Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Carlos Pérez Aguirre

Entre la prédica y la práctica

Habrá que preguntarse porqué el PRD está apoyando casi por unanimidad –e independientemente de lo contradictorio que resulta a su práctica política e histórica y a sus planteamientos ideológicos–, la permanencia de un grupo gobernante identificado con la represión que recientemente cobró víctimas mortales.
La respuesta tendrá que buscarse en dos posibles opciones, la primera por un pragmatismo convenenciero de la dirigencia del partido del sol azteca y la segunda en una necesidad política de sobrevivencia en una de las entidades más perredistas del país.
La primera opción, la del pragmatismo convenenciero, es muy clara en la actitud de diversas voces de ese partido que avalan incondicionalmente la actitud del gobernante guerrerense e incluso llaman a desaparecer las escuelas rurales que son un ícono de la política de la educación pública que impulsara el cardenismo, por cierto con una similitud extraña con la posición de Elba Esther Gordillo en el sentido de trasformar esas escuelas de fomento a la educación agropecuaria, por escuelas de turismo, lo que resulta poco menos que absurdo.
Pero en sintonía casi perfecta, estos dirigentes de la “izquierda” en vez de proponer la trasformación y fortalecimiento de la educación pública orientada a sustentar el desarrollo de las comunidades y pueblos rurales, que en Guerrero por cierto aún son numerosos, atienden la consigna gubernamental de instrumentar su desaparición. Aquí cabe mencionar una vez más la causas que dieron origen a la protesta estudiantil, pues a estas alturas del semestre aún no se reinician la clases en Ayotzinapa –una de esas demandas de la movilización reprimida – por que la Secretaría de Educación Guerrero no quiere o no tiene la autoridad suficiente para lograr que los maestros de esa normal reinicien las clases.
Con base en estos antecedentes no se vería la razón de la defensa incondicional que el aparato de Estado, con algunos líderes perredistas encabezándola, hace de los autores intelectuales de los asesinatos y que se vuelcan con todo su peso y poder contra los estudiantes para convertirlos de víctimas en victimarios. La razón de esa actitud de una parte de los dirigentes del PRD no es otra que la vergonzante necesidad de lograr para ellos prebendas, puestos administrativos o posiciones políticas, con la anuencia y apoyo del aparato de gobierno.
Pero en la segunda vertiente, en relación de la sobrevivencia del voto en el estado más perredista del país –tal vez con buenas intenciones o algo de desinformación–, una parte de la dirigencia del perredismo también apoya la permanencia del grupo del nepotismo que gobierna Guerrero porque piensa que si lo cuestiona en estos momentos, la caída de ese grupo y su desprestigio, así como la división que provocaría esa temida pérdida de votantes sería irremediable.
El problema que seguramente no han visualizado es que resulta peor cargar con un grupo que no está identificado por ningún lado con la ideología de izquierda, sino sólo con la ideología de sus ambiciones.
Ello evidentemente le provocará en el corto plazo, además del desprestigio, la pérdida de confianza de una gran parte de la militancia de ese partido y de muchos que tienen la esperanza del cambio de modelos y paradigmas que podría representar la izquierda. Pero para fortuna aún existe un importante sector que rechaza los disfraces (algunos dirigentes de izquierda no aprendieron con la traición del zeferinismo y ahora de nuevo cierran los ojos ante lo evidente, el nepotismo y la represión que no es política de izquierda, que yo sepa).
Pero habrá que visualizar otro escenario y es que el priismo se puede, con base en esos hierros fortalecer, ya sea solidificando viejos acuerdos en lo “obscurito” con el gobernante o evidenciando las contradicciones entre la ideología y la práctica, entre lo que se predica y lo que se apoya.

[email protected]

468 ad