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Carlos Villarino

Reforma universitaria y
coyuntura electoral

A Efraín Bermúdez,
in memorian.

Con el registro del maestro Javier Saldaña Almazán, culmina un proceso inédito en la UAG que llevó a la integración de la casi totalidad de grupos políticos y diversas corrientes de opinión en un gran frente de frentes en torno a un candidato único, situación que reviste una gran importancia independiente de la perspectiva que se le vea.
Para muchos grupos políticos y sus dirigentes significa una oportunidad de sobrevivencia y acceder al poder o al presupuesto, sin tener que arriesgar mucho ni desgastarse en recursos y discursos que cada vez más carecen de credibilidad; para otros significa la posibilidad de no tener que deslindarse ante el poder o los amigos con los que han trabajado en tiempos de relativa estabilidad o permanente confrontación.
Para algunos, esta coyuntura se convierte en una oportunidad para evitar estériles confrontaciones, despilfarro de recursos en propaganda, en imagen mediática, fiestas y francachelas, en compra y coacción del voto… que ya sabemos cómo se las gastan los candidatos en campaña.
Pero importante desde mi punto de vista es la posibilidad de abrir un verdadero debate en toda la comunidad universitaria en torno a los problemas reales que atraviesa la universidad, que van desde los de carácter estructural como la plantilla laboral, el déficit financiero, la gestión, la administración y la falta de institucionalidad, la ausencia de normas operativas y regulatorias de la vida académica, entre otras, hasta las formas y modos de vivir la cultura universitaria en un clima laboral y académico sano y altamente productivo.
Así, el espacio de campaña electoral debe de aprovecharse para organizar foros de debates y consulta con los diversos sectores y niveles universitarios, organizar seminarios o simposios con expertos externos e internos acerca de la problemática internacional, nacional y regional de la educación superior, de las tendencias en la economía, la población, el medio ambiente, en la ciencia y la tecnología, en la política y en general en la sociedad, que impactarán en la formación profesional que se requiere para enfrentar los nuevos retos de una sociedad en vertiginoso cambio.
La unidad en torno al MC Javier Saldaña en la campaña electoral y posteriormente en la conformación de la administración, se fortalecerá y se consolidará sólo si se logran desterrar los viejos vicios del oportunismo y el chambismo que suelen campear en estos procesos, en donde el lisonjeo y las virtudes nunca antes vistas en el candidato aparecen mágicamente y donde muchos rectores acaban creyéndose sabios e infalibles.
Considero que la unidad debe diseñarse en torno a la hegemonía de un proyecto académico construido por todos los universitarios mediante la consulta a las bases académicas, estudiantiles y trabajadoras, articulado con la participación de especialistas y expertos que le den viabilidad al Modelo Educativo y Académico aprobado desde el III Congreso General Universitario y reformulado en el IV Congreso.
El proyecto académico debe ser el eje articulador de la vida universitaria del cual emanen las políticas, los objetivos, las estrategias las metas y acciones de la nueva administración. Si los grupos políticos y los liderazgos académicos logran consensuar acuerdos para innovar la vida universitaria, estaremos en el umbral de un nuevo paradigma para resolver viejos problemas que nos han aquejado.
Ante este panorama podemos vislumbrar tres escenarios:
Inercial, en el cual todo siga igual, en el que la plantilla siga creciendo sin respaldo financiero y por ende el déficit siga creciendo hasta límites insostenibles, los permanentes conflictos intersindicales y sindicato-administración, una federación estudiantil sumida en la mediocridad, una vida académica de simulación y de sobrevivencia, una institución situada en los últimos lugares de desempeño institucional en el concierto nacional.
Catastrófico, en el que las instancias financiadoras cierren la llave de los subsidios ordinarios y extraordinarios ante la falta de productividad, de transparencia y de pertinencia y nos lleve a una crisis similar o peor que la de 1984-85, cuando perdimos una gran parte de nuestro proyecto universitario.
Deseable, en el que la comunidad universitaria participe en una recuperación de sus instancias de gestión y administración desde una visión académica, que desemboque en la necesidad de renovación del concepto de calidad, en donde la evaluación y la planeación den las pautas del cambio institucional y no la ocurrencia o los caprichos del rector en turno.
De los universitarios depende el arribo a cualquiera de estos escenarios, todos son posibles y seremos responsables por comisión u omisión.
Finalizo citando una frase del futurólogo Joel Barker: “Una visión de futuro sin acción, es simplemente un sueño, una acción sin visión de futuro carece de sentido, una visión de futuro puesta en práctica, puede cambiar el mundo.”

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