combate sin recordar que la violencia es, debe ser, la continuación, no la sustitución de la política; o, para decirlo de otra manera, sin entender que la ausencia de política es la peor de las políticas.
La Secretaría de Gobernación tiene como primerísima obligación la salvaguarda del orden interior. Para cumplir esa función debe disponer de mecanismos legales, paralegales y hasta ilegales. Esto no lo pueden decir las autoridades, pero la ley no tiene respuestas para todos los casos que requieren la intervención gubernamental, de ahí que frecuentemente se tenga que caminar sobre un terreno no previsto en los códigos.
Todos los Estados espían y reprimen. Está en su naturaleza y pedir que no lo hagan es ingenuidad. El Estado mexicano no puede dejar a Washington las tareas que corresponden a nuestras autoridades, las que deben asumirlas a plenitud. Por supuesto, la seguridad nacional es demasiado importante para ponerla en manos de una sola persona. El encargado del orden interior debe contar con los recursos necesarios para garantizar a los ciudadanos el respeto a la vida y a los bienes, pero el Congreso de la Unión debe contar con recursos para supervisar, acotar y aprobar o desautorizar lo que el Ejecutivo haga en la materia.
Dotar a la Secretaría de Gobernación de órganos de inteligencia y fuerzas policiacas es un arma de dos filos. Sí, pero la vida política está hecha de dilemas. Lo demás es el caos, como lo estamos viendo.

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