Humberto Musacchio
Violencia: ¿Provocación para qué?
Se juntaron la lumbre y el combustible. El pasado sábado, mientras en San Lázaro y en Palacio transcurrían las ceremonias formales de la toma de posesión, en las calles se manifestaba la protesta pacífica y por demás legítima contra el ungido y, paralelamente, grupos de encapuchados hacían un gran despliegue de violencia contra personas y negociaciones.
De inmediato, como si se tratara de un coro pagado, en diversos espacios radiales y al día siguiente en el periodismo impreso, aparecía la acusación ominosa contra Andrés Manuel López Obrador y su “discurso de odio”, palabras que fueron sospechosamente repetidas por voces interesadas, cuando no compradas.
La explicación que baja del Olimpo es que los violentos se aceleraron y que por eso los policías, especialmente los muchachos de Genaro García Luna, repartieron candela, tiraron pedradas y dispararon balas de goma y gases lacrimógenos, lo que tuvo por resultado 200 lesionados, dejar tuerto a un muchacho y tener a un hombre sesentón en coma.
El señor Jesús Rodríguez Almeida, procurador del Distrito Federal, declaró (La Jornada, 3/XII/2012) que “hubo premeditación y un plan específico para realizar actos de violencia”. Por su parte, el subsecretario de Gobierno capitalino afirmó que días antes “hubo llamamientos de organizaciones anarquistas a cometer disturbios” y Manuel Mondragón y Kalb, ahora encargado del despacho en la Secretaría de Seguridad Pública federal, dijo que se trató de una “situación totalmente dirigida” a atacar las instituciones, sin que, por lo visto, alguna autoridad considerara necesario actuar antes de que ocurrieran los hechos.
El lunes se publicó en más de un diario que unos detenidos, “integrantes de un grupo anarquista”, dijeron a “policías de investigación” de la Procuraduría capitalina que recibieron 300 pesos por cabeza para destruir lo que hallaran a su paso (nota de Yáscara López en Reforma), declaración que no sostuvieron ante el Ministerio Público, sin que fuera objeto de investigación.
Por cierto, las autoridades dieron a conocer una larga lista de organizaciones dizque anarquistas en su mayoría completamente desconocidas. Una tenía en el nombre la palabra “nacionalista” que, como se sabe, es por completo ajena al lenguaje de la izquierda de cualquier matiz. Si hiciera falta, horas antes de la toma de posesión de Peña Nieto circuló un e-mail de un presunto grupo guerrillero “magonista” del que tampoco se sabía nada.
Por supuesto, cuando estas cosas ocurren, la policía no busca a quien la hizo, sino quien la pague, y lo más fácil es detener –incluso lejos del lugar de los hechos– a ciudadanos pacíficos, como es demostrable en el caso de la detención de mujeres. En el mismo caso está el fotógrafo rumano que fue incomunicado y privado de derechos, por lo que Luis González Plascencia, el Ombudsman capitalino, concluyó que se realizaron detenciones arbitrarias.
Para concluir, cabe esbozar algunas hipótesis: la golpiza indiscriminada es un mensaje revanchista contra los muchachos del #YoSoy132; la agresión contra Excélsior puede ser un anticipo de la política de medios; el pintarrajeo de monumentos de la Alameda es un estatequieto a Marcelo Ebrard, a quien los policías capitalinos se le salieron del huacal; es la bienvenida a Miguel Ángel Mancera para que entienda que en cualquier momento lo pueden poner en apuros; o es un saludo a las divididas fuerzas de izquierda y un aviso a los capitalinos de que pueden ser víctimas de un atencazo. Hay para escoger.




