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Jesús Mendoza Zaragoza

¿Puede un municipio orientarse a la construcción de la paz?

Jesús Mendoza Zaragoza

Siguiendo su propia dinámica, el gobierno municipal de Acapulco realizó un foro en el marco de la consulta ciudadana que está realizando para elaborar el Plan Municipal de Desarrollo 2012-2015. Esta iniciativa, siempre y cuando no sea un mero maquillaje, es un buen mensaje en este municipio agobiado por mil males que no podrán tener una salida que valga mientras no haya una amplia participación ciudadana.
En la presentación del foro le dieron la palabra a Jean Mendieta, integrante de Acapulco por la Paz, una red de organizaciones e instituciones que tiene como punto de referencia la construcción de la paz, quien hizo un planteamiento en el sentido de que estamos en el momento oportuno para que la nueva administración municipal elabore su Plan de Desarrollo atendiendo a la crisis de inseguridad y de violencia que estamos padeciendo desde hace varios años. La construcción de la paz debería ser un tema transversal para todas las áreas del gobierno, el que tiene que encabezar los esfuerzos de toda la sociedad para superar la situación de violencia que sigue cultivando el miedo y la dispersión.
Este planteamiento me ha parecido fundamental si queremos que la inseguridad sea superada, pues la paz es un asunto de todos y se tiene que construir desde todos los ámbitos del gobierno y de todos los sectores de la sociedad. Ya en el trabajo del foro se organizó una mesa para reunir propuestas concretas sobre el tema de construcción de la paz en orden a ser integradas en el Plan Municipal de Desarrollo. Entre ellas, pueden señalarse algunas como la exigencia de la certificación de las policías municipales, la implementación de un programa de educación para la paz en el sistema educativo, la atención integral a víctimas de la violencia según las obligaciones que le confiera la inminente Ley General de Víctimas a los municipios, la vinculación del municipio con instituciones y organizaciones ciudadanas para fortalecer el tejido social, la creación de una procuraduría municipal de derechos humanos, entre otras.
La pregunta obligada a partir de este planteamiento es ¿qué implica para el gobierno municipal orientarse institucionalmente hacia la construcción de la paz? Desde luego que este es un asunto complejo que tiene diversas aristas, pero algo se puede ir adelantando. En primer lugar, tiene que haber un reconocimiento de que hay inercias y vicios en el gobierno municipal que son generadores de violencia. Se necesita detectar puntualmente, dentro del entramado institucional del gobierno municipal, cada omisión y cada actuación que signifiquen violentar el orden jurídico y violentar a los derechos humanos.
Si el gobierno municipal quiere apostarle a la paz y no solo manejar un discurso ambiguo relacionado con la misma, tiene que dar pasos decisivos de reconciliación con la sociedad. Es ampliamente reconocido el desprestigio de las élites políticas en general y la escasa confianza y credibilidad de quienes están en los ámbitos del poder. Esta situación es, ciertamente, producto de un ejercicio del poder antisocial de nuestro sistema político. Afortunadamente hay experiencias de gobierno que han buscado una vinculación con la sociedad y con sus sectores más desprotegidos. En el caso de Acapulco, en el municipio no ha prevalecido, en las últimas décadas, una orientación social decidida. Cada gobierno se desgasta en pagar favores, en repartir cuotas de poder y en administrar para algunas élites, dejando caer sobras debajo de la mesa para la población.
Reconciliarse con la sociedad significa que el gobierno municipal abra bien los oídos para escuchar y se acerque al sufrimiento de la gente de manera com-pasiva, es decir, que palpe el sufrimiento de los desamparados, sobre todo. Reconciliarse quiere decir que el gobierno municipal deje de ser una agencia de empleos y se convierta en un espacio de servicio y de atención a las necesidades de la población. Reconciliarse quiere decir que la agenda de los gobernantes coincida con la agenda de los ciudadanos y se elaboren respuestas estratégicas a los problemas de la comunidad. Reconciliarse quiere decir sacudirse la corrupción que hace tan despreciables a los gobernantes, quienes suelen tener el poder, mas no la autoridad que requieren ante la gente. En este sentido, un Plan Municipal de Desarrollo puede convertirse en una herramienta de reconciliación del gobierno con los ciudadanos y con la sociedad como tal.
Si el gobierno municipal quiere convertirse en un factor de cohesión social y de construcción de paz, tendría que empezar por un proceso de reeducación de su burocracia y, sobre todo, de los funcionarios públicos. No hablo de reeducación en el sentido peyorativo, sino en el mejor sentido de la palabra. Hay que cambiar la mentalidad que les haga capaces de renunciar a ser una élite de privilegios para convertirse en verdaderos servidores públicos. La cultura política tiene que dar un vuelco para poner en el centro de la atención del gobierno a los ciudadanos, para que éstos se sientan protegidos y respaldados por sus autoridades. La razón de ser del gobierno es la sociedad y no al revés. Porque las cosas no han funcionado así, por eso mismo, los gobiernos se han convertido en generadores de violencia y tienen mucha responsabilidad en el atraso ancestral de nuestros pueblos, hemos tenido que padecer administraciones oscuras y no nos sentimos orgullosos de ellas.
Desde la administración pública se requiere una visión amplia e incluyente de lo que implica la construcción de la paz, por una parte. Por otra, se requiere una estrategia global en la que se visualice la contribución del municipio vinculado a los gobiernos estatal y federal y, desde luego a la sociedad civil. Es evidente que esto debe surgir de un diagnóstico riguroso y científico de la realidad desde la perspectiva de la inseguridad y la violencia.
Es muy deseable que el ejercicio de participación que se ha hecho en la consulta ciudadana para elaborar el Plan Municipal de Desarrollo, se convierta en una herramienta permanente que permita al gobierno estar vinculado a la sociedad para hacer frente a los graves desafíos que enfrentamos, sobre todo el que se refiere a la construcción de la paz. Ni el gobierno solo ni la sociedad sola estarán en condiciones de remontar la crisis social en la que la violencia nos ha atrapado. Tenemos que recuperar la confianza entre ambos. Veremos que sigue.

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